LA ELIMINACIÓN DE LA PUBLICIDAD EN LA TELEVISIÓN PÚBLICA: LEY 8/2009.

Cara de ajuste

Como no sólo de derecho norteamericano vive este blog, es hora de que volvamos al ordenamiento patrio. El Boletín Oficial del Estado del pasado lunes día 31 de agosto publicaba la Ley 8/2009 de 28 de agosto de financiación de la Corporación Radio y Televisión Española. Dicha norma, de conformidad con lo dispuesto en su Disposición Final Tercera, entró en vigor el día siguiente de su publicación oficial, es decir, 1 de septiembre de 2009, aunque se establece un régimen transitorio destinado al periodo comprendido entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de este año.

Esta norma responde a la promesa del gobierno de eliminar la publicidad en la televisión pública. Según consta en la exposición de motivos de la ley “La reducción de la publicidad en la Corporación RTVE tiene como objetivo garantizar la estabilidad en sus ingresos y, en consecuencia, favorecer el equilibrio presupuestario evitando riesgos para el mantenimiento de la prestación del servicio público encomendado. Este objetivo permite asimismo reforzar la independencia del servicio público frente a consideraciones de mercado que pudieran afectar a la prestación del servicio encomendado y facilita la determinación de la compensación a RTVE para poder cubrirlo.” No obstante esa renuncia al mercado publicitario (téngase en cuenta que la publicidad propia o “autopromoción” no se considera publicidad según el tenor literal del artículo 7.3.a) no es gratuita para las operadoras privadas del mercado de telecomunicaciones, que “compensarán” a los entes públicos con un porcentaje de sus ingresos que oscila entre el 0,9 y el 3% de los ingresos en función de si el ente privado emite sus contenidos en abierto, de pago. Igualmente, siempre según la exposición de motivos de la norma, se impone una “contrapartida” a RTVE a cambio de su estabilidad presupuestaria: “esas contrapartidas no pueden ni deben ser otras que reforzar el carácter de servicio público de RTVE en sus contenidos y en su gestión, con obligaciones adicionales a las impuestas al conjunto de los operadores privados y a las ya establecidas en la normativa reguladora de la radio y la televisión de titularidad estatal”. Las fuentes de ingresos o financiación del ente público se regulan en el artículo 2 de la Ley (en el que destaca como novedad ya anunciada en la exposición de motivos el apartado c, “La aportación que deben realizar los operadores de telecomunicaciones de ámbito geográfico estatal o superior al de una Comunidad Autónoma, de acuerdo con lo previsto en esta ley”, ingreso desarrollado a su vez en los artículos 5 y 6 ). Destaca igualmente la constitución ex lege de un fondo de reserva dotado con los “ingresos  que superen el coste neto del servicio público prestado en el correspondiente ejercicio presupuestario”, fondo que en líneas generales servirá para compensar pérdida de ejercicios anteriores. Esas son, a vuela pluma y a grandes rasgos, las novedades del texto legal, a las que ha de añadirse la obligación impuesta al ejecutivo ex Disposición General Quinta para que en el plazo de un mes remita el Proyecto de Ley General Audiovisual que “deberá definir un modelo completo de televisión pública”.

La actual y pretendida “independencia del organismo público prestador del servicio de radio y televisión estatal con respecto a cualquier otra instancia u organismo de carácter administrativo, gubernamental o partidista” lisa, sencilla y llanamente no existe. El ente público prácticamente desde su fundación se ha puesto al servicio expreso del poder político existente en cada momento y ni entonces ni ahora se ha logrado esa independencia u objetividad en los criterios. Y en cuanto a los contenidos materiales, es para echarse a llorar. Ignoro cual va a ser ese pretendido “modelo de televisión pública” que el gobierno tiene que definir en ese proyecto de ley audiovisual, pero sin necesidad de ostentar una prodigiosa imaginación ya podemos suponer cual será. Cuando las televisiones privadas comenzaron a emitir allá en el lejano 1989 muchos pusieron sus esperanzas en una televisión de calidad, de amplios contenidos que supiese combinar hábilmente su lógico y evidente objetivo de perseguir beneficios económicos con una oferta que contentase a todos los públicos y ya sabemos en lo que ha degenerado: basura, zafiedad, bajeza de ideas en programas donde pretendidos “intelectuales” se pasan la mayor parte del tiempo del horario infantil intentando dilucidar si fulanito se acuesta con menganita o si la querida de zutano le ha puesto los cuernos con mengano, todo ello sin perjuicio de la existencia de códigos de “autoregulación” que nadie cumple. Y la televisión pública que, en principio, debería de huir de ese tipo de programación lo que ha hecho es desdender al lodazal y enzarzarse en una competición que tiene por objetivo determinar a ver quien logra caer más bajo. Y si no, ahí va una pregunta que espero alguien me conteste: en horario de audiencia infantil, léase entre las siete y las nueve ¿En qué consiste la programación de las distintas cadenas que pueblan nuestra rica y variopinta fauna audiovisual? Cualquier padre con hijos menores se echará las manos a la cabeza y optará, si tiene buen sentido, por echar mano del fácil y más pedagógico recurso de los DVD.

En resumen, que quizá se habrá eliminado la publicidad de los entes públicos, pero (y conste que no deseo nada más que equivocarme) me temo muy mucho que de ahí a eliminar de las cadenas públicas lo que actualmente se denomina “telebasura” mediará un abismo. Y de establecer una parrilla de contenidos adecuados a una televisión pública de calidad mejor ni hablemos.

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Un comentario el “LA ELIMINACIÓN DE LA PUBLICIDAD EN LA TELEVISIÓN PÚBLICA: LEY 8/2009.

  1. No te quepa duda que a los padres no nos queda otro remedio que el DVD, hasta tal punto que mi hija mayor de 7 años no se puede creer que cuando sus padres teniamos su edad no existia este bendito aparato. No solo es un recurso util para controlar lo que ven lo niños, sino tambien para elegir (ellos y nosotros) que ven, cosa que con la TV no pueden hacer, y lo mas importante, elegirles el idioma. Yo no veo mucha televisión en horario infantil, pero mi opinión es que no existe desde hace muchos años.

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