UNOS VALIOSOS EJEMPLOS DE INDEPENDENCIA JUDICIAL: EDWARD COKE Y JOHN MARSHALL.

Sir Edward Coke

Hace unos cuantos días nos hacíamos eco en este foro de una intervención del chief justice John Roberts sobre el papel de los Tribunales en un Estado de Derecho, y en concreto destacábamos la importancia que concedía el magistrado a la tradición anglosajona de la cual provenía el sistema americano. Mi tesis siempre ha sido, y sigue siendo, que mientras en el mundo anglosajón la judicatura siempre fue un instrumento para salvaguardar las libertades de los ciudadanos frente a los abusos del poder, en nuestro país, por el contrario, fue siempre un instrumento del poder frente a las libertades de los ciudadanos. Veamos varios ejemplos.

Inglaterra, 13 de noviembre de 1613, bajo el reinado del monarca Jacobo I Estuardo. Recordemos que, aunque en Inglaterra no existió propiamente monarquía absoluta sí hubo un intento de absolutización de la misma bajo Jacobo I y su hijo Carlos I. Pues bien, en la fecha anteriormente indicada el rey convoca a los magistrados de la nación para indicarles que dado que los jueces no eran más que sus delegados, él podría arrebatar en cualquier momento el conocimiento de cualquier asunto de la jurisdicción ordinaria y enjuiciarlo personalmente. Frente a esa pretensión se alzó la figura del juez Edward Coke, quien opuso que el monarca no podría avocar ningún caso en su persona, dado que ello era competencia exclusiva de los Tribunales, que resolverían de conformidad con las leyes y costumbres inglesas. Es más, tras un pequeño y airado cruce de acusaciones, cuando Jacobo I asevera que la tesis de Coke supondría nada menos que someter el monarca a Derecho, Coke contesta con una cita de Bracton: quod Rex non debet ese sub homine, sed sub Deo et lege, es decir, que el Rey no debe estar sometido a los hombres, sino a Dios y a la Ley (tomo la anécdota del libro History of the Supreme Court, de Bernard Schwartz, p. 3 y 4). Es más, en uno de sus más celebres casos, el Dr. Bonham´s Case, incluso sostuvo que algunas leyes del Parlamento podrían ser enjuiciadas sobre la base del Common law e incluso ser declaradas nulas. En otras palabras, que en pleno siglo XVII, en el peor momento posible y bajo un monarca con una política claramente orientada a reforzar la autoridad real en detrimento de Parlamento y jueces, un magistrado no sólo se enfrenta al poder en alza (monarca) sosteniendo el sometimiento del rey al derecho, sino que incluso manifiesta que el poder judicial puede enjuiciar los actos del Parlamento (uno de los dogmas clásicos del constitucionalismo británico fue, precisamente, el de soberanía del Parlamento).

Estados Unidos, año 1803. Caso Marbury v. Madison (al que dedicaremos nuestro siguiente post), donde el chief justice John Marshall propina un severo varapalo a la autoridad presidencial. Recordemos que el presidente Jefferson era partidario de que cada una de las ramas fuese quien controlase la constitucionalidad de sus actos. Pues bien, pese a que la pretensión de Marbury fue rechazada por un tecnicismo (la inconstitucionalidad de un precepto de la Judiciary Act que otorgaba al Tribunal el conocimiento de los writ of mandamus frente a miembros del gabinete) en cuanto al fondo la misma suponía una desautorización de las tesis presidenciales de Jefferson, toda vez que no sólo afirmaba que los derechos de Marbury habían sido efectivamente vulnerados por Thomas Jefferson y por su secretario de Estado James Madison, sino que afirmó que el Tribunal Supremo era el órgano encargado de enjuiciar la constitucionalidad de las leyes federales, en contra del parecer presidencial. Es más, los frecuentes intentos de Jefferson de someter la judicatura a su autoridad siempre encontraron una frontal oposición en Marshall quien, en otro célebre caso, en concreto United States v. Aaron Burr, enjuiciado por el Tribunal de Circuito de Richmond, en Virginia y donde el fondo del asunto versaba nada más y nada menos que dilucidar si el acusado había cometido traición a los Estados Unidos., volvió a demostrar una titánica resistencia a los ataques presidenciales. Dicho caso fue una auténtica vendetta de Thomas Jefferson contra su antiguo vicepresidente Aaron Burr (uno de los personajes más interesantes de la historia estadounidense), hasta el punto de que aún antes de que el juicio comenzase Jefferson en un mensaje al Congreso manifestó que la culpabilidad de Burr estaba fuera de toda duda. La indigna actitud presidencial siempre halló una digna respuesta en Marshall, que, como buen estadista que era, supo conducir hábilmente el juicio, rechazar uno por uno todos los intentos del ejecutivo de presionar al Tribunal sin llegar a una crisis abierta entre los poderes. Burr fue absuelto.

Tornemos ahora los ojos a nuestra patria ¿Alguien puede ofrecerme un equivalente español al juez Edward Coke? En el siglo XVII todos los jueces de nuestro país eran delegados o vicarios del monarca y obedecían ciegamente sus órdenes y es absolutamente inimaginable que algún magistrado osase siquiera alzar la voz al soberano. En fín, seamos comprensivos, dado que al fín y al cabo en España sí existía una monarquía absoluta. Vayamos pues a los años treinta y cuarenta del siglo XIX, es decir, ya entrado el constitucionalismo tras la muerte de Fernando VII ¿Alguien puede ofrecerme un ejemplo de independencia equivalente al ofrecido por Mashall al otro lado del Atlántico? Pues bien, he encontrado una afirmación que nos lleva en sentido precisamente contrario, y lleva la autorizada firma de Alejandro Nieto, en un artículo que bajo el título Los orígenes de lo contencioso-administrativo en España, publicara en el número 50 de la Revista de Administración Pública. El profesor Nieto dice textualmente <<En España, sin embargo, la situación constitucional es en 1845 muy distinta y por ello no surge la citada alternativa. Nuestros autores no reconocen el Poder judicial, autonomía constitucional, sino que lo consideran como parte integrante –junto al Poder administrativo- del Poder ejecutivo que corresponde al monarca. El problema [control de la Administración por Tribunales independientes o por la propia Administración] queda así modificado, y va a tratarse solamente de una simple decisión del monarca, inspirada en razones de pura oportunidad>> (página 33), afirmación que avala con textos de los padres del derecho administrativo (Gil de Zárate y Silvela, entre otros), pero que, como indica nuestro autor <<La tesis se mantiene durante todo el siglo XIX y llega incluso al XX.>>

En fín, que son muchos años de retraso en lo que a la independencia del poder judicial se refiere. Y aunque en nuestros días hay magistrados honestos, trabajadores y laboriosos que realmente tratan de poner una pica en Flandes creo que son muchos más los acomodaticios y que por cada paso adelante que se da posteriormente se retroceden cuatro. Y si no, ahí están casos tan vergonzosos como el Consejo General del Poder Judicial (tan magistralmente analizado por Alejandro Nieto en su impresdincible El desgobierno judicial o por Diego Íñiguez Hernández en El fracaso del autogobierno judicial, o en las constructivas pero duras críticas del profesor González Pérez) o el Tribunal Constitucional, tan vergonzosamente sujeto al sistema de cuotas partidistas.

Y es que en nuestro país, por desgracia aún nos queda bastante camino por recorrer.

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3 comentarios el “UNOS VALIOSOS EJEMPLOS DE INDEPENDENCIA JUDICIAL: EDWARD COKE Y JOHN MARSHALL.

  1. Yo creo que Coke influenció en la aparición del Estado de Derecho. Frente al corpus politicum parecía nada oponersele, es en la primacía del derecho consuetudinario lo que salvó a Inglaterra de la anarquía y la politización del derecho.

  2. solicito que me proporcionen un link o lugar de descarga donde pueda apreciar cualquier obra literaria de este gran maestro

  3. Esta histórica contribución, es el comienzo de los orígenes de un Estado que respeta su Constitución, Hombres de Bronce que protegen la voluntad del pueblo; recordemos que los gobernantes deben actuar y respetar los derechos en nombre de la Constitución. Muy rescatable el aporte que dejas al lector, sin embargo lamentablemente todavía existen jueces y personal administrativo que no se ponen la camiseta del país y actúan por otros intereses funestos…

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