CÁMERA CAFÉ – EL NUEVO EMPLEO

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[Escena 1. En el rellano de la escalera frente a la máquina se encuentran ANTUNEZ y BERNARDO. Salen del ascensor PALACIOS y JESÚS QUESADA]
JESÚS.- Buenos días, don Gregorio.
ANTÚNEZ.- Vaya, hombre. ¿Se da usted cuenta de la hora que es? Son las doce del mediodía!!! Y le recuerdo que su horario de entrada es a las siete de la mañana. Vamos, se lo recuerdo por si lo ha olvidado.
JESÚS.- Verá, don Gregorio, la verdad es que venimos a pedirle algo.
ANTÚNEZ.- Ya veo, ya veo. Otro aumento. Agradézcale que no le mande a la puta calle.
JESÚS.- Venimos a pedirle el finiquito. Dejamos la empresa. Tenemos otro empleo.
ANTÚNEZ.- ¿Ustedes otro empleo? ¿Pero quien es el gilipollas que ha tenido huevos para contratar a esta panda de vagos?
JESÚS.- El Ministerio de Justicia. Somos nuevos y flamantes funcionarios del Cuerpo de Gestión Procesal y Administrativa, y venimos a informarle que dejamos el trabajo para incorporarnos mañana.
ANTÚNEZ.- Vamos, no me fastidie. Están de coña ¿No?
PALACIOS.- Verá, nos presentamos Bernardo, Jesús, Mari Carmen y yo. Parece que según el test de aptitud que nos han hecho Mari Carmen es la más adecuada para desempeñar las nuevas funciones, y Jesús el que más se adecúa al horario exigido. Sólo han declarado no apto para el puesto a Bernardo.
ÁNTÚNEZ.- Pero hombre de Dios, ¿Que ha hecho usted ahora? ¿No me diga que ha llevado a su madre al exámen de ingreso?
BERNARDO.- No, hombre. ¿Cómo se le puede ocurrir eso?. Pero es que me hicieron preguntas trampa. ¡Para despistar!
JESÚS.- ¿A quien se le ocurre decir que el horario de entrada es a las ocho de la mañana y que sólo hay veinte minutos para el café? Será tonto este.
ANTÚNEZ.- Bernardo, es usted gilipollas, con perdón.
PALACIOS.- En fín, que no le dieron el placet porque dicen que podría crear un mal ejemplo y un mal ambiente de trabajo. Pero nosotros, maañana nos incorporamos. Así que veníamos a informarle de que abandonamos nuestro trabajo. Le echaremos de menos, don Gregorio.
ANTÚNEZ.- Y yo, y yo a ustedes, hijos. En fín ¿Mañana dicen no?
JESÚS.- Sí.
ANTÚNEZ.- Bueno, pues como no han respetado los quince días de preaviso, les informo que no tienen derecho a indemnización. Pásense por recursos humanos y les abonarán el finiquito. ¡Por fín! Creí que no vería este día. A ver si tienen tanta paciencia con ustedes como la he tenido yo. ¡Gentuza!

[Escena 2. Quince días después. ANTÚNEZ se encuentra tomando el café y salen del ascensor PALACIOS y JESÚS]

ANTÚNEZ.- ¡Vaya por Dios! ¿Qué hacen ustedes aquí? Les recuerdo que no trabajan ya en esta empresa y son las diez y media de la mañana. Deberían estar trabajando.
PALACIOS.- ¿Qué dice usted, don Gregorio? Nuestros compañeros nos han montado un pollo de no te menees. Resulta que dicen que trabajamos demasiado, que damos un mal ejemplo y que somos unos vendidos a la patronal.
ANTÚNEZ.- ¿Ustedes? ¿Trabajar demasiado, ustedes? Vamos, anda, están de coña.
JESÚS.- Fíjese que hemos tenido que ausentarnos a tomar otro cafelito para hacer tiempo. Y hemos pensado que, si no le molesta a usted, podríamos venir a tomarlo con usted y recordar viejos tiempos en la empresa. Total, de aquí al juzgado sólo hay veinte minutos andando.
ANTÚNEZ.- Y lo dicen así, tan tranquilos. ¡Menuda mierda de trabajo!
PALACIOS.- Cuidado, don Gregorio. Somos funcionarios públicos y ostentamos los privilegios inherentes al cargo. Además, tenemos un régimen disciplinario de lo más riguroso y exigente.
ANTÚNEZ.- La virgen!!!! ¿Riguroso y duro?
JESÚS.- Si, ya ve.
ANTÚNEZ.- ¿Y cuántas horas trabajan? ¿Cuáles son sus funciones? Vamos, no se ofendan, pero..
PALACIOS.- Treinta y cinco horas semanales. Pero claro, si descontamos cafés, comidas, ratos libres, consultas a internet, llamadas a familiares, total, hora y media de nada. Eso sí, no sabe lo duro que es estar sentado y seguir la tramitación de un asunto. Y eso de pasar a ordenador los escritos procesales es algo que no está al alcance de cualquiera. Imagínese si se equivoca en una letra y en vez de Juzgador pone Jugador, o en vez de Consejo ponr Conejo. Se puede caer el pelo.
ANTÚNEZ.- Comprendo, si cometen ese gravísimo error les sancionan, ¿No?
JESÚS.- ¿A nosotros? Dije que “se puede caer el pelo, pero no el nuestro. El responsable es el Juez, que para eso es el que firma los escritos. A nosotros no nos puede tocar nadie, oiga.
ANTÚNEZ.- Si es que no se puede ser tan comprensivo. A ustedes hay que tratarlos como lo que son…¡Como borregos! Fuera de aquí. ¡A la puta calle a hacer el vago, gentuza!

[Escena 3. Un mes después. ANTÚNEZ se encuentra el rellano de la oficina ocupado por mesas llenas de chucherías, cafés, licores varios y puros habanos, así como una multitud de gente comprando tales artículos a PALACIOS y JESÚS, que están vendiendo toda la mercancia?

ANTÚNEZ.- ¿Pero qué estan haciendo, pandilla de sinverguenzas?
PALACIOS.- Como nuevo delegado sindical del personal gestor de tramitación de expedientes judiciales urgentes le informo. Estamos oficialmente de huelga reclamando que se iguale nuestro salario al del personal de comunidades autónomas que tienen transferida la materia. A igual trabajo, igual sueldo.
ANTÚNEZ.- ¿A igual trabajo? ¿Será usted caradura? Querrá decir usted a más holganza.
JESÚS.- ¡Qué mas dá! Pues si usted lo prefiere, a igual holganza, igual sueldo.
PALACIOS.- Y como tememos que la huelga vaya para largo, hemos pensado ocupar este pequeño espacio y organizar un picoteo solidario para paliar los efectos que la huelga tendrá en nuestras nóminas.
ANTÚNEZ.- Claro, claro, ya veo, lo comprendo. Tienen ustedes familia y deben mantenerla.
JESÚS.- No, no. Si no nos han descontado un duro. Ya se lo ha dicho Julián, el efecto que “tendrá” en nuestras nóminas. Si no nos van a descontar nada. Al menos por ahora, hombre. Algún centimillo de más.
ANTÚNEZ.- Se acabó. O se van ustedes a montar este circo a la puta calle o ….
PALACIOS.- ¿O qué? La dichosa patronal siempre explotando al indefenso obrero. ¿Nos va a arrojar a la calle? Pues no nos marchamos. ¡No nos moverán! Por un trabajo digno y un sueldo digno. ¡A igual trabajo, igual salario!
JESÚS.- Así se habla, julián.
ANTÚNEZ.- Ustedes lo han querido [Desaparece brevemente; regresa acompañado de ARTURO CAÑAS]. Ahí los tiene. Mire.
ARTURO CAÑAS.- Hombre, canijo, ya tenía yo ganas. Conque delegado sindical ¿Eh? ¿Conque funcionario de justicia ¿eh?
PALACIOS.- Hombre, Arturo, verás, no es para tanto. En realidad….
ARTURO CAÑAS.- ¿No me irás a decir que lo que me ha dicho don Gregorio es verdad no, canijo? [Con la mano derecha se desabrocha lentamente la manga de la izquierda]
PALACIOS.- No hombre, no. En realidad es que es el cumpleaños de Jesús y, como hemos trabajado tantos años en esta empresa, pues……..

[Escena final. Rellano del ascensor. ANTÚNEZ, PALACIOS y JESÚS charlan animadamente. PALACIOS lleva un brazo en cabestrillo y un ojo morado]

ANTÚNEZ.- Ásí que quieren volver. ¿Pero no están tan bien allí?
PALACIOS.- Verá, don Gregorio. Hay mucho riesgo. La gente nos llama vagos, indecentes, privilegiados, y otras cosas irreproducibles. Nos dicen que estamos muy bien pagados para lo que hacemos. El pueblo no valora el esfuerzo que en la justicia realizamos los funcionarios para colocarla a la altura de los tiempos.
ANTÚNEZ.- Ya veo, ya veo.
JESÚS.- Sin ir más lejos, el otro día un señor viene a preguntarnos por un asunto que llevaba dos años en el Juzgado sin resolución alguna. Le dijimos que no podíamos ayudarle, que era nuestra hora de café. Se puso el animal como una fiera. ¿Lo entiende usted?
ANTÚNEZ.- Qué va, qué va. Ya lo sabe usted, gentuza que no tiene educación ni nada.
PALACIOS.- Y encima tuvo la vergüenza de decirnos que su desahucio llevaba dos años por culpa de dilaciones judiciales, que el inquilino no le pagaba y que necesitaba el dinero o el piso. ¿Y a nosotros qué nos cuenta? ¿Le contamos nosotros a él nuestros problemas de trabajo y lo duro que se nos hace llevar este trabajo que acaba con nuestra salud? En fín, que si no tiene inconveniente, preferimos volver a nuestras ocupaciones habituales. Én el Ministerio nos sobreexplotan y querríamos un trabajo menos estresante.
ANTÚNEZ.- En fín. No sé si me arrepentiré, pero tienen de nuevo sus despachos a su disposición. ¡Dios, qué ganas tengo de jubilarme!

FIN

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de Monsieur de Villefort Publicado en Humor

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