WYOMING, BURLAS TELEVISIVAS Y PROGRAMAS DEL CORAZÓN: ¿ES NECESARIO INTRODUCIR EN NUESTRO DERECHO LA FIGURA DEL DAÑO PUNITIVO?

Existe determinado tipo de programas de televisión que con la tan manida excusa de los resultados de audiencia y, sobre todo, con el escudo antibalas de la libertad de expresión se dedican a aventar basura a los cuatro vientos. Insultos; rumores sin confirmar que adquieren patente de veracidad únicamente puestos en boca de rostros más o menos mediáticos que carecen de aval cultural alguno; vergonzosas intromisiones en la vida privada de las personas con la excusa de un presunto “interés” que despierta la vida y andanzas del sujeto  en cuestión; y, por último, bufonadas siniestras emanadas de personajes de currículum tan escuálido que únicamente pueden esgrimir como presentación un inmenso caudal de vanidad que les lleva a considerarse como faros luminosos o guías intelectuales de la sociedad.

Viene esto a consideración de la última polémica que tiene como actor principal a José Miguel Monzón, alias “el gran Wyoming”, personaje que tiene tan mesiánica visión de sí mismo y de sus capacidades intelectuales que todo aquel que no comparta o no entienda su particular sentido del humor o su visión del mundo que le rodea es automáticamente considerado un paria. Pues bien, en una de sus últimas apariciones en el espacio que presenta, dirige y coordina, y en una de las habituales secciones en las que aprovecha para ajustar cuentas con sus rivales ideológicos o personales, manipuló unas declaraciones del periodista Hermann Tertsch para hacerle decir cosas que no dijo y, a partir de la falsificación, elaborar la crítica, la burla y, cómo no, situar metafóricamente la diana sobre el cuerpo del maquiavélico presentador (según, claro está, la visión monzoniana de la realidad). La crítica no se hace, pues, sobre lo que una persona dice, sino sobre las manifestaciones que el crítico pone en boca del criticado, lo que excede con mucho no ya de la licitud, sino de la decencia. El ínclito Monzón no sólo no ha rectificado, sino que, por el contrario, se ha vanagloriado de su peculiar forma de entender el humor. El brillantísimo articulista José Javier Esparza ha publicado un magnífico artículo que lleva por título Wyoming en el describe y analiza de manera insuperable este evento, aunque he de discrepar de su tesis en un punto concreto: el comparar a Wyoming con un bufón. Estimado señor Esparza: los bufones en las cortes medievales eran unos personajes que tenían como única misión el entretener a los monarcas y,  precisamente por ello, estaban autorizados a realizar comentarios y a elaborar determinadas chanzas que al resto de los mortales no les estaba permitido realizar; ahora bien, tales personajes eran perfectamente conscientes de su papel y de sus limitaciones, y jamás bufón alguno se autopostuló como guía espiritual de la sociedad; a Sebastián de Morra, por ejemplo, jamás se le ocurrió medirse con Quevedo, y ni mucho menos pontificar con los padres de la neoescolástica española.

Las cosas están yendo demasiado lejos y se nos están escapando de las manos, con la (¿inconsciente?) complicidad de los Tribunales de Justicia. Porque, en todas las ocasiones en que los Tribunales estiman que, en efecto, determinados programas han vulnerado el derecho al honor de determinadas personas o se han excedido de lo que es la libertad de información, las indemnizaciones con las que condenan a los demandados son tan reducidas que al infractor le sale más rentable el comportamiento ilícito que la cantidad con la que debe resarcir al perjudicado. En efecto, si un determinado programa, por ejemplo (y me baso en un caso real), debe indemnizar con 18.000 euros a un individuo mientras que los beneficios que le ha reportado el ilícito civil cuando menos centuplican esa cantidad, pues imaginen ustedes la situación. ¿Cree alguien en su sano juicio que la sentencia en cuestión va a disuadir al programa de volver a repetir su “gloriosa” hazaña? Se está fomentando, pues, la reincidencia en lugar de la contención. Creo, sinceramente, que en este punto concreto sería bastante efectivo introducir una institución que en el derecho norteamericano de responsabilidad civil por daños (tort law) se conoce como “daños punitivos” (punitive damages), figura consistente en una multa de cuantía extraordinaria y de carácter ejemplificador con fines disuasorios, que es distinta pero complementaria de la indemnización por responsabilidad civil. Si, por ejemplo, en el caso anteriormente indicado se hubiese condenado a la cadena en cuestión a 18.000 euros por daños personales y medio millón de euros como daños punitivos quienes perpetran agresiones al honor de las personas se pensarían muy  mucho en volver a incurrir en tales comportamientos jurídica y moralmente reprochables.

Pero ya se sabe que estamos en un país donde en determinados sectores se fomenta la ilicitud. Aunque sea a base de sentencias condenatorias.

Anuncios

Un comentario el “WYOMING, BURLAS TELEVISIVAS Y PROGRAMAS DEL CORAZÓN: ¿ES NECESARIO INTRODUCIR EN NUESTRO DERECHO LA FIGURA DEL DAÑO PUNITIVO?

  1. Vaya, nunca te había oído hablar hasta ahora del daño punitivo, hasta ahora que le toca a Wyoming. ¿ Y a Losantos o Miguel Ángel Rodríguez, no se les aplica cuando llamaban “asesino” al Dr. Montes entre otras lindezas.
    Seamos serios, colega. No nos enfanguemos en estos lodos. Es mejor dejárselo a los rábulas, que para eso abundan.
    Demuestras de continuo tener mas categoría y mucha mas hondura y profundidad como para entrar en estos trapos tan infectos.

    Alegret

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s