SOBRE EL NUEVO LIBRO DE JOSÉ RAMÓN CHAVES: “CONTROL DE CONCURSOS Y OPOSICIONES EN LA JURISPRUDENCIA”

Control

Uno de los aspectos esenciales para garantizar los principios constitucionales de eficacia y objetividad de la Administración es dotarla de un personal a su servicio que acceda a la función pública en estricta aplicación de  los principios de mérito y capacidad, y no merced a la magnanimidad de autoridades que busquen la autoperpetuación en sus cargos a través del establecimiento de unas auténticas redes clientelares en el personal de las Administraciones públicas que, en consecuencia, se incline más a girar sus miras hacia los intereses particulares de la autoridad a quien se debe el cargo que a los intereses generales. Por ello es necesario que los procedimientos selectivos sean auténticamente eso, procesos que busquen acreditar de manera efectiva y realista el mérito y la capacidad del aspirante, y no una  mera cobertura formal que no busque más que facilitar a la autoridad un mero ropaje formal para investir a un candidato ya  previamente elegido. Por ello, uno de los puntos clave, uno de los auténticos pilares del Estado de Derecho radica en la un eficaz control jurisdiccional de los procesos selectivos para verificar que, en efecto, los mismos se adecúan a las previsiones constitucionales y que no estén afectos por desviaciones perversas.

Vienen a cuento todas las consideraciones anteriores a raíz de la publicación del nuevo libro Control de concursos y oposiciones en la jurisprudencia, obra de José Ramón Chaves García, publicado por la editorial Reus, ya reseñado en su día en el blog de Antonio Arias. El autor, que ya nos había obsequiado anteriormente con un luminoso estudio sobre la prueba en el orden contencioso, une a su notable erudición la condición de magistrado de lo contencioso-administrativo que, además, ostenta la condición de especialista en la materia. Pues bien, este nuevo libro aborda el tema desde una perspectiva absolutamente práctica, algo que se hacía realmente  necesario tras la reforma legal operada en el año 2007 con el Estatuto Básico del Empleado Público. Y la verdad es que si de algo peca la obra es quizá de excesiva modestia en el título, pues realmente el contenido material de la misma excede verdaderamente de lo que es el control judicial de concursos y oposiciones, ofreciendo un amplio fresco de la materia que combina hábilmente la nueva legislación con la interpretación que de la misma hace la jurisprudencia más reciente, abordando no sólo los aspectos procesales, sino incluso los propiamente sustantivos. José Ramón Chaves, como en obras anteriores, hace gala no sólo de unos amplios conocimientos sobre la materia que aborda en su libro, sino de un impecable estilo narrativo que combina a las mil maravillas claridad y rigor, lo que es de agradecer en una época donde poco a poco las cuidadosas reglas de la expresión escrita van cayendo en el olvido.

La verdad es que el tema del control judicial de los procesos selectivos de personal al servicio de las Administraciones públicas viene dominado por un uso y abuso por los Juzgados y Tribunales de la denominada “discrecionalidad técnica”, hasta el punto que la misma encubre aspectos en algunos casos absolutamente intolerables que en la práctica traen como última consecuencia que las Administraciones, en lugar de corregir los vicios que afectan a sus procesos de selección, los acentúen aún más. Sirva como ejemplo el Ayuntamiento de Gijón, donde prácticamente el noventa y nueve por ciento de los asuntos de personal (no exagero absolutamente nada, como cualquier lector del blog A.F.A.G. puede comprobar) reciben el parabién del Juzgado y han de ser resueltos estimatoriamente en la Sala por vía de recurso. Aunque adelanto que es una opinión personal que quizá esté condicionada por mi condición de jurista práctico,  los Juzgados y Tribunales debieran superar esa timidez congénita y, sin abandonar en modo alguno la doctrina de la “discrecionalidad técnica”, reducir la misma a su auténtico y verdadero sentido,  coger el toro por los cuernos y abordar de lleno el análisis de algunos procedimientos selectivos cuya falta de rigor clama al cielo. No sólo porque la discrecionalidad puede y debe controlarse en algunos de sus elementos esenciales (tal y como nos demostró ya el profesor Enterría allá en el lejano año 1962), sino porque, como bien indica en un luminoso artículo Tomás Ramón Fernández, juzgar a la Administración contribuye a administrar mejor. Sólo así se evitará que se produjesen hechos auténticamente bochornosos como, por ejemplo, el que tuvo lugar en el Ayuntamiento de Gijón este mismo año, donde se convoca un concurso para la provisión de cuatro cargos directivos (cargos que, de conformidad con el artículo 13.2 del Estatuto Básico del Empleado Público han de designarse de conformidad con los principios de mérito, capacidad e idoneidad) y donde los principales diarios de tirada local y regional  publicaron sin rubor alguno,  aún antes de que se convocara el proceso selectivo por la corporación local, el nombre de tres de los cuatro los candidatos que finalmente fueron designados para ocupar dichos puestos  (huelga decir que con un porcentaje de aciertos que para sí quisiera Michel de  Nostradamus).

En definitiva, que desde estas páginas felicitamos al autor del libro, una excelente obra que desde aquí recomendamos a todos aquellos juristas que se dediquen profesionalmente a la rama contencioso-administrativa.

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4 comentarios el “SOBRE EL NUEVO LIBRO DE JOSÉ RAMÓN CHAVES: “CONTROL DE CONCURSOS Y OPOSICIONES EN LA JURISPRUDENCIA”

  1. Me halaga el comentario sobre mi libro, y me parece brillante, no tanto por la obra comentada (cuya funcionalidad y sentido es limitado, pues prima la utilidad sobre las consideraciones pragmáticas) como por la destreza expresiva que demuestras, unido a tu lúcida opinión sobre la discrecionalidad técnica. Gracias

  2. La solucion a estos problemas no es el control jurisdiccional sino evitar la formacion de tribunales ad hoc y eliminar la actuacion de unos sindicatos que por un lado examinan y por otro forman (cobrando).

  3. Resulta un contrasentido la discrecionalidad técnica de los tribunales, órganos y comisiones de selección, cuando,en no pocas ocasiones, donde se debería incidir es en cuestiones de orden, formales y procedimentales. Es decir, cómo se gestan los órganos colegiados, aspectos tales como su nombramiento y la especialización requerida, el cumplimiento de la paridad, la rigurosidad de las actas con sus acuerdos y deliberaciones, que tradicionalmente se realizan “cocinadas” y “ad hoc”, haciendo constar torticeramente un quorum mínimo inexistente para salvaguardar su validez,y todo ello con la complicidad y el beneplácito de sus componentes. Pero eso sí, esos “hombres y mujeres invisibles”, aunque no hubiesen acudido a las reuniones, sorprendentemente, figuran en actas como asistentes y por ende cobrarán las oportunas dietas y gastos de desplazamientos.

    Y yo me pregunto, cómo puede un demandante probar estas irregularidades, son o no son “pruebas diabólicas”.

    En fin, confiemos en la pericia y discrecionalidad técnica, en este caso, de los órganos jurisdiccionales y su buen hacer para desmontar tales argucias administrativas.

  4. Amigo Encarnado. Ahora que hablas de paridad en los Tribunales Selectivos, te comentó que ante una composición de Tribunal de 9 hombres y …1 mujer (contando suplentes) plantee en uno de nuestros Juzgados la vulneración del EBEP y al LO que establece la composición “equilibrada” de hombres y mujeres. El resultado, como era evidente que a la Administración (Universidad) se le había pasado por alto el tema, y no careciendo quizá de valentía suficiente S.Sría, la Sentencia salió por peteneras, señalando que los miembros de la Comisión guardaban la “proporcionalidad” de sexos existentes en … el colectivo de profesores de dicha Universidad. Olé por la sinonimia equilibrada-proporcional. Por cierto, S.Sría. era una mujer. Ya me lo advirtió la procuradora…

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