LA CONSTITUCIÓN DE BAYONA DE 1808: ESA GRAN OLVIDADA.

Constitución de Bayona

Si nuestro constitucionalismo decimonónico se caracterizó por la existencia de dos modelos un modelo progresista y otro conservador, durante la guerra de la independencia podemos verificar igualmente la existencia de dos grandes modelos, el afrancesado y el “patriota”, encarnados respectivamente por la Constitución de Bayona de 1808 y por la de Cádiz de 1812. Muchos ríos de tinta han corrido acerca del modelo gaditano, tan alejado por otra parte de las corrientes ideológicas que penetrarían en España tras la muerte de Fernando VII y, si me apuran, incluso de las vigentes en la propia época en que “la Pepa” se aprobó. No ha gozado de dicha suerte la Constitución de Bayona, vituperada por ser una obra extranjera, fruto de la ideología napoleónica y sustentada por quienes eran considerados por muchos como traidores a su patria, lo que motivó su apartamiento hasta el punto de que ni tan siquiera aparece en muchas recopilaciones de textos de nuestra historia constitucional. No obstante, quizá dicho texto estuviera más acorde con la situación económica y social del país que el elaborado por los diputados en Cádiz tan sólo cuatro años más tarde. Pues bien, a rescatar del olvido dicho texto normativo se dedica el tomo que a la Constitución de Bayona dedica la serie “Las Constituciones españolas”, editada por Iustel. Al propio texto constitucional añade como documentos de interés no sólo aquéllos en los que Napoleón fundamentaba su legitimidad constituyente (las renuncias de Carlos IV y Fernando VII en Bayona) sino los tres proyectos constitucionales existentes así como muchas de las observaciones planteadas por los españoles convocados a Bayona en tan tristes circunstancias.

El extenso estudio preliminar de Ignacio Fernández Sarasola, una de las mayores autoridades en la materia, aborda el proceso de elaboración del texto constitucional así como las características básicas del estatuto. Teniendo como núcleo básico el modelo napoleónico de la Constitución del año VIII (obra, como bien es sabido, de Sieyes, quien de alguna manera ajustaba así cuentas con las tesis que el mismo autor había defendido en el año 1789) según la modificación que sobre la misma operó el Senado-Consulto del año XII, el texto de Bayona supo incorporar igualmente algunas notas de otras constituciones otorgadas, así como varias de las observaciones de los españoles que acudieron a la Asamblea de Bayona convocada por Napoleón. El modelo alumbrado por el texto constitucional, auténtica carta otorgada, es radicalmente opuesto al modelo gaditano: un monarca configurado como nervio del estado y con un amplísimo margen de maniobra, sobre todo en la función ejecutiva, pero igualmente con destacada participación en los poderes legislativo y judicial; un Consejo de Estado (institución capital en el pensamiento napoleónico y puntal clave del régimen administrativo francés) que asistiría al monarca a la vez que se encargaría de la “parte contenciosa de la administración”; unas Cortes unicamerales y estamentales que eran convocadas y disueltas por el monarca, y cuyas reuniones eran secretas; y un Senado, por último, configurado como órgano no legislativo, sino como institución pensada para garantizar todo el sistema constitucional, pues únicamente el Senado podía suspender las previsiones constitucionales y eran sus dos Juntas Senatorias (la de libertades individuales y la de libertad de imprenta) quienes podían supervisar de alguna manera las vulneraciones a dichos derechos. Un texto, en definitiva, que carecía de eficacia normativa directa, circunstancia ésta que quedaba en manos del monarca, órgano facultado para desarrollar normativamente los preceptos del Estatuto estableciendo como fecha límite a tales efectos el día 1 de enero de 1813, proscribiendo toda posible reforma constitucional hasta el año 1820.

Frente a este modelo napoleónico, los constituyentes gaditanos quisieron oponer uno absolutamente opuesto, caracterizado por un predominio excesivo de unas Cortes unicamerales que configuraban un sistema asambleario. Sistema que no sólo estaba en franca decadencia en aquellos tiempos, sino que la práctica política había demostrado inviable en la Francia de 1791, algo que los diputados gaditanos no podían ignorar. Y, pese a ello, la réplica patriótica al Estatuto consistió en eso, en un modelo desfasado y políticamente ineficaz que llevaba ínsito el germen de la inestabilidad. Por esta última circunstancia, para mí sigue siendo un enigma las razones por las cuales algunas de las mentes más preclaras y lúcidas del momento insistiesen en proponer como alternativa al texto de Bayona este concreto modelo, pero esa ya es otra historia.

Magnífica obra, magnífico estudio introductorio e interesantísimo el grueso del apéndice documental.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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