EL AMERICANO TRANQUILO.

El americano tranquilo

Tras varios post dedicados al mundo jurídico, qué mejor descanso que volver nuestra mirada al séptimo arte. En concreto, quisiera en esta ocasión hacerme eco de dos adaptaciones cinematográficas de la celebérrima novela de Graham Greene The quiet american. La historia, ambientada en el Vietnam de los años cincuenta del siglo XX, narra el conflicto que surge entre dos personas, el veterano periodista británico Thomas Fowler, destacado en la zona para cubrir los acontecimientos que tienen lugar allí, y el joven e idealista norteamericano Alden Pyle, cuando éste se enamora de Phuong, la bellísima joven vietnamita amante de Fowler. Como telón de fondo, los ecos de la guerra francesa en Vietnam que subyacen en una zona que se haría tristemente célebre poco tiempo después, gracias a la intervención estadounidense levemente apuntada en la novela, y que son las que llevan finalmente a Fowler a implicarse de lleno y tomar partido en contra de su principio fundamental expresado al inicio de la obra de ser un observador imparcial y registrar, narrar y transcribir los hechos de manera objetiva.

La primera adaptación cinematográfica tuvo lugar en el año 1958 bajo la dirección del inolvidable Joseph L Mankiewicz, y contó con las acertadas interpretaciones de Michael Redgrave como Fowler y el soldado norteamericano más condecorado en la segunda guerra mundial, Audie Murphy, encarnando al joven e idealista Alden Pyle. La película es una adaptación bastante fiel de la novela, que únicamente se aparta del criterio central de la obra en los últimos diez minutos. La verdadera autoría del atentado en la plaza de la ciudad donde se situaba el Hotel Continental, las auténticas motivaciones de Fowler para implicarse definitivamente en la situación, expuestas a través del inspector Vigot (y que no reflejamos aquí por si alguien no ha leído la novela ni visto la película), así como el auténtico rol de Pyle en el conflicto y el motivo real de su estancia en Saigón son absolutamente diferentes a lo reflejado en la obra de Greene. No obstante, la sensación que uno tiene al ver el final de la película es absolutamente extraña, pues queda patente que un crimen injusto no es perseguido por las autoridades pese a contar con una certeza absoluta acerca del autor, quien únicamente recibe como castigo los remordimientos que le atormentan. Queda también la desazón de contemplar como una persona en principio honesta e íntegra puede ser manipulada para fines criminales.

La segunda de las adaptaciones de la obra tuvo lugar muy recientemente, en el año 2002 bajo  la dirección de Philip Noyce, cuenta con la brillantísima interpretación del británico Michael Caine en el papel de Fowler y la sorprendente de Brendan Fraser, en un papel muy distinto al que nos tiene acostumbrados, como el norteamericano Alden Pyle (según cuenta el propio Fraser en los comentarios que hace a la película, uno de los motivos por los que aceptó encarnar a Pyle fue para tener la ocasión de trabajar con Michael Caine). En esta ocasión, la película es absolutamente fiel a la novela de Greene en cuanto a su conclusión, reflejando de manera clara quienes estaban detrás de la autoría de los ataques con bomba en la plaza del Continental, constatando de manera directa y fiel las auténticas motivaciones de Alden Pyle en el conflicto y reflejando un final más acorde con las tesis de Green en cuanto a Fowler y Phuong. Y es que, en esta ocasión sí podemos comprender los auténticos motivos que llevaron a una persona alejada de posiciones extremas a tomar partido hasta el punto de ofrecerse a iniciar una rueda de acontecimientos que terminarán en el asesinato de una persona. Aún rechazándolo, no podemos menos que comprender las verdaderas motivaciones para abandonar esa objetividad, algo que en la versión de 1958 no podríamos compartir de manera alguna.

En definitiva, una magnífica obra literaria cuya lectura recomendamos a todos los lectores del blog. Y dos magníficas adaptaciones cinematográficas, ambas disponibles en formato DVD, que pueden hacernos pasar una agradable y entretenida velada en estas ya frías tardes de otoño. No oculto mi preferencia por la versión de Mankiewicz, aunque reconozco que es absolutamente preferible el final de la versión de Noyce aunque, claro, de haberlo plasmado así probablemente el personaje de Pyle no lo hubiese interpretado Audie Murphy. Cuando hayan visto las dos versiones comprenderán el por qué.

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