EL ASESINATO DEL CONDE DE VILLAMEDIANA.

Era ya pasada la medianoche de aquel 21 de agosto de 1622 cuando la carroza atravesaba la madrileña calle Mayor en dirección a San Ginés. Súbitamente un individuo se aproximó por el flanco izquierdo del vehículo y asestó una tremenda estocada al pasajero que ocupaba el flanco siniestro de la carroza, mientras que el segundo pasajero se lanzaba espada en mano contra el agresor y su cómplice, que escaparon aprovechándose de la aglomeración de personas y del bullicio existente. La persona agredida, que falleció casi de inmediato, era una de las personalidades más relevantes de la corte del rey Felipe IV, ostentaba el cargo de correo mayor del Rey y era uno de los más agudísimos ingenios de la poesía del momento. Nos referimos a don Juan de Tasis y Peralta, segundo conde de Villamediana. Lo trágico de su asesinato, así como el no haber sido aclaradas en aquel momento las circunstancias de su muerte, unido todo ello al escaso interés de la justicia en perseguir el crimen dio pábulo a la romántica leyenda del conde quien, siempre según el vulgo, habría sucumbido a un complot cuyo origen se encontraba en las más altas cúpulas del Alcázar Real por haber tenido la osadía de fijar sus ojos en la reina. ¿Qué había de cierto en ello?

Aunque existen destacadísimas ficciones que abordan el asesinato de Villamediana (entre las que destacaría las de Manuel Fernández y González en el siglo XIX y la de Néstor Luján en el siglo XX), lo cierto es que la obra que aborda desde criterios puramente históricos tal acontecimiento es la del poeta Luis Rosales, Pasión y muerte del conde de Villamediana (Gredos, 1969) -que recogía ampliado el discurso de ingreso de Rosales en la Real Academia de la Lengua-, libro del que he tenido la inmensa fortuna de hacerme con un ejemplar. Rosales fue un magnífico poeta, y quizá un hecho muy poco conocido hoy en día es que fue precisamente en su casa donde se llevó a cabo la detención en 1936 de Federico García Lorca. Los hermanos Rosales, afiliados todos ellos por convicciones íntimas a la Falange, se sumaron desde el inicio al Alzamiento, algo sumamente relevante porque Granada fue una de las escasísimas poblaciones andaluzas donde éste triunfó; conocedores de que Lorca tenía profundas enemistades, Luis Rosales, amigo de Lorca, le acogió y escondió en su propio domicilio y fue precisamente en una ausencia de todos los hermanos Rosales (que se encontraban en el frente) cuando García Lorca fue detenido merced a la denuncia de un diputado de la CEDA; cuando Rosales tuvo conocimiento del hecho, hizo lo imposible por salvar a su amigo, pero todos sus esfuerzos resultaron absolutamente infructuosos (por cierto, incluso en la teleserie de Juan Antonio Bardem sobre Lorca se recogen los esfuerzos de Rosales por salvar a su amigo).

Pero regresemos a Villamediana y al siglo XVII. ¿Qué motivó realmente la muerte del conde? ¿Fueron acaso sus versos amorosos que tendrían como destinataria a la reina Isabel de Borbón? Imposible, y ello por dos razones: si bien es cierto que en sus últimos meses Juan de Tasis había fijado sus ojos en la reina (el célebre episodio de “son mis amores reales” y el acontecimiento de la representación teatral en Aranjuez), los poemas en cuestión en los que se ven reflejados sus amores hacia la regia consorte fueron malinterpretados y encubren en realidad una narración del asedio de Felipe IV a Francisca de Tábora. ¿Acaso estuvo tras el asesinato la sombra de lo que entonces se conocía como nefando pecado de sodomía? Si bien es cierto que meses después de la muerte de Tasos se abrió proceso contra varios de los sirvientes del conde bajo la acusación de sodomía y que el propio monarca manifestó que, ante los indicios descubiertos y dado que el conde ya había fallecido se ocultaran los descubrimientos para no destruir su memoria, tampoco parece una causa suficiente para justificar tamaña acción. Rosales manifiesta que, si el conde hubiera sido culpable, o bien en el caso más extremo hubiera perecido en la hoguera (castigo reservado en aquellos tiempos para los culpables de “vicio nefando”) o bien, como hubiera sido lo habitual, al ser el culpable miembro del estamento nobiliario hubiese escapado con una sanción menor; en todo caso, para Rosales el “proceso nefando” no fue más que un intento de destruir la memoria del conde, es decir, su fama y aureola de romántico galán que ya estaba poco a poco extendiéndose por Madrid. ¿Cuál fue entonces la verdadera causa del asesinato? Las verdaderas razones fueron lisa, pura y llanamente políticas. En los meses que siguieron a la muerte de Felipe III y consecuente subida al trono de Felipe IV se desató en las altas esferas una lucha a muerte por la privanza, lucha en la que acabó venciendo Olivares. El conde representaba un auténtico estorbo. Auténtico mujeriego, sus andanzas por los más elevados y bajos mundos de la capital del reino le hicieron partícipe de muchos oscuros secretos, y su cargo de correo real le facilitó acceso a informaciones privilegiadas. Si a ello unimos el agudísimo ingenio de Tasis, que en sus epigramas había puesto como chupa de dómine a casi toda la sociedad madrileña (“Vine a Madrid y no conozco el Prado / y no lo desconozco por olvido / sino porque me consta que es pisado / por muchos que debiera ser pacido“), no le fue difícil a Olivares persuadir al monarca de que lo más aconsejable era una acción directa e inmediata contra Villamediana. Su asesinato, por tanto, no fue más que la ejecución de una sentencia dictada en las covachuelas de palacio. Todo el mundo lo sabía, pero nadie se atrevió a decirlo en voz alta, al menos de manera expresa, porque cierto es que muchos de los poetas más reputados del momento elaboraron versos sobre el asesinato del conde en los que, más o menos explícitamente, se hacían eco de tal sentir. El más conocido es, sin duda, el de uno de los más cercanos amigos del conde, el poeta cordobés Luís de Góngora y Argote, en su célebre décima:

Mentidero de Madrid

Decidnos ¿Quién mató al conde?

Ni se sabe, ni se esconde

Sin discurso, discurrid.

Dicen que lo mató el Cid

Por ser el conde Lozano.

¡Disparate chabacano!

La verdad del caso ha sido

Que el matador fue Bellido

Y el impulso, soberano.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

2 comentarios el “EL ASESINATO DEL CONDE DE VILLAMEDIANA.

  1. Fundamentalmente la que cito en el post: “Pasión y muerte del conde de Villamediana”, de Luis Rosales. Me costó bastante hacerme con ella, pero creo sin duda alguna que ha valido la pena. Es un ensayo magistral que, a mi entender, da en el clavo sobre las auténticas causas de la muerte del poeta fueron estrictamente políticas y no amorosas.

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