SEMANA NEGRA: POZO SIN FONDO.

Un año más, ese pozo sin fondo que es la Semana Negra vuelve al término municipal gijonés para detraer del presupuesto municipal las cantidades que regularmente se le asignan y que según la información que publica hoy el diario El Comercio, antaño glorioso e imprescindible órgano creador de opinión local degenerado tiempo ha en oficioso vocero del Ayuntamiento, alcanza los 218.900 euros, de los cuales 173.900 corresponden a la generosa donación de la corporación gijonesa y los restantes 45.000 a la Administración autonómica, cifra esta última engañosa porque a la misma debe añadirse la donación en especie de tres millones de euros en que se ha fijado el coste de adecuación de la parcela en el campus universitario donde, en próximos años, se celebrará este evento en sucesivas ediciones. Me pregunto si esas ayudas, subvenciones y prebendas cumplirán estrictamente con la normativa, y sería interesante que se informase si, previamente a la recepción de tales cantidades, el beneficiario de las mismas ha cumplido con los inacabables requisitos formales que se imponen al ciudadano medio cuando solicita cualquier ayuda o subvención por un importe que ni de lejos alcanza la centésima parte de la que se ha concedido al inevitable Taibo.

La verdad es que la “Semana Negra” (léase PIT) es el auténtico Guantánamo gijonés, es decir, un espacio totalmente inmune y ajeno a todo tipo de control. Formalmente es una sociedad anónima y no se puede acceder a sus cuentas (o al menos esa fue la excusa que esgrimieron los actuales regidores de la ciudad), lo cual es incompatible con el celo y mimo con que la Administración local cuida y protege a dicha entidad. Pero, lo que es más grave, la zona territorialmente ocupada por la semana negra durante los días en que perpetúa sus actividades en la zona supone un atentado cotidiano a multitud de preceptos de nuestro ordenamiento civil, penal, administrativo y laboral. Sin embargo, podemos felicitarnos de que el evento en cuestión nos ofrece todo un espectáculo cinematográfico. Veámoslo:

1)      En pasadas sesiones, el inefable PIT manifestó públicamente que los vendedores de películas y discos piratas que vendieran sus productos en el recinto estarían a salvo de la policía local. Dodge, ciudad sin ley, con la salvedad de que aquí no tenemos un Wyatt Earp ni un Bat Masterson.

2)      En la pasada edición, cualquier ciudadano podría comprobar atónito cómo multitud de tenderetes y chiringuitos (algunos, por cierto, que despachaban comida) invadían literalmente la playa, ocupando una zona de dominio público. Los invasores en versión chusca (o “pueblerina”, por utilizar una expresión del mismísimo PIT)

3)      En las sucesivas ediciones del evento uno puede comprobar que las más elementales medidas de seguridad e higiene en el trabajo brillan por su ausencia. Vive como quieras, pero carente de la elegancia de Jimmy Stewart y aderezada, por el contrario, con la grotesca faz de PIT.

4)      Año tras año PIT recibe cuantiosos emolumentos de Ayuntamiento y Principado y de los cuales vive el resto del año. Programa doble: El golpe y Con el dinero de los demás.

5)      Se le ofrecen gratuitamente unos terrenos cuyo propietario es la Universidad y, para mayor escarnio, dado que no eran aptos para celebrar tan imprescindible y necesario evento, se le ofrecen ya totalmente acondicionados. Los Blandings ya tienen casa.

Claro, ante tanto dispendio económico y dada la casi servil dependencia de recursos públicos, Taibo tiene que disimular la verdadera naturaleza del evento, y disfraza de “evento cultural” lo que no es más que una cansina y reiterada aglomeración de chiringuitos de comida, bocadillos y bebidas combinado con “entretenimientos” como norias (no la de Telecinco, aunque no sería de extrañar que un año de estos se contase con la presencia de Jordi González como estrella cultural de la jornada), caballitos y similares.

Eso sí, la impagable regidora gijonesa manifiesta hoy que “la Semana Negra es cultura, tiene la intervención de escritores muy acreditados en el género de la novela negra y por eso tiene el éxito que tiene. A quien no le guste, es su problema“. Con total merecimiento debería PIT ser conocido a partir de ahora como “El corsario negro” por su inestimable aportación a la cultura y a identificar nuestra ciudad con dicho evento: Gijón, ciudad negra.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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