PARA LO QUE VERDADERAMENTE SIRVE EL COLEGIO DE ABOGADOS

Tras mucho meditarlo, he decidido escribir estas reflexiones como método catártico y para eliminar toda la rabia que se ha acumulado en mi cuerpo los últimos años.

Ninguna alegría mayor que la experimentad por quien ha terminado sus estudios de derecho y desea iniciarse ejercer la profesión letrada. Todos vemos como en libros, jornadas y similares se nos anima a ejercer la actividad de Abogado ofreciendo al efecto imágenes idílicas de la labor que el letrado ejerce en esta sociedad. Hasta ahí, todo perfecto. Pero tras la ilusión, tras el ímpetu que forzosamente anima la juventud, viene el desengaño cuando aquélla choca con la negra realidad.
1) El ilusionado estudiante que pretende dedicarse a la profesión ve con un profundo dolor que de manera forzosa ha de darse de alta en un colegio profesional. Aquí comienza el penoso camino del dolor que, con el tiempo, le llevará a la frustración. Cuatro o cinco años de estudio para tener que englobarse forzosamente en una institución que, a priori, vaya a saber qué ventajas le ofrece. Mientras que si hubiese optado por la Formación Profesional y finalizase ésta como profesional de la fontanería o electricidad,…..
2) El primer paso que nos conduce al Gólgota: el sufrido aspirante a letrado tiene que desembolsar la nada despreciable suma de 1.500 euros únicamente como cuota de inscripción al Colegio de Abogados, ese venerable resto del gremialismo medieval que por razones ignotas ha logrado resistir todos los ataques y ha persistido hasta el dìa de hoy. Y esa suma es únicamente la cuota de inscripción.
2) El segundo estadio de la pasión: cada tres meses nuestra cuenta corriente se verá literalmente esquilmada desde el primer día por el importe de la cuota trimestral que estos diabñólicos entes están autorizados a percibir.
3) Un nuevo paso en este camino del dolor: el colegiado tiene un problema, se ve realmente superado y solicita la ayuda de su colegio. ¿Que recibe a cambio? Nada más que buenas palabras, y a veces ni eso. en concreto, el colegio profesional gijonés nos ofrece dos ejemplares de su revista al año y una pléyade de buenos deseos. Casi nada.

Teóricamente, y si hacemos caso a los elaborados artículos que los administrativistas han elaborado, los colegios profesionales son un ejemplo típico de lo que denominan “autoadministración”, y su existencia se ve justificada no sólo porque las actividades en que la colegiación es obligatoria satisfacen intereses públicos y que, por tanto, van más allá del interés de los colegiados, sino porque suponen un control interno de la propia actividad que regulan. A todo ello se añadiría el que la institución velaría por los intereses de los integrantes, que, a su vez, y en compensación por tal salvaguardia, deberían abonar obligatoriamente sus cuotas. Quien suscribe se permite discrepar de tales argumentos ofreciendo a su vez varios motivos de reflexión:
1) Si, efectivamente, los colegios profesionales satisfacen intereses públicos que van más allá de los intereses particulares que defienden ¿A qué esperan las distintas Administraciones para crear colegios profesionales de fontaneros o electricistas? Que yo sepa, el suministro de agua y electricidad es hoy en día no ya un servicio esencial, sino indispensable, y a todos nos consta la existencia de mucho chapucero que trabaja al mejor estilo de Pepe Gotera y Otilio. Sin embargo, esta actividad, con todo lo importante que deviene en la práctica, está ausente de todo control.
2) Decir que el colegio profesional vela por los intereses de los colegiados es una auténtica burla, y como tal debe ser tomada. Cualquier miembro del Colegio de Abogados de Gijón podrá comprobar que éste no mueve un dedo y ni tan siquiera levanta la voz cuando el interés de cualquiera de los colegiados sufre un ataque. Fuera de alguna que otra aparición esporádica del decano en las páginas de los diarios regionales (más destinada, por cierto, a satisfacer vanidades personales o legítimos deseos de promoción) la ayuda que recibimos los profesionales es cero.
3) En las propias publicaciones que los letrados recibimos el propio Consejo General de la Abogacía se nos dice que ésta “vela por los intereses y derechos del ciudadano”. ¿Pero no son los letrados quienes pagan sus cuotas a dicho ente? ¿Qué dinero perciben del ciudadano? He ahí la paradoja: que un abogado que ve como tras agotar su tiempo y su esfuerzo en defender a un cliente y éste se niega a satisfacer sus honorarios, puede ver cómo el propio colegio profesional que debería estar a su lado se pone en su contra concediéndole al “moroso” la justicia gratuita. ¡¡De vergüenza!! Para acabar así preferiría que se suprimiese el Colegio y los profesionales de la abogacía viniesemos obligados a inscribirnos en un registro especial dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Igualdad, y que, al menos, fuese ésa quien ejerciese el control y la potestad disciplinaria. Los profesionales nos ahorrasíamos las cuotas (que ya es mucho) pues con nuestros impuestos ya contribuimos a sostener la Administración.

Para finalizar, un hecho curioso. Cuando el Tribunal Constitucional tuvo que pronunciarse sobre la constitucionalidad o no de la adscripción obligatoria a los colegios profesionales, sostuvo que esa afiliación obligatoria no era contraria a la Carta Magna porque la misma no impedía al colegiado afiliarse al sindicato de su elección. Para quien no esté familiarizado con nuestra historia, les digo que esa misma frase (“sindicalismo libre en corporación obligatoria”) la pronunció en la segunda mitad de los años veinte don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, entonces presidente del directorio civil, para justificar su legislación social, en virtud de la cual todos los trabajadores se integrasen obligatoriamente en la Comisión Paritaria. ¡Qué paradoja! El Tribunal Constitucional utilizando como fundamento teórico a un Primo de Rivera.

Con ello está todo dicho.

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9 comentarios el “PARA LO QUE VERDADERAMENTE SIRVE EL COLEGIO DE ABOGADOS

  1. Totalmente de acuerdo con tu comentario. Simplemente, planteo las siguientes interrogantes dignas de reflexión.

    Quién audita y fiscaliza las cuentas de la Corporación? ¿Es una fiscalización externa o interna?Interviene un fedatario público o sólo la Junta de Gobierno? Estamos ante una autarquía??

    Agradecería de antemano tu respuesta.

    Saludos

  2. Me temo, amigo mío, que, hasta donde yo sé, no existe control alguno más que el de la Asamblea colegial. Y no, no estamos ante una autarquía, sino ante una oligarquía. En el primer supuesto, mal que bien, estaríamos ante un ente autogestionario que permitiría una vida independiente, pero no es el caso. Estamos ante un residuo putrefacto de los gremios medievales. Y digo putrefacto porque el gremialismo medieval tenía sus aspectos positivos que el el colegio de abogados, como degeneración de la institución medieval a la que me refiero, carece.
    Mas lo cierto es que en el caso de nuestro colegio la cosa es aún peor. Abonamos una serie de cuotas a cambio de una serie de servicios. Mas lo cierto es que, como solía decir José María García “pagamos impuestos americanos y tenemos servicios africanos”. Y si nos paramos a recapitular los servicios que nos ofrece nuestra venerable corporación lo único que nos puede dar es risa. Lo único que ocupa y preocupa a la élite que ocupa los altos puestos de la Junta es perpetuarse en el poder y a los demás…..¡que nos den!
    En fín, no sé si esto habrá satisfecho tu petición de respuestas. De todas formas, me gustaría, si es posible, que expusieses tus experiencias con el Colegio.
    Un saludo.

  3. Me has satisfecho con nota las interrogantes planteadas.

    Resulta “gracioso” que un colegiado no ejerciente abone una cuota anual de 130 euros y a cambio no reciba ni una contraprestación, ni siquiera recibe en su domicilio ni una mísera circular de las actividades orgánicas, formativas e incluso las gastronómicas y lúdicas (numerosas ellas para distracción de sus “fieles siervos”).

    Desconozco el motivo de esta falta de comunicación en formato papel. Por medios extraoficiales, me han dicho que las circulares e instrucciones se envían al correo electrónico de cada colegiado. Acaso la carestía y austerídad del Colegio llega a tanto que hay que ahorrar en papel, tinta de impresora, fotocopia, trabajo humano, etc.? Y lo que no tienen ordenador ni conexión a internet, por que cauce reciben la información?

    En fin, lo que me queda es el pataleo y seguir pagando religiosamente los 130 euros anuales, que junto las 250.000 de las antañas pesetas, constituyen una auténtica inversión a fondo pérdido, sin contraprestación, sin control de su destino y sin que para más inri la cantidad abonada sea un depósito o fianza susceptible de devolucíón, para el que decida dedicarse a otros menesteres.

    El Encarnado

  4. Amigo mío, no puedo estar más de acuerdo contigo. Personalmente pienso que ese dinero que tu y yo pagamos a esa “junta de rabadanes” es como si lo tirásemos a la basura (en mi caso, y como soy ejerciente, imaginate, la cantidad que pago triplica la tuya).
    Respecto a las comunicaciones, estoy totalmente de acuerdo que la comunicación por medios informáticos no debería excluir el formato papel. Pero (y he aquí otra cosa curiosa) ¿Cómo justificar el sueldo del informático? Porque, no sé si sabrás, tenemos un informático al que le pagamos un sueldo cojonudo y que cuando vas a verle porque tienes un problema con la cuenta de correo que te “facilita” el colegio….nunca está o te contesta literalmente que a ver cuando puede atenderte.
    Te hablaba en mi anterior post de la casta oligárquica que cual gorgojo del cacto roe las entrañas de la institución. Si llevas colegiado el mismo tiempo que yo observarás que en todos estos años las caras no han cambiado: el actual decano era antes director de la práctica jurídica y siempre (repito, siempre) está en todos los fregados. De vez en cuando asoma su bonita cara por las páginas de los distintos periódicos de la región para darse a conocer, pero su actuación en defensa del colegio es mínima, por no decir nula.
    Traca final. Para que veas, amigo mío, cómo juegan con nuestro dinero estos entes que, citando a San Agustín, se asemejan a una cueva de ladrones. Los funcionarios de justicia (no los jueces y secretarios, sino los antigüamente conocidos como oficiales, auxiliares y agentes, esos funcionarios cuya labor puede realizarla hasta el bobo del pueblo) llevan en huelga dos meses; no han descontado un duro de su nómina; están causando perjuicios económicos a los letrados y, sobre todo, a los procuradores, quienes únicamente viven del trabajo judicial. ¿Sabes lo que ha hecho el colegio de procuradores? Pues dar dinero a los huelguistas para engrosar la “caja de resistencia de estos”, que sería lo mismo que si un bombero echara gasolina al fuego en vez de agua. Cornudos y apaleados.
    Pero, claro, saben que estamos atrapados en una telaraña de la que es muy difícil, cuando no imposible, escapar. Hay muchos intereses creados y, aunque existen muchos profesionales que abominan de los colegios profesionales, la casta oligárquica que vive precisamente de las prebendas que les ofrecen los cargos (prebendas no necesariamente dinerarias) está luchando para que la cuestión siga así.
    Esta situación lo único que da es auténtico asco.

  5. mi pregunta es: para qué sirve estar colegiado como no ejerciente? En definitiva, los recien licenciados intentan entrar de pasantes, trabajando gratis en la mayoria de los casos y de qué sirve el status de no ejerciente? A mi entender es una forma totalmente disimulada para recaudar fondos, porque si no, al menos se limitarían a dar una mínima ayuda a los pobres infelices que buscan una pasantía donde les timen y les hagan currar para nada…si no, que sentido tiene? digo yo que al menos un poco de ayuda, un no sé, algo que justifique estar colegiado, si no se que?

  6. Verdaderamente, tienen razón en todo. Aquí en nuestro Colegio, más de una vez me he preguntado, cual es el fin último del mismo. En realidad, no lo sé. Hablan y hablan, pero cuando precisamos ser defendidos, arreglate solo hermano!!! Además NO TIENEN PODER ALGUNO, es decir, no le pueden meter presión a nadie, esencialmente al poder judicial, con el cual trabajamos a diario, en nuestro función. No le meten presión al ejecutivo, en fin de tiene poder de decisión ante nadie. Eso sí, a pagar la cuota. En fin, no quiero hacerme extensivo, pero se comprende el espíritu de lo que deseo expresar. Saludos desde la Ciudad de San Justo, Partido La Matanza, ARGENTINA.

  7. Muy buenos días, me encantaría que des la cara, es decir que pongas tu nombre, si bien antes tienes que llenarte de valentía y estar dispuesto a quedarte en un principio particularmente solo. Yo estoy de acuerdo contigo. Yo administro mi empresa desde hace dos años, y en carne propia estoy viviendo todo eso que dices. Resulta que el otro día investigué en la página web de la administración del estado, al tener mi certificado digital, yo entré sin ningún problema, pero resulta que para que yo entre a nombre de otra persona, puedo hacerlo, pero antes debo estar de alta como gestora, en un colegio de gestores, resulta lo que dices. Para darse de alta en un colegio se tiene que pagar cuota inicial, luego cuota mensuales, trimestrales o la que se negocie y hasta ahora estoy pensado como hacer para hacer llegar mi sugerencia a la Administración del Estado y lo haré ¡eh!. Mis clientes no saben de ordenadores, menos tienen paciencia, además nuestro ordenador debe estar programado con ciertos requisitos propios del internet y programación, puedes estar un día y no hace nada. Lo otro es que pagar cuotas en los colegios aumentan el cobro a los clientes. No sólo se tiene que pagar cuotas de Seguridad Social, como dices tú, sino que, se tiene que cumplir con la Agencia Tributaria, luego si te das de alta en más epígrafes y por ejemplo yo tendría que darme de alta en más colegios, luego están otros gastos que se tiene que cumplir como empresa. Yo la verdad voy a obviar todo esto. Trabajaré sin darme de alta en ninguna colegiatura, si me tiene que demandar, adelante, como sé que me alíneo a la Verdad y a la Justicia, nada tengo que temer. Los colegios no creo que estén muy alineados la verdad, porque sino, no nos ajustaríamos la garganta cobrándonos tanto.
    Y pronto me graduaré de abogado, tampoco me daré de alta en el Colegio de Abogados y ahí se iniciará otra etapa, no es rebeldía, simplemente cuando se trabaja ajustado a la verdad y la justicia no hay nada que temer. Ellas brillan solas. Nilda TORRES FIGUEROA.

    • Hija, como hagas tu trabajo igual de mal que escribes y te expresas, pobres tus clientes. ¿Te has molestado siquiera en releer lo escrito? ¡No hay quien se entere de nada!

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