JOHN GRISHAM: “LA APELACIÓN” Y EL SISTEMA DE SELECCIÓN DE JUECES.

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Acabo de finalizar la lectura de la novela La apelación, obra del celebérrimo autor de best-sellers John Grisham. Aunque la novela, a mi humilde entender, no alcanza el nivel de otras del autor y que no llega a enganchar tanto como lo hacen, por ejemplo, La tapadera, El informe pelícano o Legítima defensa, la verdad es que desde el punto de vista jurídico esta novela aborda un tema recurrente en este foro como es el sistema de elección de los jueces. El argumento de la obra es bien sencillo. Un pequeño bufete de abogados logra de un juzgado estatal una condena millonaria (tanto por daños personales como por punitivos) a una compañía que había contaminado el agua de la zona con residuos tóxicos. La todopoderosa compañía, que contaba amén de con inagotables recursos con una interminable lista de abogados a su servicio, anuncia la apelación frente a la sentencia. Pero su estrategia va más allá: aprovechando que en el estado en cuestión los jueces del tribunal de apelaciones se eligen por votación popular, decide promover a “su” propio candidato, escogiendo para ello a un abogado con una aceptable prestancia física y con una moldeable voluntad jurídica. Con ello se garantizaría no sólo un veredicto favorable en la sentencia de apelación, sino de alguna manera poner coto a las demandas por daños (lo que en el derecho norteamericano se denominan torts). A partir de ahí, toda la novela se centra en narrar la implacable lucha electoral entre el candidato de la compañía (apoyado igualmente por otro poderoso lobby de empresas que buscaban influir para moderar a la baja o incluso restringir las sentencias condenatorias en pleitos por responsabilidad) y la magistrada que ostentaba el cargo, a quien por su parte apoyaban las asociaciones de letrados existentes en dicho estado.

No es la primera vez que Grisham lanza una mirada bastante crítica hacia algunas instituciones del derecho norteamericano, pero sin cuestionar jamás ni el sistema ni la institución en sí, sino únicamente el planteamiento o regulación existente. Si en El rey de los pleitos (traducción española bastante inadecuada para The King of torts) ponía en entredicho el abuso que se hace de las demandas colectivas, con los riesgos que pueden llegar a ocasionar (tanto para el ciudadano como para el abogado), en La apelación centra su punto de mira en la elección popular de los jueces, sistema por el que Grisham no oculta su total desacuerdo. Ahora bien, si no se muestra partidario de las elecciones populares para jueces, tampoco sugiere sustituirlo por un sistema de oposición como el existente en nuestro país. Y es que en un determinado momento de la novela, uno de los personajes secundarios manifiesta lo que a su juicio debería ser el criterio de selección (que en realidad es el existente en un gran número de estados): elección entre abogados con experiencia efectiva y demostrada en los Tribunales, sin que de ningún modo pueda accederse directamente a un tribunal superior, sino que, una vez en un juzgado inferior, se vaya ascendiendo paulatinamente.

He dicho de manera reiterada a lo largo de mis intervenciones en este foro que no soy partidario del sistema de oposiciones para la elección de jueces, porque se satura al aspirante de conocimientos teóricos sin aportarle una visión práctica (incluso el anterior presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias lo reconocía implícitamente en una entrevista que publicó el diario La Nueva España el pasado domingo al narrar su experiencia en el primer destino). Ahora bien, he de reconocer una cosa: es imposible trasplantar sin más el sistema de un país a otro. Aunque no me vuelvo atrás en mi opinión en el sentido de sostener que es mucho más deseable el sistema anglosajón que el continental en cuanto a la selección de jueces, también reconozco que dicho sistema goza de una tradición de siglos, algo de lo que nuestro país carece. Y si no, véase el auténtico desastre que ha supuesto el intento de trasplantar la institución del jurado, inherente a los sistemas anglosajones y que en nuestro país pasa sin pena ni gloria y que, además, en la regulación del mismo se manifiesta de manera nada indisimulada la desconfianza del legislador hacia el mismo. Para bien o para mal cada nación tiene sus propias tradiciones y sus propios sistemas. Aunque ello no quiere decir que deban defenderse a ultranza por el mero hecho de ser patrios.

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2 comentarios el “JOHN GRISHAM: “LA APELACIÓN” Y EL SISTEMA DE SELECCIÓN DE JUECES.

  1. El sistema de selección español basado únicamente en el criterio memorístico no es del todo malo: acredita que quien saca la oposición tiene un muy buen conocimiento teórico del derecho.
    Ahora bien, en mi modesta opinión, deberían incluirse pruebas complementarias de carácter práctico y test piscológicos.

    La cuestión no es tanto -en mi opinión- cómo acceden sino el omnímodo poder y la total exención de responsablidad de que gozan cuando acceden.

  2. Magnífica cita en el post del mágnifico autor John Grisham, del que como tú bien sabes soy un fiel seguidor y lector.

    Sobre el sistema de selección a la Judicatura o cualquier otro Cuerpo Superior de la Administración, comparto con Alegret, que la oposición de inicio, es el sistema más justo y objetivo de cara al acceso de acuerdo con los principios constitucionales de igualdad, mérito, capacidad..

    De todos modos, considero que de nada vale una oposición dura, sacrificada y eminentemente memorística, si luego las Escuelas Judiciales o Institutos Nacionales de las Administraciones,que se supone son el escollo previo a la toma de posesión del candidato seleccionado, son flexibles y auténticos “paseos militares”, sin que se valoré el rendimiento real del funcionario en prácticas, la capacidad potencial para desempeñar el puesto, su perfil psicológico, empatia y sentido común, etc.

    En definitiva, oposiciones más accesibles (que no asequibles), con temarios adecuados y por tanto, no necesariamente ámplios, y que las Escuelas e Institutos por las que tiene que pasar el flamante funcionario, en aquellas Administraciones donde existan (en la Administración del Principado de Asturias no me consta) sean duras y cumplan los fines y objetivos de su creación, que no son otros que elegir el servidor público idoneo.

    Un saludo!

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