CAMBIOS EN EL TRIBUNAL SUPREMO DE LOS ESTADOS UNIDOS: LA RENUNCIA DE DAVID SOUTER.

David Souter

Para Sevach, en cuya bitácora dedicada al derecho público (imprescindible para quien desee conocer a fondo la práctica administrativa) tanto he aprendido.

Richard Nixon dijo en una ocasión que de todos los nombramientos que realiza el Presidente de los Estados Unidos, sin duda los más importantes son los de magistrado del Tribunal Supremo. Nixon fue afortunado: en menos de dos años, pudo realizar cuatro nombramientos (Warren Burger, Harry Blackmun, William Rehnquist y Lewis Powell).

Ayer día 1 de mayo de 2009 el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, interrumpía al Jefe de Prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs, para anunciar públicamente que David Souter, juez del Tribunal Supremo, le había comunicado telefónicamente su intención de renunciar al cargo una vez finalizase el presente año judicial. No es una noticia que se pueda calificar de sorprendente (Jeffrey Toobin, autor del libro The nine, ya había manifestado en varias conferencias que tres magistrados del Tribunal Supremo, entre los cuales se encontraba Souter, deseaban renunciar a sus cargos, noticia de la que en nuestro país se hizo eco Jorge Pérez en su reseña al libro de Toobin que, bajo el título “Los años Rehnquist-O´Connor” publica en el número cuatro de la Revista General de Derecho Público Comparado que edita Iustel), pero va a permitir que, por vez primera desde 1994 (cuando Clinton nombró a Stephen Bryer) un presidente demócrata pueda nombrar un magistrado del Supremo. Ello no incidirá en la actual situación del Tribunal, dividido entre cuatro conservadores (el chief justice John Roberts y los magistrados Antonin Scalia, Clarence Thomas y Samuel Alito) y cuatro liberales (John Paul Stevens, David Souter, Ruth Bader Gisbourn y Stephen Bryer) mientras que Anthony Kennedy , aún careciendo de reparos para unirse al ala liberal, es ideológicamente más próximo a los conservadores, pues no en vano fue nombrado por Ronald Reagan tras el fracaso de éste de elevar a Robert Bork al alto tribunal.

David Souter, elevado al cargo de magistrado del Tribunal Supremo por George Herbert Walker Bush (quien también nombraría a Clarence Thomas), era una personalidad desconocida cuando accedió al cargo. Elegido como una persona de tendencia conservadora pero de talante moderado, desde el primer momento dejó bien claro que sus simpatías se alineaban con el ala liberal del Tribunal, prueba evidente de que los magistrados no siempre actúan como de ellos esperan quienes los nombraron; y si no, ahí están los casos de Byron R. White (que, pese ser nombrado por John F. Kennedy se alineó notoriamente con los conservadores) y John Paul Stevens (que, pese a su nombramiento allá en el lejano 1976 por el republicano Gerald Ford, es actualmente el puntal del ala liberal). Pues bien, la primera actuación de Souter fue, precisamente, evitar que se revocase el pronunciamiento de Roe v. Wade (el caso que reconoció el derecho de las mujeres al aborto) donde, pese a existir una mayoría clara del Tribunal (seis frente a tres) para rectificar tal doctrina, fue precisamente Souter quien maniobró entre bastidores para convencer a Sandra Day O´Connor y a Anthony Kennedy para que mudasen su parecer. Desde entonces, Souter, un defensor a ultranza del stare decisis y del valor de los precedentes, se alineó sistemáticamente con los liberales del Tribunal. No obstante, tras el caso Bush v. Gore y la decisión final adoptada por el Tribunal Supremo, Souter no logró encontrarse a gusto en su puesto y, según Toobin, pensó seriamente en renunciar por entonces, si bien quizá meditó el asunto y optó por dilatar su decisión para permitir a un presidente demócrata realizar un nombramiento que no alterase el equilibrio del Tribunal.

Persona intelectualmente brillantísima, alejada de todo cuanto sea boato u ostentación ante la prensa, defensor de la tesis de que el juez debe alejarse de los medios de comunicación, enemigo a ultranza de permitir el acceso de las cámaras de televisión al Tribunal Supremo (llegó a decir que se pasaría por encima de su cadáver antes de que ello ocurriese) Souter posee un estilo de vida realmente peculiar. Según nos informa Toobin, Souter no tiene teléfono móvil, ni contestador, ni ordenador personal (pues redacta las sentencias a estilográfica), posee un televisor únicamente porque se lo regaló un amigo, aunque parece ser que no suele verla casi nunca; realiza curiosísimas maniobras en su despacho para captar hasta el último instante la luz solar y evitar el uso de electricidad. Pero, sobre todo y por encima de todo, es un enamorado del montañismo que practica en su hogar de New Hampshire. E, igualmente, posee un envidiable sentido del humor y una socarronería de la que puede servir de ejemplo una curiosa anécdota. En cierta ocasión, de camino a New Hampshire, Souter se detuvo en una cafetería, donde fue abordado por un matrimonio. El marido le dijo textualmente “Su cara me suena. Espere, usted es un juez del Supremo. Usted es Stephen Bryer”. Souter no quiso dejar en evidencia al marido delante de su mujer, y asintió. Tras una animada conversación, y cuando todos se iban a marchar, el ciudadano en cuestión le preguntó “Juez Bryer ¿Qué le ha aportado su trabajo en el Tribunal?” a lo que el magistrado contestó “El privilegio de poder trabajar con David Souter”.

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2 comentarios el “CAMBIOS EN EL TRIBUNAL SUPREMO DE LOS ESTADOS UNIDOS: LA RENUNCIA DE DAVID SOUTER.

  1. Enhorabuena por el blog, y por esta ilustración sobre el juez Souter. Te confieso que no me atrevi en el blog con tan alto personaje, pero nos has acercado unas facetas humanas y de los intríngulis del nombramiento, muy atractivas. ¡¡Adelante!!

  2. Muchas gracias, amigo Sevach, y te aseguro que es un honor tanto para el blog como para el humilde redactor de estas líneas contar con tu presencia en este foro.
    La verdad es que Souter es todo un personaje (además del libro citado de Toobin existe uno específico sobre su figura, el de Tinsley E. Yarbrough “David Hackett Souter: Traditional republican on the Rehnquist Court”),que es, en cierta medida, la contrafigura de Anthony Kennedy. Mientras que Souter, como ya indiqué, es un personaje partidario del stare decisis, defensor de la figura del juez como personaje que debe estar alejado cuanto más mejor de los medios de comunicación, y que detesta los casos polémicos de gran trascendencia mediática (cuyo máximo exponente fue el Bush v Gore), Kennedy por el contrario considera el derecho como un conjunto de principios que priman sobre los precedentes (lo que en cierta medida le acerca al jurista continental más que al anglosajón), no le disgusta nada la aparición en medios de comunicación y, sobre todo, disfruta con el tipo de casos que Souter detesta.
    Queda por ver a quién designa el presidente Obama para sustituirlo. En la reseña que sobre la noticia publicaba hoy el diario “El Comercio” de Gijón se decía que la magistrada Ruth Bader Gisbourn se quejaba amargamente de ser la única mujer del Tribunal Supremo cuando en las facultades de derecho son más numerosas las mujeres que los hombres; incluso se apuntaba el nombre de su sustituta, que sería Sonia Sotomayor, la Juez del Tribunal de Apelación del Segundo Distrito (en realidad es un rumor que ya saltó a la web a finales de 2008).

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