McDANIEL v. BROWN: ADN Y EL MARGEN DE ERROR EN LA CONDENA PENAL.

El pasado 11 de enero de 2010 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos daba a luz la sentencia del caso McDaniel v. Brown, donde se abordaba el papel y la relevancia de las pruebas de ADN en una condena penal. El asunto llega al Supremo no derivado del caso penal en sí, dado que Brown fue condenado en un juzgado estatal, sino del posterior procedimiento de habeas corpus instado por aquél frente a su condena.

Los hechos se remontan a la madrugada del 29 de enero de 1994, cuando Jane Doe, una niña de nueve años fue violada en el dormitorio de su caravana. La policía sospechó inmediatamente de Troy Brown, quien a lo largo de todo el procedimiento (tanto en su fase de investigación policial como en la judicial) manifestó rotundamente su inocencia, aunque reconoció que se encontraba borracho e incluso que cuando se despertó la mañana siguiente reconoció a un amigo que no recordaba nada de lo ocurrido en la noche anterior. Tanto Troy Brown como su hermano Travis residían cerca del parking donde se encontraba estacionada la caravana donde Jane fue violada, y ambos eran amigos de la menor y de su familia. La víctima fue incapaz de identificar correctamente a su agresor porque el lugar de los hechos se encontraba muy oscuro, aunque mencionó a Troy y a su hermano Trent, testimonio que posteriormente amplió en su declaración policial al indicar que sí podía afirmar que su atacante llevaba tejanos oscuros, cazadora negra con cremallera, botas y reloj, así como que apestaba a cerveza, vómito o algo parecido. Aunque el testimonio de Jane contenía algunas afirmaciones que no concordaban con los hechos, lo cierto es que varios testigos identificaron aquella noche por los alrededores de la caravana a Troy Brown llevando la vestimenta descrita por Jane en su declaración. No obstante, la prueba de cargo más poderosa contra Troy Brown consistió en los restos de semen que se extrajeron de la ropa interior de la víctima. El perito de la acusación analizó tal prueba y concluyó que los restos de ADN coincidían con los de Troy Brown, y que el margen de error era de uno entre tres millones; igualmente concluyó que la posibilidad de que el ADN correspondiera a uno de los hermanos de Troy era una entre seis mil quinientos. El letrado de Brown no aportó en el juicio prueba alguna ni llamó a ningún perito para contrastar tales resultados. En consecuencia, el jurado condenó a Troy culpable de violación y le sentenció a cadena perpetua con posibilidad de acceder a la libertad condicional en diez años. Apelada tal decisión al Tribunal Supremo de Nevada (sobre la base de que su condena no se encontraba fundamentada en pruebas concluyentes que determinasen la culpabilidad más allá de una duda razonable), éste confirmó íntegramente la sentencia de instancia, sobre la base de que existían testimonios y declaraciones que avalaban la culpabilidad del condenado.

Ahora bien, desde Jackson v. Virginia, el condenado por un tribunal estatal puede solicitar su libertad en un procedimiento de habeas corpus ante un tribunal federal sobre la base de que la prueba obrante en autos no pueda evidenciar la culpabilidad del acusado más allá de una duda razonable. Brown instó un procedimiento de habeas corpus aportando como única prueba un nuevo informe de un perito forense en el que, sin desautorizar las conclusiones del obrante en autos, reduce el margen de error a uno entre diez mil e igualmente rebaja la probabilidad de que el ADN correspondieran a un hermano de Troy a uno entre mil veinticuatro. Sobre esa base, el juzgado de distrito estimó la petición de Brown y concedió el habeas corpus, decisión que fue confirmada por el Tribunal de Apelaciones. El asunto accede vía certiorari al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, quien accede a conocer el asunto para determinar si en el procedimiento de habeas corpus la doctrina Jackson fue correctamente aplicada.

El Tribunal se enfrenta a dos cuestiones, cuales son el valor de las pruebas de ADN a la vista del segundo informe y la posibilidad de que el ADN obtenido perteneciera a uno de los hermanos de Troy. Respecto a la primera de las cuestiones, el Tribunal Supremo es tajante:

Even if the Court of Appeals could have considered it, the Mueller Report provided no warrant for entirely excluding the DNA evidence or Romero´s testimony from the Court´s consideration. The Report did not contest that the DNA evidence match Troy. The DNA evidence remains powerful inculpatory evidence even though the State concedes Romero overstated its probative value by failing to dispel the prosecutor´s fallacy. And Mueller´s claim that Romero used faulty assumptions and underestimated the probability of a DNA match between brothers indicates that two experts do not agree with one another not that Romero´s estimates were unreable.

En definitiva, que el Tribunal Supremo indica que las pruebas de ADN siguen siendo una poderosa prueba de cargo frente al acusado, y que el informe aportado por Troy Brown en el procedimiento de habeas corpus no desautoriza las conclusiones del elaborado por el estado ni mucho menos avala su inocencia, sino que únicamente reduce el margen de error que, aún reducido, sigue siendo notablemente bajo. Además, insiste el Tribunal, no sólo existe la prueba de ADN sino testimonios adicionales y declaraciones de testigos que no han sido impugnados ni puestos en duda.

La misma conclusión predica el Tribunal Supremo respecto a la posibilidad de que el ADN correspondiera a uno de los hermanos de Troy. El Tribunal considera que no puede admitirse tal aserto como base para la existencia de una duda razonable porque, dado que Troy tenía cuatro hermanos y dos de ellos se encontraban en Utah en el momento de cometerse el crimen, el porcentaje ha de concentrarse no entre cuatro, sino entre dos de los hermanos, por lo que no puede prosperar la solicitud de habeas corpus.

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