DE LA POCA URBANIDAD DE ALGUNOS DEFENSORES DE LA ADMINISTRACIÓN.

Mala educación

En ocasiones, la tolerancia que los magistrados de nuestro país tienen con los defensores de Administraciones y entes públicos son difícilmente comprensibles e inexplicables, y a uno le queda la duda de cómo reaccionarían si tal actuar proviniera de un letrado particular. Comento un ejemplo muy concreto que me sucedió hace poco más de una semana.

El día 18 del presente mes de mayo quien suscribe tenía una vista a las 10 horas en un Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Oviedo y, como es habitual en mí, siempre llego con diez minutos de antelación por si las moscas. Pues bien, la encargada de la defensa de la Administración en los pleitos en que el asunto versa sobre multas de tráfico acudió y dirigiéndose al agente judicial (a quien suscribe ni tan siquiera se dignó ofrecerle ni los buenos días) le dice textualmente “tengo otros juicios abajo”, así, sin más, tras lo cual procedió a hacer mutis por el foro. El agente en cuestión se lo comunicó a la magistrada quien, como ya se encontraba en la sala a las diez, decidió adelantar los pleitos que seguían para darle tiempo a tal persona a solventar sus otros pleitos. Para empezar, me parece que la defensora de la Administración actuó, cuando menos, con poca diligencia, porque los tres juzgados que tenían señaladas vistas ese día señalan las fechas con la antelación suficiente como para que la Administración pudiera darse cuenta de la coincidencia  de fechas y horas, por lo que como poco y en el más generoso de los casos, el ente público o su defensor pecaron de falta de previsión, pues pudiera o haber solicitado la modificación de una de las vistas o buscar a algún compañero para que le sustituyese en una de ellas. Bien, el caso es que tras una paciente espera de media hora y tres pleitos adelantados, el letrado que suscribe comentó al agente judicial si me iban a tener esperando todo el día y, como éste me remitiera la magistrada, opté por acceder directamente a ésta y manifestarle que una cosa era la cortesía procesal y otra una espera tan prolongada por causas que no me eran imputables. La juez, con total corrección y educación (en este sentido he de hacer justicia y señalar que en Asturias todos los jueces de lo contencioso-administrativo amén de grandísimos profesionales –cosa distinta es la lógica y puntual discrepancia jurídica en cuanto a algunas resoluciones judiciales, pero lo cortés no quita lo valiente- son excelentes personas), manifestó que yo tenía razón y se comenzó de inmediato la vista. Y es entonces cuando tiene lugar el hecho en cuestión: con la vista comenzada, con la grabación en marcha y con quien les habla ya en el uso de la palabra y en medio de su expositivo, súbitamente la puerta del juzgado se abre sin más, la defensora de la Administración entra, coge la toga y se sienta. Sin llamar previamente a la puerta, sin pedir la venia y sin tan siquiera dar los buenos días o pedir disculpas por haber demorado un pleito por culpa exclusivamente suya. Es decir, con una falta total no ya de respeto a las normas de la cortesía procesal, hacia el Tribunal y hacia el letrado demandante, sino con total ausencia de un mínimo de educación o de lo que antaño se impartía en las escuelas bajo la denominación de urbanidad. La juez, y en esto no me llevé la menor sorpresa, ni le reprochó tal proceder ni hizo comentario alguno. Comentando el hecho con varios colegas de profesión todos llegamos a la misma conclusión: si el hecho hubiera sido a la inversa (es decir, que fuese el humilde redactor de estas líneas quien hubiese actuado como lo hizo la defensora de la Administración del Estado) la espada de Damocles se hubiera desprendido del techo cuando menos y en el más generoso de los supuestos en forma de severa reprensión judicial, la misma que debiera haberse dirigido frente al público defensor.

El caso es que no es un hecho aislado ni exclusivo de los juzgados de lo contencioso. Esta semana hube de acudir a un juzgado de instrucción gijonés como letrado de la acusación particular en un juicio de faltas (el último asunto penal que espero llevar en mi vida, pues es una rama jurídica que personalmente detesto) y en el que, por circunstancias que no vienen al caso, se encontraba como parte un letrado de los Servicios Jurídicos del Principado de Asturias. Pues bien, en las conclusiones, la juez de instrucción, que nos intimó a los letrados de la acusación y defensa que no nos extendiésemos más de un minuto (de hecho, a mi colega de la defensa le pidió expresamente que concluyera) no sólo toleró al defensor del Principado una larga perorata de cuatro minutos y medio sin instarle a concluir, sino que permitió que éste durante el último minuto largo ofendiera gratuitamente a varias personas presentes en la sala (a la denunciante y a algunos testigos) con manifestaciones gravemente ofensivas, gratuitas y totalmente innecesarias para la defensa, algo que en el caso de cualquier letrado particular hubiese derivado en una queja al Colegio de Abogados, cuando no en algo más; sin embargo, mientras habló el representante del Principado la juez ni tan siquiera movió una sola pestaña.

¿Qué tendrán los Abogados del Estado y letrados de Servicios Jurídicos de las distintas Administraciones públicas para que se les toleren comportamientos absolutamente reprobables? ¿Acaso la defensa del “interés público” justifica un relajamiento cuando no un total olvido de las más elementales normas de la educación?

Espero que alguien pueda ofrecerme una explicación razonable a esta duda existencial.

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11 comentarios el “DE LA POCA URBANIDAD DE ALGUNOS DEFENSORES DE LA ADMINISTRACIÓN.

  1. Estimado amigo, son muchas cuestiones las que se han mezclado en tu entrada y resulta imposible ofrecer una opinión conjunta para todas ellas. Los Abogados del Estado son de facto reyes de taifas cuyo conocimiento general del derecho se presume inmenso en comparación con el del juzgador, y quien dude de ello que simplemente examine los temarios de ambas oposiciones. La dureza de una y otra tampoco tienen parangón. Eso arrastra en algunos casos si bien no un complejo de inferioridad del Magistrado, sí una docilidad y voluntad de servicio que choca con la inmisericorde actitud respecto al vulgar abogado particular.

    La actitud con los letrados de otras Administraciones suele variar, si bien por lo general se muestran sumamente comprensivos con sus retrasos. No tiendo a pensar mal y presumo que si a nosotros nos vieran a diario (dicen que la confianza da asco) también actuarían de modo flexible y generoso.

    A fin de cuentas son compañeros. Los jueces de lo penal se conocen a los fiscales (el día que no va Manolito va Jorgito, y el que no, Pepita) y los de lo Contencioso ven a Antoñita (ltda. del Principado) cuatro dias de cinco. Por tanto, el roce trae el cariño, y si Antoñita dice que está arriba, el Magistrado, buen conocedor de la susodicha, aguarda lo necesario, por aquello de que hoy por ti, mañana por mi, que igual mañana se me olvida emplazar a la Administración (o lo hago tarde), resulta que estás por aquí casualmente para otro asunto y no me suspendes la vista, precisamente porque en estos temas está todo el pescado vendido y lo ventilamos en un visto y no visto.

    Además, los juicios se los ponen a estos letrados todos juntitos, unos detrás de otros, para que ni salgan, se quedan dentro, hablando del tiempo y de sus hijos, en jurídico contubernio.

    ¿Siendo un amigo le vas a regañar? Hombreeeeeee… que todos comemos de la misma ollaaaaa…

  2. Estimado amigo, agradezco sumamente tu intervención. Es más, precisar que esto ocurrió en Oviedo tiene una explicación muy concreta: si en Oviedo en Abogado del Estado suele acudir a los pleitos, salvo en los de tráfico, donde, según me han informado, es una funcionaria del cuerpo superior habilidada para la defensa (¿dónde están los Colegios de Abogados que permiten que ejerza una persona no colegiada?)en Gijón el Abogado del Estado tiene la sana costumbre de no aparecer por Sala en determinados asuntos y, de hecho, desde que se creó el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Gijón allá a finales del año 2000 no he visto el rostro del Abogado del Estado ni una sola vez.
    Por cierto, al igual que critico un comportamiento ensalzo otro. En cierta ocasión en que una vista se retrasó debido a la duración del pleito anterior,el juez de lo contencioso (en concreto el del juzgado número cuatro de Oviedo), lo primero que hizo fue pedirme disculpas por el retraso. Eso sí es educación

  3. Por una vez has tenido suerte Monsieur de Villefort, al menos más que yo. En toda mi vida profesional, quince años, nunca he recibido una disculpa por parte de un Tribunal sobre el retraso de las vistas. Ya sean cinco minutos o cuatro horas de espera ( lo máximo que yo he esperado para una vista)jamas he oido de boca de su Señoria ( tanto en via civil, penal, o social) una disculpa. Yo suelo acudir, como tu, con al menos diez minutos de antelacion, y jamas se me ha dado el caso de que un Juez tuviese que espera por mi, con lo cual, no se que hubiera ocurrido en ese caso, pero si se lo que ocurre diariamente en los Juzgados de lo Social, ademas de unir todos los pleitos y señalarlos seguidos en funcion del demandado (INSS, INEM, INSALUD, SESPA, FOGASA), para que no tengan que salir de sala, ademas se espera si cualquiera de ellos tiene un retraso o otra vista en otro Juzgado. Todas estas Administraciones tienen varios letrados en su organigrama, pero si yo, que soy el unico letrado de mi despacho, no acudo a la vista, ya sabemos cual es la consecunecia de ello.

  4. no se puede generalizar… …en causas penales en las que se ventila una acusación superior a los dos años de prisión sí que nos esperan… aunque sólo sea para no suspender la vista por incomparecencia del letrado…

  5. A mí me han pasado algunas cosas parecidas con esa misma persona, que -según tengo entendido-, no es Abogada, sino Técnico de Tráfico. Desconozco en virtud de qué actúa en las vistas, pero sí he podido comprobar que jamás pide la venia y rara vez da los buenos días. En fin …

  6. Como siempre, la educación es cosa de las personas y no de los cargos. Hay abogados educados y maleducados, jueces corteses y descorteses y fiscales tolerantes o intolerantes. No se debe generalizar. Al menos, por lo que yo sé, todos los titulares de los juzgados de lo contencioso-administrativo de Asturias se caracterizan por su educación y respeto a todas las partes, sin distingos. Es más, creo que todos ellos son accesibles y además proclives al antiformalismo, vengan de donde vengan. Sí es cierto que al ser habituales del foro los letrados públicos, hay cierta familiaridad que no solo no empaña la imparcialidad sino que lleva incluso a permitir al juez reprimendas en mayor medida que a los desconocidos. Saludos.

  7. Estimado amigo Sevach:
    Agradezco, como siempre, tus precisiones. En el fondo, confirman el sentido del post, ya que en modo alguno quien esto suscribe pretendía generalizar, pues de hecho, el post se titula precisamente de la poca urbanidad de “algunos” y no de todos los defensores de la Administración. Es más, tengo el honor de compartir amistad y tertulia con excelentes compañeros defensores de la Administración de quienes puedo decir que su comportamiento dentro y fuera de Sala es absolutamente irreprochable y digno, no sólo a nivel profesional, sino personal.
    Respecto a los jueces de lo contencioso, permiteme la inmodestia de la autocita, pues en el post digo textualmente (y me afirmo y ratifico en lo dicho) que “en este sentido he de hacer justicia y señalar que en Asturias todos los jueces de lo contencioso-administrativo amén de grandísimos profesionales –cosa distinta es la lógica y puntual discrepancia jurídica en cuanto a algunas resoluciones judiciales, pero lo cortés no quita lo valiente- son excelentes personas“.
    No obstante, y siempre desde el respeto, disiento de una cuestión: cierto que la familiaridad con los letrados públicos no empaña en modo alguno (cosa que ni se me ha pasado por la cabeza) la imparcialidad del juez, pero no comparto que ello lleve al juez a permitir reprimendas en mayor medida que a desconocidos. Más bien creo es al contrario, que esa familiaridad y cotidianeidad en el trato relaja de alguna manera el listón y el grado de tolerancia es algo mayor que con el resto de letrados.

  8. Puede que tengas razón. Claro, que es cuestión de perspectiva. P.D. También escribes sobre ópera.¡Vaya pozo de agradables sorpresas!¡¡ Y luego dicen que el Derecho insensibiliza a los juristas!

  9. ¿Y qué consecuencias tiene para un Letrado o Letrada de la Administración la incomparecencia o la comparecencia tardía en un pleito contencioso-administrativo, más allá de la continuidad del juicio en su ausencia, con la presencia del actor o recurrente, es decir del ciudadano?. Pues a mi humilde entender, NINGUNA!!
    Desde el punto de vista del enjuiciamiento del asunto, la propia Ley Jurisdiccional, 29/1998, preve el supuesto de ausencia del demandado (Administración) y del demandante, siendo los efectos radicalmente distintos y perjudiciales para el recurrente, a modo de desistimiento de la acción ejercitada.
    Tampoco la “falta de urbanidad”, en principio ocasiona al Letrado o Letrada Público ninguna consecuencia civil (patrimonial), disciplinaria, ni siquiera retributiva, va a seguir cobrando del erario público asista a uno o a mil pleitos.

    Por eso, permiteme que extraiga dos conclusiones:

    1) En el asunto que expones, la encargada de la defensa de la Administración, ademas de poca “urbanidad” demuestra poca “profesionalidad”, término que con el Estatuto Básico del Empleado Público debería resultarle, si cabe, más familiar, en su condición de empleada pública.

    2) Me temo que tus procedimientos abreviados con la Abogacía del Estado, seguirán siendo un monólogo, Sr. Monsieur.

    Saludos!

  10. Sinceramente,creo que la excepción no es la regla. Conozco letrados públicos autonomicos modelicos, y de ayuntamientos. Además hay que recordar que algunos abogados de particulares también defienden a la administración, y entonces los privilegios son bien recibidos,

  11. Pingback: Los jueces también lloran « El Blog de Derecho Público de Sevach

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