¿ES LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA EL MARQUÉS DE ST. EVREMONDE DEL SIGLO XXI?

Quienes hayan visto la notable adaptación cinematográfica que en 1935 se realizó de la novela Historia de dos ciudades habrán podido observar la magnífica interpretación que Basil Rathbone (excelente actor que interpretaba tanto a los villanos más execrables como al detective y paladín del bien por excelencia) realizaba del personaje del Marqués de St. Evremonde, a quien retrataba de cuerpo entero con dos apariciones que apenas ocupaban tres minutos en una película de algo más de dos horas. Pues bien, resulta curioso el paralelismo entre el comportamiento de Evremonde (odiosa figura en la que se personificaba el tiránico proceder de las clases privilegiadas que detentaban el poder en la Francia prerrevolucionaria) y la Administración del siglo XXI.

La aparición del marqués es digna del halo místico de poder que le rodea, y dentro de su lujosa carroza, atraviesa a toda velocidad las calles de un París azotado por la miseria. En esas calles llenas de mendigos un niño se cruza en el camino del vehículo y es brutalmente atropellado. El conductor y los lacayos del noble acuden raudos a interesarse por el estado del pequeño, pero el niño ha fallecido. Impertérrito, el marqués abre lentamente la puerta, se apoya en el escabel de la carroza y con una expresión impertérrita dice al afligido populacho:

Me parece extraordinario que el pueblo no sepa cuidar de sí mismo ni de sus hijos. Siempre hay alguno en mi camino. A saber el daño que le habrá hecho a mis caballos.

En el film de 1935 la escena finaliza ahí con el marqués indicando a su sirviente “continúa; y deprisa” (calificando el incidente de “irritante”). Pero en la novela el comportamiento de Evremonde es si cabe aún más ruin. Despectivamente arroja una moneda a la calle, y cuando alguien se la lanza a la carroza, el iracundo noble realiza toda una declaración de principios: “Perros! Gustosamente os arrollaría a todos y os exterminaría de la faz de la tierra. Si supiese quién fue el bribón que me ha arrojado la moneda y estuviese lo suficientemente cerca, su cuerpo crujiría bajo las ruedas.”

Volvamos a la película. Evremonde llega a su castillo y ve a su sobrino Charles Darney preparando las maletas para dirigirse rumbo a Inglaterra, incapaz de tolerar las crueldades de su tío. Frente a los reproches de Darney, la contestación del marqués es antológica:

Existe una enfermedad que se llama humanitarismo […] La piedad, querido sobrino, es una enfermedad variante del sentimentalismo. ¿Tienes piedad de los cerdos que comemos? [Darney le indica que los campesinos no son cerdos]. En eso, querido Charles, es en lo que tú y yo diferimos. Mucho me temo, querido preceptor, que ha enseñado a mi sobrino a tomarse esa nueva filosofía de la igualdad demasiado en serio. Bien, yo disfruto leyendo al señor Voltaire y a esos otros filósofos, pero me los tomo a la ligera, como un mero ejercicio mental.

Trasplantemos esa situación de la Francia prerrevolucionaria al mundo de hoy. Cierto que no existen nobles o señores que vayan en carroza, pero sí cargos privilegiados que conducen coche oficial. Cierto que no se atropellan físicamente a campesinos hambrientos (entre otras cosas porque en las ciudades apenas existen campesinos –que no hambrientos- y el atropello de un ciudadano por muy autoridad que se sea acarrearía una molesta publicidad negativa), pero sí existen continuos atropellos del poder a los derechos ciudadanos, atropellos que en numerosas ocasiones reciben el parabién del poder judicial cuando no del propio legislativo. Cierto que el discurso final del marqués sobre la piedad, el humanitarismo y la filosofía de la igualdad no lo suscribiría en nuestra época ningún cargo o autoridad……al menos oficialmente, aunque en privado no me atrevería a afirmarlo rotundamente.

Sólo existe una pequeña diferencia. Evremonde acaba sus días en el lecho de la lujosa habitación de su castillo, con el pecho atravesado con un puñal en cuya hoja se había dejado un pliego con el mensaje “Condúcele rápido a la tumba. De parte de Jacques”. En el siglo XXI es el ciudadano quien recibe de la Administración la puñalada en sus más elementales derechos.

En cierta ocasión, Gustavo Bueno decía algo así como que las instituciones europeas recordaban a las alfombras y privilegios existentes en el antiguo régimen. En definitiva, y en otras palabras….a Evremonde.

Si el amable lector desea contemplar la escena de esta gran película, puede encontrarla en el minuto 6:25 del vídeo que le ofrecemos a continuación.

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