EL AFFAIRE OBAMA-ALITO SOBRE CITIZENS UNITED: ¿DESCORTESÍA PRESIDENCIAL O INCORRECCIÓN JUDICIAL?

El pasado miércoles, en la sede de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, el presidente Obama pronunció el discurso sobre el estado de la Unión, ante los representantes y contando con la asistencia de seis de los jueces del Tribunal Supremo, entre ellos el chief justice John Roberts. Pues bien, Obama no dejó pasar la ocasión de lanzar un mensaje al Tribunal Supremo. Tras una suave palmadita en la espalda a la institución judicial, viene la perla, la peregrina del jefe del ejecutivo en relación a la sentencia Citizens United v. Federal Election Commission. Las manifestaciones del mandatario estadounidense fueron las siguientes:

Con el debido respeto a la separación de poderes, la semana pasada el Tribunal Supremo ha derogado un siglo de legislación, que creo abrirá las puertas a intereses especiales (incluyendo corporaciones extranjeras) para aportar capital ilimitado en nuestras elecciones. No pienso que las elecciones americanas deban ser controladas por los más poderosos intereses americanos, o peor, por entidades extranjeras. Deben ser decididas por el pueblo americano. Insto a demócratas y republicanos a que presenten un proyecto de ley que ayude a corregir algunos de estos problemas”.

Justo en este momento la cámara que retransmitía el evento abandona momentáneamente el rostro de Obama para centrarse en los seis jueces presentes. Uno de ellos, Samuel Alito, hace un movimiento negativo de cabeza y susurra algo que algunos, correspondería a la expresión “eso no es verdad”. Esas dos reacciones han dado lugar a una intensa polémica entre analistas en torno a las relaciones entre el ejecutivo y el judicial, o más concretamente en lo apropiado o no tanto de las manifestaciones de Obama como la reacción de Alito.

Partamos de un hecho cierto, como es que el discurso sobre el estado de la Unión es de naturaleza netamente política, es decir, algo equivalente a nuestro debate sobre el estado de la nación; ahora bien, igualmente es una tradición que en los Estados Unidos los magistrados de Tribunal Supremo (salvo rarísimas y contadas excepciones) acudan a dicho evento, dando así una sensación de unidad al concentrarse los tres poderes del estado en un mismo acto. Es igualmente cierto que lo normal es que los magistrados permanezcan impasibles ante las manifestaciones del jefe del ejecutivo (aunque no faltaran casos de gente que de forma estentórea mostraran gestualmente público apoyo a determinados asertos presidenciales) si bien es igualmente cierto que es absolutamente excepcional un ataque abierto a una resolución del alto tribunal. No se está hablando aquí de ideologías (entre los asistentes al discurso de Obama se podía contemplar claramente a los pro-demócratas Ruth Bader Gisburn, Stephen Breyer y Sonia Sotomayor), sino de formas.

Mi opinión personal es que no pueden equipararse las reacciones de Obama y de Alito. El primero, figura cuya exaltación mediática (sobre todo en la prensa europea) roza la veneración, realizó públicamente un ataque directo a una sentencia del Tribunal Supremo (bien es cierto que no al Tribunal como institución, sino a una resolución muy concreta) pero con argumentos claramente demagógicos e insuficientes, pues al decir que el Tribunal ha puesto fín a “un siglo de legislación”, pues lo mismo podría decirse del Roe v. Wade o del Brown v. Board of Education, por ejemplo; amén de que las manifestaciones en cuestión estaban total y absolutamente premeditadas. Por el contrario, la reacción de Alito, amén de no estar en modo alguno preparada y resultar espontánea debido a unas imprudentes manifestaciones del presidente, hubiera pasado desapercibida si la cámara se hubiese concentrado en ese momento sobre los magistrados, quizá por la expresa y clara alusión presidencial. Obama pecó de una grave descortesía en público, mientras que Alito manifestó una disconformidad no públicamente, sino en un gesto por lo bajo, disconforme con las manifestaciones del mandatario norteamericano. Obama, como cualquier jefe ejecutivo, se asemeja así a un tahúr que juega con las cartas marcadas, pues siempre podrá criticar impunemente al Tribunal sin que pueda darse la situación contraria, porque en este último caso siempre se alegará que “el juez está para juzgar y no para opinar de política”. En definitiva, que si un miembro del ejecutivo puede opinar impunemente sobre lo acertado o no de una resolución judicial clara injerencia del ejecutivo en el judicial) la opinión de un juez sobre las opiniones presidenciales sobre una sentencia no es admisible en un “estado de derecho”, ni tan siquiera como legítima defensa ante una agresión dialéctica.

En esto Obama también ha roto esquemas, porque han sido contadísimas las excepciones en que se ha producido un ataque directo a una sentencia del Tribunal Supremo norteamericano por parte del jefe del ejecutivo. Quizá sea precisamente esa la razón del orgásmico entusiasmo de la prensa española por Obama, el que éste acredite poseer los rasgos más siniestros de la actual casta política española.

Ofrecemos al lector interesado un vídeo con la imagen del acontecimiento en cuestión

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de Monsieur de Villefort Publicado en Política

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