IL TROVATORE

Il Trovatore es una de las obras cumbres de la operística, donde el genio de Giuseppe Verdi vuelve a brillar con luz propia. El drama y tragedia que rezuma la obra está aderezada con una música que ha calado hasta hacerse verdaderamente popular. Pero quizá lo que muchos no saben es que el argumento de esta pieza musical, basado en la obra literaria “El trovador” de Antonio García Gutiérrez, está ambientada en España y tiene como protagonista a un miembro del clan de los Luna, el poderoso linaje aragonés que llegó incluso a sentar a uno de sus miembros en el solio pontificio.

Tragedia, amores, desafíos, conflictos tanto en el campo bélico como en el del amor, jalonan toda la obra, que tiene un impactante comienzo: en los jardines del palacio del Conde de Luna, Ferrando, la mano derecha del aristócrata, narra a un grupo de soldados la historia de los dos hijos del viejo Conde de Luna y cómo uno de ellos desapareció tras haber sido ejecutada en la hoguera una gitana que merodeaba alrededor de la cuna del pequeño. El Conde murió convencido de que su hijo desaparecido aún estaba vivo, convencimiento en el que persevera el actual titular del condado. El Conde está enamorado de Leonora, pero ésta ha sucumbido al asedio amoroso de Manrico, un trovador que apoya a la facción rival de Luna. Para enredar aún más la trama, Manrico creció bajo los cuidados de Azuzena, la hija de la gitana ajusticiada por el viejo conde de Luna. Así pues, toda la obra se nos presenta como un conjunto de personas a quienes consume un enorme deseo de venganza: Azucena desea vengarse del Conde de Luna por ser hijo del verdugo de su madre; Manrico desea a su vez vengarse de Luna tanto por el amor de Leonora como por complacer los deseos de la persona a la que cree su madre; Luna desea a su vez vengarse de Manrico no sólo por el amor de Leonora, sino por una cuestión algo más mundana como es la rivalidad política que separa a las facciones que ambos rivales lideran. Pero entre tan tétricas y oscuras ambiciones hay tiempo para el amor, que da lugar a algunas de las melodías más bellas de la ópera. Aunque el héroe de la ópera es sin duda alguna Manrico, no puedo dejar de sentir cierta simpatía por Luna. Consumido por la promesa que hiciera a su padre, agotado por lo infructuoso de la búsqueda de su hermano y frustrado por el sincero amor que profesa a Leonora (amor no correspondido) uno no puede más que sentir que las circunstancias han sobrepasado al aristócrata.

Existen varios momentos que musicalmente alcanzan lo sublime. Comenzando por el diálogo entre Ferrando y los soldados, que abre la ópera; pasando por el trío de Leonora, Luna y Manrico que cierra el primer acto; el coro de gitanos que abre el segundo acto; el momento culmen del dramatismo, donde Manrico confiesa a Azucena que, cuando había combatido al conde y lo había derribado teniéndolo indefenso a su merced, no pudo matarlo porque “una voz del cielo me indicaba que no lo hiciera”; el doloroso lamento del conde de Luna, a quien la sonrisa de Leonora “despeja las tinieblas de mi corazón” y para quien “En vano un Dios rival se opone a mi amor” y, por supuesto, hasta el archipopular “Di quella pira” donde Manrico abandona a Leonora para acudir presuroso al rescate de su madre porque “era su hijo antes de amarte”. Sin duda alguna el amante de la música encontrará algunas de las más bellas piezas del género lírico. Aunque existen muchas grabaciones de esta ópera con magníficos intérpretes, a mi humilde entender la que supera con creces a las demás es la realizada en 1962 por Franco Corelli (realmente insuperable hasta el punto que prácticamente nadie ha interpretado y tardará mucho tiempo en haber alguien que interprete a Manrico como lo ha hecho él), Leontyne Price y Ettore Bastianini bajo la impecable dirección de Herbert von Karajan, que pueden encontrar editada por la Deutche Grammophon.

Ofrezco a los lectores del blog tres fragmentos de la ópera que a mí más me gustan: el momento en que Manrico confiesa a Azucena que ha sido incapaz de matar al conde de Luna pese a tenerlo derrotado e indefenso a sus pies (Mal reggendo all´aspro assalto), el lamento amoroso del conde de Luna que finaliza con una declaración de guerra a la divinidad (Il balen del suo sonriso – Per me ora fatale) y, por último, la bellísima declaración de amor de Manrico a Leonora que culmina con la llamada a las armas para ir a rescatar a la gitana en el conocido y archipopular Di quella pira (A si ben mio – Di quella pira)

Anuncios
de Monsieur de Villefort Publicado en Música

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s