BERGHUIS v. THOMPKINS: INTERPRETACIÓN RESTRICTIVA DE LOS DERECHOS MIRANDA

Ayer día 1 de junio de 2010 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos publicaba su sentencia Berghuis v. Thompkins, donde consagra una interpretación restringida de los famosos derechos Miranda. El célebre caso de 1966 sigue dando mucho que hablar porque, pese a la aparente claridad de su doctrina, ésta continúa ofreciendo en la práctica zonas bastante oscuras. En el supuesto concreto enjuiciado, se procedió a leer con claridad tales derechos al detenido en cuestión, un ciudadano (Thompkins) acusado de asesinato, y a quien el agente encargado de su interrogatorio solicitó que leyese en voz alta el formulario de los derechos, cosa que hizo, pese a que se negó a firmarlo. El problema se planteó porque durante el interrogatorio policial el detenido no solicitó la presencia de abogado y tampoco hizo uso de su derecho a guardar silencio, sino que si bien a ciertas preguntas no contestó, a otras lo hizo con monosílabos o movimientos de cabeza, hasta que el agente de policía le preguntó textualmente si creía en Dios a lo que, tras contestar el detenido expresamente que sí, posteriormente le preguntó si rezaba y, más en concreto, si rezaba para que Dios le perdonara por haber matado a un chico, a lo que Thompkins contestó que sí. Sobre esas manifestaciones, vertidas en una declaración que se prolongó durante tres horas, se le condenó en un juzgado, condena que fue ratificada por el Tribunal de Apelaciones. Posteriormente Thompkins planteó un procedimiento de habeas corpus al entender que sus declaraciones en el interrogatorio policial debían excluirse al haberse realizado vulnerando los derechos Miranda, tesis que fue rechazada por el juzgado federal, pero que sin embargo fue acogida por el Tribunal de Apelaciones del Sexto circuito judicial.

El Tribunal Supremo enmienda la plana al Tribunal de Apelaciones y en una sentencia adoptada por cinco votos (los de Anthony Kennedy –el ponente-, Roberts, Scalia, Thomas y Alito) frente a cuatro (Stevens, Gisburn, Breyer y Sotomayor, quien redactó un enérgico voto particular) manifiesta que si un detenido pretende invocar sus derechos Miranda en un interrogatorio policial, y, en concreto, hacer uso de su derecho a guardar silencio, debe manifestarlo expresamente, de tal manera que no puede inducirse que está haciendo gala de tal derecho por la mera circunstancia de guardar silencio o no cooperar abiertamente con los agentes; porque si actúa de tal manera sin manifestar expresamente su intención de acogerse a su derecho constitucional de guardar silencio y posteriormente contesta a alguna pregunta o cuestión, aunque sea con monosílabos, tales contestaciones serán constitucionalmente válidas y podrán utilizarse en el ulterior proceso.

En definitiva, un paso atrás y una interpretación restrictiva o rigurosa de los derechos Miranda.

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