CLASE POLÍTICA Y DISPENDIOS INNECESARIOS O EL SÍNDROME PRERREVOLUCIONARIO FRANCÉS.

En la década de los ochenta del siglo XVIII Francia vivió una importante crisis económica. Las clases privilegiadas, fundamentalmente la aristocracia y la nobleza menor, se resistían a arrimar el hombro, dado que el sistema impositivo existente en la época hacía recaer el peso de los tributos en la burguesía y en el pueblo llano. En época de crisis, donde en la misma capital se veían escenas de gente muriendo de hambre, sin embargo la élite privilegiada miraba para otro lado. Mientras familias enteras sufrían los rigores de la crisis económica en sus carnes, en Versalles no se escatimaban recursos a la hora de dilapidar los fondos del tesoro que se derrochaban en meros divertimentos para distraer el ocio de la élite gobernante. Todos sabemos cómo acabó la situación: el clima prerrevolucionario acabó culminando en la revolución francesa, con las consecuencias de todos conocidas.

Hoy en día vivimos una situación bastante parecida a la existente en la Francia prerrevolucionaria. Una grave crisis económica cuyo rigor se acentúa en las clases medias y bajas, que son quienes están soportando todo el brutal esfuerzo (aumento de la presión fiscal, aumento de los precios, congelación salarial, aumento de la edad de jubilación, recorte de pensiones) mientras la élite política, heredera de la aristocracia palatina del antiguo régimen, aumenta considerablemente sus privilegios garantizándose el presente y el futuro. Episodios tan vergonzosos como el de los tristemente célebres “pinganillos” de nuestra Cámara Alta, que cuestan al erario público nada menos que doce mil euros por sesión, son para dar qué pensar: que en un contexto económico como el que vivimos se derroche tan alegremente esa cantidad, a la vez que el señor Anasagasti dice para justificarse que “la democracia es cara” (sic) no hacen más que aumentar la distancia, ya abismal, que separa la élite política de la gran mayoría de los ciudadanos, mientras que el desprestigio de esa casta privilegiada es cada vez mayor. A ello debemos unir el privilegiado régimen fiscal que poseen, la que podríamos llamar “jubilación dorada” y, además, el nuevo régimen de impunidad que se han autootorgado con la última reforma penal.

En el siglo XVIII el desprestigio de la corona francesa era tal que fue suficiente un vergonzoso episodio, el célebre affaire del collar de María Antonieta (del que, por cierto, la reina era absolutamente inocente al ser totalmente ajena a la maquinación) para encender los ánimos del populacho. Pues bien, ayer, en la tertulia-debate que tuvo lugar en el programa Lágrimas en la lluvia, uno de los invitados, catedrático de derecho constitucional, indicó que Europa estaba viviendo en estos momentos una situación prerrevolucionaria. Ojalá que el profesor se equivoque, pero los paralelismos de la actual situación con la vivida en el país vecino en 1789 son preocupantes. Quiera Dios que no se entronice de nuevo la guillotina como símbolo de la igualdad.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

Un comentario el “CLASE POLÍTICA Y DISPENDIOS INNECESARIOS O EL SÍNDROME PRERREVOLUCIONARIO FRANCÉS.

  1. Mr. de Villefort, totalmente de acuerdo con lo expuesto.

    Sólo añadiría, desde el punto de vista de la responsabilidad individual como ciudadano, que pese a ser todo lo dicho cierto, no toda la culpa la tienen los políticos, sino todos y cada uno de nosotros, que con nuestras acciones y omisiones diarias, hemos permitido que la situación llegue a este punto.

    Hasta que todos nosotros no recuperemos la conciencia cívica y seamos conscientes de que la única forma de cambiar el sistema es cambiarnos a nosotros mismos y a nuestro pequeño círculo, estando dispuestos no sólo a disfrutar de los derechos, sino también a cumplir nuestras obligaciones para con los demás, todo seguirá igual, a no ser porque todo lo que no mejora empeora.

    Es claro que nos estamos convirtiendo en una sociedad adolescente y adocenada, a la que, fuera del trabajo, sólo nos preocupa evadirnos constantemente y entre la que se ha instalado la sensación de que no se puede cambiar ni hacer nada.

    Los científicos ya han demostrado que el cerebro funciona exactamente como un músculo, en el sentido de que cuanto más se ejercite, más se desarrollan las redes neuronales y por lo tanto su rendimiento.

    Lo que está pasando actualmente es exactamente lo contrario, puesto que frente a personas muy concienciadas y mentes preclaras y anónimas que uno se encuentra a diario, conviven demasiada gente que no ejercita el cerebro, que sólo sabe quejarse y no hacer nada, con lo que con esa masa social, es difícil promover un cambio que no sea como el de los sans-culottes, o sea violento.

    Pese a todo, tengo mucha confianza en el ser humano y, mal que bien y pese que, como decía el tango, el siglo XX ha sido un despliegue de maldad insolente, hemos ido mejorando con los siglos, con lo que esperemos que en lugar de la violencia desatada de la revolución francesa, se pueda dar un cambio más pacífico como el que se dio en Sudáfrica y que tan bien refleja la película Invictus o, sin ir más lejos, el que se dio en la misma España con la transición.

    Un saludo

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