¿QUIÉN ES MONSIEUR DE VILLEFORT?

Cuando en la adaptación televisiva que en 1975 hizo David Greene de la celebérrima novela de Dumas, un atónito Edmond Dantés, preso mediante engaños, manifestaba a gritos a su carcelero que “Monsieur de Villefort se pondrá furioso”, una voz al otro lado de la celda contestaba “¿Quién es Monsieur de Villefort?” Con este post no sólo pretendemos responder a dicho interrogante, sino que ello sirve de excusa al autor de estas líneas para rendir homenaje a uno de los personajes que más le ha marcado desde que allá en su adolescencia leyó por vez primera la novela El conde de Montecristo. Porque no debe olvidarse que, para que existan héroes, forzosamente han de existir villanos.

¿Quién no recuerda lo acontecido aquel fatídico día 25 de febrero de 1815 cuando en mitad del banquete que festejaba su compromiso de boda con la hija de los señores de Saint-Meran, el sustituto del Procurador del Rey en Marsella, es decir, Monsieur de Villefort, hubo de suspender tal velada para interrogar a un sospechoso acusado de bonapartista? Villefort, que buscaba una alianza con los Saint-Meran no sólo para medrar en su carrera judicial y política, sino para ocultar el pasado revolucionario-girondino de su progenitor, el señor Noirtier. Cuando en el interrogatorio del joven Edmond Dantés, que fue detenido el día de su propia boda, el sustituto del procurador del rey se encuentra con un turbio y delicado asunto –los planes de fuga de Napoleón Bonaparte de su destierro en la isla de Elba, en  los que se encuentra implicado el padre de Villefort-, las simpatías iniciales que por el detenido había mostrado el sustituto del procurador del rey ceden ante la ambición y, sobre todo, ante el temor. Por ello, aprovechando la inexperiencia e ingenuidad de Dantés (que nada sabía del complot y a quien terceras personas habían utilizado sin que el joven lo supiera o se percatara de ello) lo engatusa con palabras amables que ocultan su intención de enterrarlo en vida como prisionero en el castillo de If. Villefort no duda en realizar ese mismo día un viaje de urgencia a París, donde ofrece toda la información al rey Luis XVIII, anticipándose a la noticia de la fuga de Napoleón y, con ello ganando por la mano a los servicios secretos del monarca, ganándose la gratitud y el favor regio.

Cuando un cuarto de siglo más tarde el conde de Montecristo hace su aparición en el París de los años treinta ya bajo el reinado de Luis Felipe, se encuentra con el antiguo procurador del rey como una de las figuras más  prominentes y con más incluencia en la corte, a quien todos respetan y, sobre todo, temen. Pero aquel que debiera toda su carrera a un acto tan siniestro, aquel que infunde temor y respeto a sus subordinados e incluso a sus iguales, es un alma atormentada por las desgracias familiares que le han acontecido y que le acontecen. El éxito profesional y personal de Villefort contrasta con las desgracias y fracasos en su vida privada, marcada por la prematura muerte de su primera esposa y por otro oscuro acontecimiento que no desvelamos al lector por si no ha leído la novela (cuya lectura recomendamos encarecidamente a los usuarios de este blog). Así, cuando el conde de Montecristo pretende vengar la afrenta hecha en su día a Dantés, no tiene que esmerarse mucho en lo que a Villefort se refiere. Únicamente el sincero y profundo amor que el procurador del rey siente por su hija logra despertar las simpatías del lector por tan trágica figura.

Han sido infinitas las adaptaciones cinematográficas y televisivas que de la novela de Dumas se han realizado y ninguna me ha terminado de convencer. Por otra parte, ninguno de los actores que encarnaron a Villefort (un papel en el que, a mi juicio, hubiesen brillado con luz propia un Vincent Price –de ahí la foto que encabeza este post- o un James Mason) logra hacerse totalmente con el personaje. No obstante, hay una escena que, aún no tomada de la novela sino fruto de la imaginación del guionista, retrata a Villefort de cuerpo entero, escena que procede de la adaptación de Josée Dayan protagonizada por Gerard Depardieu y que ofrece el primer encuentro de Montecristo y Villefort cuando aquél acompaña al conde de Morcef a los Tribunales de París (en la novela es Villefort quien, por motivos que no vienen al caso, acude personalmente a la mansión del conde, acontecimiento que se narra en el cuadragésimo octavo capítulo de la obra). Villefort, interpretado por Pierre Arditi, ejerciendo la acusación como procurador del Rey en París, elabora un discurso incendiario, brutal, verdaderamente estremecedor pidiendo la muerte en la guillotina para una mujer acusada de practicar ilegalmente abortos, lo que no impide que con posterioridad atienda solícitamente al conde en el despacho que tiene en el palacio de justicia, despacho que aparece coronado por una tétrica pintura del castillo de If. Escena que ofrecemos a los lectores del blog.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Literatura

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