NACE UN MITO: EL COYOTE.

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Estos días he dedicido regresar a mis primeras lecturas y retomar de nuevo las novelas que tienen por protagonista a don César de Echagüe, alias el Coyote. Novelas que marcaron mi adolescencia cuando, apenas con diez años cumplidos allá en los comienzos de los ochenta, la editorial fórum decidió reeditar las ciento noventa y dos novelas escritas por José Mallorquí en los ya entonces lejanos años cuarenta. Y aunque hace poco menos de cinco años la editorial Planeta volvió a lanzar al mercado las hazañas del héroe californiano por antonomasia, para mí no tenían el mismo significado que aquéllas con las que crecí, aquéllas cuya portada ilustraba Salvador Fabá.

Las casi doscientas novelas que componen la serie, escritas en la década de los cuarenta y finalizadas en 1952, sirvieron a muchos españoles para evadirse de una dura realidad y trasladarse a la California de mediados del siglo XIX, cuando la invasión y posterior anexión norteamericana situaron unas tropas de ocupación en un territorio que, hasta entonces, había sido sucesivamente territorio español y mexicano. Entonces, cuando el fuerte imponía su ley, cuando los abusos del poder se cernían sobre la indefensa población nativa sin que el brazo de la justicia moviera un dedo, una figura vestida con traje y sombrero mexicano, en cuya cintura ostentaba una canana de la cual pendían dos colts de seis tiros; una figura cuyo rostro estaba cubierto con un negro antifaz, derrochando valor, ingenio y, sobre todo, un profundo sentido de la justicia, hacía prevalecer ésta sobre los abusos. Su rapidez sin par en el uso de las armas, su conocimiento de las tierras y parajes californianos y, sobre todo, su profundo conocimiento de la naturaleza humana, unido al inmenso apoyo y veneración que el pueblo californiano le profesaba, hicieron de él una figura legendaria. Y, tras el antifaz, una persona anodina, atildada de superficial pero, sobre todo, inmensamente rica y perteneciente a una de las familias con más lustre no sólo de California, sino de España: don César de Echague, de los Echagüe en cuyo escudo rezaba la divisa: “De valor siempre hizo alarde la casa de los Echagüe”. En un sótano secreto de su vivienda, el inmenso Rancho de San Antonio, se operaba la metamorfosis y don César se transformaba en El Coyote, cuyas andanzas forman parte del acervo popular y es hoy uno de los héroes más populares junto con El Zorro.

Esta saga ha dejado en mi memoria personajes inolvidables. No sólo don César y El Coyote, sino otros muchos como Leonor de Avecedo, la mujer cuyos padres la prometieron en matrimonio con César (al cual despreciaba) y con quien finalmente contrae feliz matrimonio tras descubrir que la persona a quien tanto detestaba era en realidad el héroe enmascarado a quien tanto admiraba; a César de Echagüe y Acevedo, hijo de los anteriores cuyo nacimiento provocó la muerte de Leonor y un distanciamiento temporal del padre, pero que recuperó poco a poco el aprecio y respeto de éste, cuya identidad secreta descubrió a los diez años y a quien, ya en las últimas novelas de la saga, en plena senectud de don César, ayudó asumiendo a su vez otra identidad secreta; el viejo mayordomo Julián y su hija Guadalupe, fieles hasta la muerte a los Echagüe y unos de los pocos que conocían la verdadera identidad del Coyote; don Ricardo Yesares, dueño de la Posada del Rey don Carlos Tercero, íntimo amigo de don César cuyo parecido físico con éste hizo que sirviera de ocasional doble del Coyote. Tantos y tantos personajes como don César padre, como Fray Jacinto, como el doctor García Oviedo, el sheriff Teodomiro Mateos, junto con villanos del calibre del General Clarke, de Allen Potts, de doc Marty. Son tantos y tantos los inolvidables personajes de la serie; son tantos y tantos los episodios que allá en mi lejana infancia me ayudaron durante tardes y noches a pasar algunos de los mejores ratos. Y, sobre todo, son tantos y tantos pasajes a quienes debo, sobre todo y por encima de todo, el haber despertado mi afán por la lectura.

Aunque sólo sea por esto último, por haberme descubierto el mundo de los libros y de la cultura, sólo por ello merecieran un sincero homenaje en este blog las novelas del Coyote.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

5 comentarios el “NACE UN MITO: EL COYOTE.

  1. Acabo de hacer una visita a tu página y me parece magnífica. Ten por seguro que a partir de hoy será un punto de destino obligado en mi navegación por la red y, por supuesto, ya he procedido a colgar el oportuno enlace en este blog.
    Un saludo muy cordial.

  2. ¡HOLA¡ YO YA ERA LECTOR DEL COYOTE ALLÁ POR LOS LEJANOS AÑOS DE 1947.
    PUEDO AFIRMAR QUE EL AUTOR DE TAN APASIONANTES NOVELAS ERA EL MEJOR DE TODOS LOS DE SU ÉPOCA.

    YO LEIA SUS OBRAS, MUCHAS DE LAS CUALES PODRIAN HABER SIDO GUIONES DE MUCHÍSIMAS PELÍCULAS DEL OESTE,JUNTO A LOS TEBEOS DEL GUERRERO DEL ANTIFAZ.

    UN CORDIAL SALUDO PARA TODOS LOS ANTIGUOS LECTORES DE TAN APASIONANTES OBRAS.

  3. Hola sin qurer he encuentrado tu blog y mucho me encato al revivir mis tiempos de infancia, he apendido a leer correctamente en las obras de José Mallorqui y laa recuerdo hasta hoy.

  4. Aquí en Portugal también leí al menos algunos de los números del coyote. Me acuerdo de un “El Coyote atrapado.” Por desgracia, no estaba motivado para salvarlos. Me gustaría saber todas las otras pruebas … ¿Me pueden ayudar?
    Muchas gracias.
    Carlos Almeida

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