EL PREOCUPANTE Y DESCORAZONADOR FUTURO DEL ABOGADO SOLITARIO.

Hace casi un año publicábamos en esta bitácora un post titulado La soledad del abogado individual, intervención que ponía de manifiesto el estado de abandono en que se encontraban los pequeños despachos de abogados, dejados de la mano de Dios y de quienes ni Colegios profesionales, ni Jueces y Magistrados ni clientes se preocupaban demasiado. Pues bien, a fecha de hoy considero que si de algo pecaron las afirmaciones vertidas en dicho artículo han sido de optimistas, pues el futuro de los despachos individuales lo considero inviable y a muy corto plazo. Y no por una sola circunstancia, sino por varias que se han acumulado  o concentrado en un brevísimo lapso de tiempo y que hoy por hoy constituyen como la hoja de la guillotina que se encuentra en proceso descendente para rebanar el cuello a los pequeños profesionales:

1)      La escasa consideración de los Colegios profesionales hacia los pequeños despachos. En efecto, si un abogado individual tiene un problema el Colegio no moverá un dedo; si un cliente impugna una minuta a un letrado individual el Colegio será implacable a la hora de aplicar los honorarios. Por el contrario, si quien se encuentra afectado es el titular o el integrante de un gran bufete de notoria fama o pomposa denominación, el ente corporativo inclinará solícito la cerviz y no sólo allanará el camino, sino que incluso facilitará la tarea de esa gran empresa.

2)      La actitud de ciertos jueces y magistrados frente al abogado individual. Por regla general que admite honrosísimas y notorias excepciones, no se contempla de igual manera a un abogado que únicamente aporta su trabajo que a un profesional que tiene tras de sí a una poderosa entidad. La capacidad de presión indirecta que tiene el pertenecer a un bufete de prestigio, directa o indirectamente influye en determinados miembros del poder judicial para rebajar el listón de tolerancia o relajar ciertas severidades.

3)      La cada vez más creciente legislación motorizada. Aquellos tiempos del abogado como una especie de médico de cabecera que igual podía encargarse de un juicio de faltas que de la tramitación de una incapacidad han pasado a mejor vida, dado que la complejidad del ordenamiento jurídico es tal que, aunque uno lo intentase, es fácticamente imposible abarcar todas las ramas del ordenamiento. Y no digo ya todas, sino ni tan siquiera una sola rama. Pensemos, por ejemplo, en alguien que pretenda dedicarse al derecho administrativo, que engloba el derecho fiscal, el derecho urbanístico, el derecho de la función pública, el derecho administrativo sancionador, el derecho regulatorio de la actividad económica, que ya de por sí constituyen auténticos subsectores dentro de la rama. ¿Es posible que un abogado pueda dominar la materia urbanística y, a la vez, pretender dominar áreas específicas de, pongamos por caso, el derecho laboral?

4)      Impacto de la Ley Omnibus. La entrada en vigor de esta norma ha pasado desapercibida, pese a la notoria importancia que la misma va a tener sobre la actividad profesional no sólo de los letrados, sino de todos los empresarios y profesionales en general. Esta norma tiene una vertiente positiva, y es que de una vez por todas sienta las bases para la supresión de la colegiación obligatoria, esa reliquia del siglo XIX que aún pesa como una losa de granito sobre la cabeza del sufrido profesional. Pero por otra, al liberalizar los honorarios profesionales, deposita otra losa aún más pesada al facilitar que determinado tipo de personas utilicen ciertos servicios y, a posteriori, se muestren disconformes con los honorarios. ¿Acaso no suena familiar a muchos oídos la frase “me parece mucho lo que cobras” o “me parecen excesivos tus honorarios” (siempre, por supuesto, después de realizado el trabajo)?

5)      Masificación del mercado. Quiérase o no el sector de la abogacía está absolutamente masificado. La Ley de Acceso a las profesiones de Abogado y Procurador ha pretendido evitar que inicien su actividad nuevos profesionales sin la adecuada preparación, pero creo que únicamente va a suponer un mero parche. Cada año continúan entrando en el sector un gran número de profesionales (si bien el número se ha ido reduciendo paulatinamente durante el último lustro) sin que exista actualmente capacidad para absorber toda esa oferta.

6)      Crisis económica. El último factor, algo más coyuntural, es la situación de crisis económica que actualmente vive nuestro país y que está ocasionando el cierre de muchas pequeñas y medianas empresas. El profesional que ve cómo sus gastos fijos (alquileres, consumos, cuotas) no sólo no disminuyen sino que aumentan y que sus ingresos no sólo aumentan, sino disminuyen (tanto por la liberalización de los honorarios como por la creciente morosidad) lógicamente pensará que un negocio no está para perder dinero, y que un despacho profesional no es una O.N.G.

Todas estas circunstancias llevarán, sin duda, a un proceso que implicará la desaparición de muchos de los despachos individuales de abogados, bien por el cierre de muchos de ellos o bien por el inicio de un proceso de concentración o fusión de otros que, sin duda, reportará muchas ventajas a todos los niveles.

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2 comentarios el “EL PREOCUPANTE Y DESCORAZONADOR FUTURO DEL ABOGADO SOLITARIO.

  1. Me parece que sobredimensiona usted el “impacto” de la Ley Omnibus…A día de hoy(y mucho me temo que con carácter indefinido)la colegiación es obligatoria para el ejercicio de la profesión. Colegios que, como usted viene a apuntar, muy poco harán por el pequeño abogado y que no suponen más que un injustificable obstáculo para el acceso al mercado…

  2. Quierido amigo, no estoy de acuerdo completamente con lo que dice pues si recuerda ahora el dicho de que “cada uno tiene su público” habrá de tenerse en cuenta a aquellos que como yo no se encuentran inmersos en el globo de la acaparación y sí en el logro de la satistafacción de las necesidades de quienes realmente lo necesitan y cada día son más. Un amplio campo que cada dia va a más. Los colegios, cuanto más provicianos menos elitistas, y salvo algunas ciudades , la mayoria necesita a esos aislados abogogados que pululan por ellas. es mi opinión.
    Ese “cada uno tiene su público” implica abandono de ciertos sectores sociales que requieren una ayuda desintesada y vehiculandola por cualquier colegio conseguimos sacarlos a flote, precisamente, del espiritu con que acertadamente nos alerta.
    Un saludo.
    Esto lo puedo decir porque por suerte consegui llegar a un equilibrio, en todos los sentidos, que me permite dedicar mi tiempo a solventar necesidades no creadas por la naturaleza de las cosas y que son dificiles de llevar a buen termino pues la irracionalidad, como sabe sobradamente, es la norma.
    Así que si bien es cierto lo que dice, no es aplicable a mi entender al mundo de la realidad a pie de sueño.

    Un afectuoso saludo.

    PD. Los colegios provincianos como el mio(que cobran de los inscritos 60€) satisfaceran cualquier deseo o ayudarán a solventar cualquier preocupación por pequeño que el el aboga pueda ser.

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