EL ASALTO DEL PODER A LA JUSTICIA.

Lucha

La independencia judicial de antaño dejará paso a un juez-funcionario equiparable al médico de la seguridad social: lo que en éste es libre criterio para diagnosticar, en el juez lo será para condenar o absolver. Si un hospital lo dirige un gerente, cada tribunal será gestionado por otro gerente: el antiguo secretario judicial, erigido en director territorial ministerial. Únase a esto el proyecto de reducir el Consejo General del Poder Judicial a su mínima expresión y volveremos al modelo franquista: Gobierno, ministerio fuerte y jueces funcionarios

(José Luís Requero, El asalto a la Justicia)

Es evidente que todo gobierno, de cualquier signo político que sea, intentará por cualquier medio someter a la judicatura, a quien ve como un incómodo obstáculo para el ejercicio del poder dado que tradicionalmente ha sido esta rama quien tiene teóricamente encomendada la garantía de los derechos de los ciudadanos. Y, lo cierto, guste o no guste es que en España el poder está consiguiendo su objetivo, que se hizo explícito hace más de veinte años cuando cierto teórico de altos vuelos proclamó a los cuatro vientos la muerte de Montesquieu. El tema del mundo de la justicia y su tensión con otros poderes me ha interesado desde siempre, y debo muchas de mis tomas de posición actuales a dos libros indispensables que desde aquí recomiendo a todo el mundo: El desgobierno judicial, del sin par Alejandro Nieto, y El fracaso del autogobierno judicial, de Diego Íñiguez Hernández. A esos dos debe añadirse un tercero, El asalto a la justicia, escrito este mismo año por José Luís Requero, magistrado especialista en el orden contencioso-administrativo, libro, por cierto, del cual se extraen las líneas que encabezan este post. Aunque de este último libro, que acabo de adquirir hoy, únicamente he ojeado las primeras páginas, tengo la creo nada equivocada impresión que no va a desautorizar a los dos libros anteriores.

En efecto, lo que hoy busca el poder público es jueces serviles, dóciles, maleables, en resumen, “bizcochables”, que se inclinen en genuflexión ante cualquier señal que se les haga desde las alturas, siendo lo menos deseable para los gestores públicos un poder independiente, robusto y que sirva de verdadero garante no sólo de los derechos y libertades ciudadanos, sino que sea capaz de mantener a las otras dos ramas del poder dentro de sus límites constitucional y legalmente fijados. Es, por una parte, natural que todo poder desee expanderse a costa de otros, aunque ya no lo es tanto que el invadido presente escasa o nula resistencia a la invasión. Porque estaríamos ciegos y seríamos absolutamente hipócritas si dijésemos que no existen personas en la judicatura que se pliegan humildemente ante la bota del poder público y que abogan groseramente por la sumisión. Por poner un ejemplo concreto con nombres y apellidos, el actual Fiscal General del Estado, señor Conde Pumpido, magistrado del Tribunal Supremo, aunque a este ejemplo concreto podríamos añadir tantos y tantos que, por acción u omisión consciente, engrosan lo que don Alejandro Nieto califica de “juez-funcionario”, es decir, aquel que ve el puesto que desempeña como si se tratara de un funcionario del cuerpo superior de administradores de cualquier ente público y no una persona integrante del poder judicial. Los jueces deben ser los primeros que reivindiquen la dignidad de su profesión, y deben ser los primeros que opongan resistencia activa frente a todo intento de mediatización del poder político, como lo hizo en su día la judicatura inglesa en el siglo XVII. De otra manera, si no se cortan de raíz todas las incursiones de la política en el poder judicial, se estaría dando una imagen de debilidad que hará, a su vez, crecerse al poder cada vez más.

Es cierto que a lo largo de los casi diez años que llevo de ejercicio me he encontrado con jueces auténticamente valientes y arrojados que tratan de dotar de una mayor dignidad a la judicatura (no digo entregados porque en este sentido todos, absolutamente todos los jueces con los que habitualmente trato son personas absolutamente entregadas a su trabajo en cuanto a dedicación al mismo, en algunos casos incluso multiplicando la jornada de trabajo). Pero también he visto casos (para mayor escarnio el de la ciudad donde nací, me crié vivo y trabajo) en que la delgada línea roja que separaba las oficinas administrativas del juzgado se va difuminando cada vez más hasta el punto de que, salvo por circunstancias puramente físicas, uno ya no sabe cuando abandona la Administración y entra en el poder judicial, siendo lo más triste, que determinados funcionarios de cierto organismo autónomo presuman sin cortarse un pelo y ante terceras personas (yo fui testigo directo de la frase, aunque quizá porque la persona que la dijo pensaba que yo, ocupado en otro menester burocrático, no estaba prestando atención) de que el juzgado en cuestión era como una prolongación del organismo y entrar en Sala es no salir de la oficina. Si un empleado público de un organismo autónomo (¡de un organismo autónomo!) dice públicamente eso de un juzgado, pues imagínense. De aquéllos polvos, vienen estos lodos.

P.D.: Sé que estas líneas pueden parecer duras y que habrá quien, lógicamente, no las comparta, pero mirar para otro lado y ocultar este hecho me parecería temerario cuando no una actitud cobarde, y considero una hipocresía decir lo contrario de lo que pienso por razones puramente de corrección política. No obstante, sí quisiera precisar que las críticas que se hacen en el último párrafo se hacen desde un punto de vista pura y llanamente jurídico y en derecho, sin que en modo alguno impliquen ni pretendan descalificar personalmente a nadie.

Anuncios

2 comentarios el “EL ASALTO DEL PODER A LA JUSTICIA.

  1. Querido William: me agrada tu preocupación por la independencia judicial, pero desgraciadamente es dificil tutelarla desde órganos como el CGPJ totalmente politizados. Puedo decirte que el magistrado que mejor me conoce y le conozco, suele decir que cuando dicta sentencias incomodas para el poder se siente como un párroco que practica la teoría de la liberación y que no cree en el Vaticano ni en los cardenales

  2. Estimado amigo Sevach: Por su puesto que una de mis preocupaciones esenciales (preocupación que no es privativa de quien esto suscribe, sino que es común a cualquier persona que verdaderamente crea en un Estado de Derecho) es la independencia del poder judicial. No en vano, como ya decía en un post anterior, el propio presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, John Roberts, decía que uno de los aspectos más difíciles a la hora de democratizar un país es el establecimiento de una justicia independiente y que, en este aspecto, la tradición inglesa ofrece una atípico ejemplo de poder judicial independiente.
    Estoy absolutamente de acuerdo contigo en la politización del Consejo General del Poder Judicial, órgano cuya propia existencia debería ser objeto de debate o, en el mejor de los casos, replantearse profundamente su composición y funciones. Y eso por no hablar de un Ministerio de Justicia (órgano administrativo integrado en el poder ejecutivo) con competencias en la materia, algo nada acorde con la necesaria independencia del poder judicial. Estoy absolutamente convencido de que ninguno de los partidos políticos actuales tiene interés en una judicatura independiente, pues todos pretenden arrimar el ascua judicial a su sardina. Pero ello no obsta, amigo Sevach (y creo que estarás de acuerdo conmigo) en que no faltan acólitos en el seno de la carrera judicial que le bailan el agua a los políticos de turno e incluso les ofrecen munición para practicar el tiro al blanco del poder judicial, y de hecho en el libro ya citado de José Luís Requero se ofrecen ejemplos ilustrativos sobre el particular, donde se citan con nombres y apellidos miembros de la judicatura (hoy en altos cargos políticos) que abogaban de manera indubitada por una intervención del poder político en el mundo de la judicatura.
    El problema, en efecto, tiene difícil solución, pero no por ser la tarea difícil debemos de sentarnos cómodamente a verlas venir (aunque en este aspecto quizá es que, como fanático que soy de la vetusta serie de televisión, creo que no hay del todo “misión imposible”) y todos debemos arrimar el hombro para lograr un poder judicial verdaderamente independiente y no sometido de ninguna manera al poder político, aunque no sea porque, como se decía en el viejo texto francés, toda sociedad que no tenga garantizada la separación de poderes no tiene constitución.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s