¿MARIOS O CEPIOS?. LAS ELECCIONES A DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE GIJÓN.

Cayo Mario

En el año 110 antes de Cristo, Roma sufrió una grave crisis a consecuencia de varios frentes que tenía abiertos. La república que se había impuesto en el Mediterráneo occidental derrotando en las guerras púnicas a su gran rival cartaginés, se había expandido igualmente hacia el oriente. No obstante, sus arcaicas estructuras, pensadas para una reducida ciudad y, sobre todo, en manos de una aristocracia patricia, se resintieron notablemente. El frente númida abierto con la amenaza del rey Yugurta, el peligro de los germanos que avanzaban sobre Roma por el norte y, sobre todo, la incompetencia de la casta patricia representada por los Metelos y los Cepios entre otros, fue incapaz de contener la amenaza; es más, la propia rivalidad entre los diversos clanes nobiliarios celosos de su propia auctoritas fue la principal causa de la desastrosa derrota romana frente a los germanos en Arausio. Ante ello surgió un “hombre nuevo”, una persona que, aún ligada de cierta manera a la aristocracia al estar emparentado por matrimonio con una de las más prominentes y antiguas familias de la república, no procedía de la élite patricia. En efecto, Cayo Mario fue ese “hombre nuevo” que surgido de lo que hoy denominaríamos burguesía comercial, accedió a las mas altas cotas del poder. Procedente de la región de Arpinum, Mario sufrió el acoso de la casta política aristocrática y del patriciado urbano, que le acusó de no ser un verdadero romano, sino un palurdo itálico que ni tan siquiera sabía hablar griego. No obstante, Mario, un grandísimo militar, casado con una Julia de la gens César, accedió al consulado y no sólo pudo acabar con la amenaza númida representada por Yugurta, sino que finalizó la amenaza de los germanos con una aplastante victoria. No obstante, Mario no era un político, sino un técnico, un profesional que, debido a circunstancias muy precisas y concretas, logró ser elegido cónsul durante cinco mandatos consecutivos, (llegó a ser cónsul siete veces) hecho absolutamente inédito en vida de la república. Un gran historiador de la antigüedad, Antonio Blanco Freijeiro, decía que un colega suyo había perdido unas oposiciones a cátedra porque había dicho textualmente que “Mario, como buen general, no tenía cabeza”. Y de alguna manera tenía razón: Mario era el hombre adecuado para librar a la república de los peligros externos que la acechaban, pero no el hombre que pudiese finalizar la gravísima crisis social que se había desencadenado tras los Gracos y que enfrentaba a patricios y plebeyos. Mario, el “primer hombre de Roma” (por utilizar el título de la célebre y brillantísima novela de Colleen McCullough que inicia la heptalogía que trata de la crisis de la república romana) supo poner fin de manera brillantísima al peligro militar, pero no supo solventar el problema político. Los patricios contraatacaron con la conservadora dictadura de Sila, que buscó robustecer el Senado en detrimento de la Asamblea de la Plebe, lo que suponía restablecer los privilegios del patriciado frente al pueblo.

En octubre del presente año se abrirá en el Colegio de Abogados de Gijón un periodo electoral donde deberá ser elegido un nuevo decano. Durante los últimos veinte años, cualquiera que haya tenido un mínimo contacto con la realidad colegial habrá visto que en la élite siempre se encuentran los mismos nombres, las mismas caras, en definitiva, el mismo patriciado inútil. En la actualidad el Colegio de Abogados tiene abiertos varios frentes que la tradicional casta, apegada al poder desde hace años, ha sido incapaz de solucionar. Basta para llegar a esta conclusión únicamente echar un vistazo a la lamentable gestión del actual decano, persona que pasó de ser diputado de la Junta a director de la escuela de práctica jurídica con evidentes y notorias aspiraciones a puestos mayores; frustrado candidato al puesto de decano y, finalmente y tras muchos y agotadores esfuerzos, al fín máximo representante del Colegio. Desde ahí no ha hecho otra cosa que lucir su inmensa y garzoniana vanidad, hasta el punto de que ha podido exibir como uno de sus “logros” más importantes que la patética página web del colegio (no ya tercermundista sino prehistórica si la comparamos con las de otros entes colegiales) no tenga otro aliciente para el internauta que contemplar la sonriente faz del representante de la gens Herrerus, que mueve más al bochorno o a la risa que a otra cosa. Pero a la hora de luchar por los colegiados, el actual decano ha querido ser más un Alejandro de Troya que un Héctor. Su gestión a la hora de plantearse las reivindicaciones del turno de oficio ha sido nefasta, única y exclusivamente porque se tomó el asunto como una lucha de poder de carácter personal; en otras palabras, no tomó el asunto como lo que verdaderamente era, una reivindicación única y exclusivamente profesional frente a la  Administración, sino que por ignotas razones decidió por sí y ante sí que la reivindicación no tenía más objeto que echar de su ansiado cargo a quien, más que un primus inter pares se consideró desde el primer momento el imperator, y si me apuran, el todopoderoso, el ungido; la consecuencia inmediata fue que el decano (y con él la Junta de Gobierno en pleno) se alió expresamente con la Consejería de la Presidencia frente a los letrados; nos tomó el pelo a todos cuando manifestó que la Consejera no se había dignado recibirlo ni hablar con él, cuando una compañera pudo hablar con la tal autoridad en tan sólo veinticuatro horas usando un instrumento tan revolucionario como es el teléfono; ha sostenido, con la única finalidad de debilitar el movimiento reivindicativo, argumentos tan absurdos y bochornosos como decir que la Consejería de la Presidencia puede autorizar al Colegio de Abogados de Oviedo para designar letrados de oficio en el término del Colegio de Gijón si en este no existen letrados de guardia (sic);  y desde el punto de vista personal se ha comportado de una manera canallesca e indigna de cualquier persona que tenga un mínimo de dignidad y de decencia cuando en todas sus frecuentes apariciones en medios de comunicación, más tendentes exhibir su egregia persona que a difundir las reivindicaciones, no ha tenido ni un sólo recuerdo, ni una sola mención  para las cuatro letradas (Laura Llano, María Rivas, Maviela Cuesta y Susana Pérez) que iniciaron este movimiento reivindicatorio auténticamente popular, sino que incluso preguntado expresamente acerca de cómo y cuando surgió este movimiento en pro de la dignidad del letrado lo presentó como algo totalmente suyo, cuando lo cierto es que la auténtica labor del señor Herrero en relación al turno de oficio ha consistido en poner todo tipo de dificultades, inconvenientes y obstáculos; en otras palabras, que si de algo puede presumir es de haberse convertido en un pesado lastre. En el ámbito interno, su gestión se ha caracterizado por velerse de personas tan siniestras como el Secretario Técnico o el responsable informático, que parecen recién salidos de los episodios de Cámera Café, pues los cometidos que ostentan los realizan con la misma eficacia, rapidez, entusiasmo y rigor que Jesús Quesada y “el Richard” respectivamente. Lo único que han demostrado quienes han ostentado cargos colegiales durante todos estos años es que, como los presidentes de los clubs de fútbol, no ven en los mismos más que una plataforma de autopromoción, mientras que a la hora de enfrentarse a supuestos concretos en que un letrado tiene un problema y se busca ayuda o apoyo en el Colegio, la respuesta que inexcusablemente se recibe de la autoridad es la que ofreció Rhett Butler a Scarlett O´Hara: “Francamente, eso no me importa”. En una época como la que se avecina, con conflictos en el seno de la Justicia que afectan a todos los estamentos (Magistrados, Jueces, Secretarios, Fiscales y Cuerpos tramitadores) la posición y actitud del Colegio es crucial, y al igual que Roma en el año 110 a.C.,  lo que la corporación necesita es gente valiosa, activa, luchadora y capaz que mire por los intereses colegiales, y no auténticas castas pseudoaristocráticas que buscan la autoperpetuación (en algunos supuestos muy hábilmente lograda mediante el vetusto recurso de los lazos de parentesco) que satisfaga la vanitas vanitatis. Si es necesario un “hombre nuevo”, las personas que llevan casi un cuarto de siglo monopolizando la vida colegial deberían tener el valor de retirarse, si quiera temporalmente, para aquel haga frente a estos gravísimos problemas a los que éstos han demostrado sobradamente que no saben (o, mejor dicho, no quieren) solucionar.

Roma, en momentos en que su propia supervivencia estaba en juego, supo prescindir de la élite patricia y echar mano de gente como Cayo Mario, al igual que antes que Mario la república se había valido en su día de  Lucio Quinto Cincinato. Esperemos que nuestro Colegio, mientras no llegue el glorioso día en que la colegiación obligatoria desaparezca, eche mano de ese “hombre nuevo” que sepa hacer frente a la situación y logre que las justas reivindicaciones de los letrados salgan adelante. Porque, pese a quien pese, el actual decano tiene más similitudes con el nefasto cónsul Quinto Servicio Cepio que con Cayo Mario. Y cualquier aficionado a la historia de Roma sabe cuales eran los auténticos móviles y ambiciones de Cepio.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Política

3 comentarios el “¿MARIOS O CEPIOS?. LAS ELECCIONES A DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE GIJÓN.

  1. Un indicativo bastante exacto para saber como es un Abogado y una persona es preguntar a los Procuradores que tiene la suerte o desgracia de trabajar con él.

    Pues eso, pregunta en Oviedo por este sujeto defensor de narcos..

  2. En el presente artículo me hacía eco de la labor del señor Herrero (don Sergio) como decano del colegio de Gijón y no como profesional. Ciñendo mis comentarios a su gestión como decano (es decir, como “político”) estos cinco años han sido absolutamente nefastos para el colegio de Gijón. Las cotas de indignidad moral de las que ha dado muestra son infinitas, casi tanto como la inmensa vanidad del personaje, quien, por cierto, según los mentideros de esta villa tiene la intención de presentarse a la reelección. Su mayor hazaña ha sido la de alinearse expresamente con la Consejería de la Presidencia frente a los letrados en las reivindicaciones del turno y boicoteando, dificultando y obstaculizando toda acción efectiva. Eso sí, como indicaba en el post, pese a que el no movió un dedo ha tenido la habilidad de apuntarse el tanto. ¿Cual es la imagen actual del Colegio de Gijón tras la gestión herreriana? Pues está a la altura de su página web: patética.
    Claro que no le va a la zaga el decano del Colegio de Procuradores de nuestra ciudad, quien en unas declaraciones sobre la ley ómnibus dice que los colegios profesionales están para defender al ciudadano frente al profesional……aunque omitió decir que esa “defensa del ciudadano” se hace con el dinero del profesional. Aunque, claro, los favores se pagan, y es un hecho altamente significativo este último cargo aparezca “casualmente” representando en los pleitos laborales (es decir, donde el Procurador no es necesario) al Ayuntamiento de Gijón y a los organismos autónomos, fundaciones y patronato dependientes del mismo.
    En fín, que la cosa da mucho juego.

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