EL REVERENDO, EL CORÁN Y LA HOGUERA: ANÁLISIS CRÍTICO.

La reciente decisión de Terry Jones, el pastor de una pequeña iglesia de Florida, en el sentido de proceder a realizar un llamamiento para realizar el día 11 de septiembre una quema masiva de ejemplares del Corán ha creado una enorme polémica mundial, donde no sólo el Presidente de los Estados Unidos, sino la comunidad internacional y el mismísimo Santo Padre han expresado públicamente su discrepancia con la medida. Conviene, a la hora de abordar dicha medida, diseccionar entre el aspecto puramente legal y el de conveniencia u oportunidad. Vayamos, pues, por partes.

1)      Desde el punto de vista legal, ¿Tiene el pastor Terry Jones el derecho a obrar de tal manera? En otras palabras, ¿Otorga el ordenamiento jurídico norteamericano la facultad o derecho subjetivo a Terry Jones para proceder a la quema del libro sagrado de los musulmanes? La respuesta es inequívocamente positiva, pues es una actitud que encuentra su acomodo en el freedom of speech consagrado en la primera enmienda constitucional. El propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha tenido la ocasión de pronunciarse al respecto en temas análogos. Sin duda alguna el más célebre de ellos es el Texas v. Johnson [491 U.S. 397 (1989)] donde la cuestión a debatir era precisamente si la quema de una bandera norteamericana podía considerarse como una forma de libertad de expresión consagrada en la primera enmienda. Un muy dividido tribunal, en una resolución elaborada por William Brennan y que contó con el apoyo de Thurgood Marshall, Harry Blackmun, Antonin Scalia y Anthony Kennedy sostuvo que, en efecto, la quema de la enseña norteamericana estaba protegida por dicho precepto constitucional (la sentencia contó con un enérgico voto particular de John Paul Stevens y otro de William Rehnquist, adhiriéndose a este último los magistrados Byron White y Sandra Day O´Connor). El Congreso intentó dejar sin efecto dicho pronunciamiento judicial aprobando la Flag Protection Act, norma que fue declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el caso United States v. Eichman [496 U.S. 310 (1990)]. Por tanto, y desde el punto de vista estrictamente legal, Terry Jones obra dentro del margen que le otorga el texto constitucional dentro del derecho de freedom of speech (sería ridículo sostener que la quema de una bandera norteamericana está amparada por la libertad de expresión y la quema de un libro coránico no).

2)      Desde el punto de vista del acierto de la medida (o, por utilizar una expresión que el actual artículo 22.2 de la Ley del Gobierno heredó de la antigua Ley de Procedimiento Administrativo, la “necesidad y oportunidad” de la misma). En este sentido creo que la medida es profundamente reprobable, porque, se quiera o no, el Corán es el libro sagrado de millones de personas que abrazan sinceramente la creencia islámica, de la misma manera que millones de individuos profesan la fe cristiana y tienen la Biblia como su texto religioso. La quema de un libro sagrado es una ofensa gratuita e innecesaria a los fieles de dicha religión, sea ésta la que fuere. A todo ello añado de mi cosecha un dato adicional, que es la falta de cultura y de educación que demuestra toda persona que queme un libro.

Ahora bien, si uno echa un vistazo a la prensa patria de estos días podrá observar que quienes más han puesto el grito en el cielo por la decisión de Terry Jones de proceder a la quema pública de ejemplares del Corán, son los mismos que han no ya justificado y amparado, sino incluso alentado expresiones, y actos profundamente ofensivos para la otra gran religión monoteísta. En efecto, quien tenga memoria recordará como la televisión de cierto grupo mediático fácilmente identificable emitió un video en el que mostraba cómo “cocinar un Cristo” (sic), sin que dicho grupo pareciese entonces preocuparse o tener en mente lo ofensivo que dicho vídeo podía ser para los millones de cristianos de todo el mundo. Entonces se echaba mano a la libertad de expresión como justificante. Ello lleva entonces a concluir que la oposición a la actual quema de coranes no obedece a un principio (respeto a la fe de los creyentes musulmanes) sino a un estímulo muy concreto: el miedo. En efecto, hoy en día la agresión o la ofensa a un símbolo cristiano es gratuita, mientras que la más mínima no ya ofensa, sino molestia hacia un símbolo o creencia islámica colocaría al autor de la misma en peligro mortal.

En resumen, que los medios que han criticado la quema pública de ejemplares del libro sagrado de los musulmanes no lo han hecho en nombre de unos principios (lo que sería digno de encomio), sino por cobardía. Eso es lo criticable y lo triste del presente asunto.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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