CARLOS CARNICER DEFIENDE LA COLEGIACIÓN OBLIGATORIA.

En el número 63 de Lex-Nova La Revista (correspondiente a los meses de enero-marzo de 2011), se contiene una larga entrevista a Carlos Carnicer, Presidente reelecto de ese remedo de democracia orgánica denominado aún Consejo General de la Abogacía Española (quienes estén familiarizados con el pensamiento de Ahrens y de los primeros organicistas españoles en cuanto a las formas de elección de los denominados “cuerpos intermedios” comprenderán por qué añado el adjetivo “orgánica” al sustantivo “democracia”). Tras enumerar los retos y objetivos primordiales de dicho ente, realiza las siguientes manifestaciones: “Yo apuesto siempre por la colegiación obligatoria para todas las profesiones reguladas que tengan título universitario. Por nuestra experiencia, no existen sectores ocluidos a la actividad comercial, cuando ésta es absolutamente libre. La experiencia que nos ha dado la ´invisible` mano del mercado señala que donde existe un espacio que se vacía, inmediatamente otro ocupa su lugar. Si se suprimen las funciones que hoy prestan los Colegios Profesionales de forma desinteresada, otros las prestarán con un mayor coste social”. Bien, es una opinión que como tal, yo evidentemente respeto, pero que desde este foro es público y notorio no comparto en absoluto. En primer lugar, llama la atención que el representante de los profesionales habla de servicios prestados “de forma desinteresada”, y manifieste su preocupación porque si los Colegios Profesionales desapareciesen ello supusiese un mayor “coste social”. Y digo que llama la atención no sólo porque no se ofrece dato alguno que avale dicha afirmación, sino porque, incluso de ser cierta, sería chocante viniendo de quien viene. No es misión del Presidente de la Abogacía preocuparse del mayor o menor “coste social”  que la supresión de las funciones encomendadas a los Colegios supondría (para ello existen otros colectivos y sectores), sino de velar, defender y luchar por los intereses de la profesión, algo que sinceramente no veo esté haciendo.

El mayor problema que tiene este país es el rechazo a cambios y el artificial mantenimiento de determinadas situaciones por pura inercia histórica. No es que quien esto suscribe entiende que debe suprimirse de raíz una determinada institución simplemente porque ésta tenga ya sobre sus espaldas determinado número de años, lustros, decenios o siglos, sino que ha de atenderse simplemente a un criterio de utilidad, en este caso, la utilidad que los Colegios Profesionales tienen para el colegiado. Estoy seguro que si se hace una encuesta libre entre todos los sujetos a la colegiación obligatoria más del noventa por ciento abogarían por suprimir tal obligatoriedad o, cuando menos, modificar el régimen financiero de los colegios profesionales para que el profesional liberal que no tiene otra opción que pertenecer a dicha entidad no venga obligado a satisfacer con sus cuotas tan decimonónicos entes.

Me permito recordar que muchas de las prestaciones asistenciales hoy consideradas inherentes a un estado social y democrático de derecho (educación, asistencia a personas necesitadas) antiguamente se prestaban por entidades al margen del Estado como tal, quien únicamente a raíz de los cambios ocasionados a raíz de la revolución francesa asumió como propias esas funciones, sin tener o no en cuenta para ello el mayor “coste social” que evidentemente supondría. Que el Estado (o las Comunidades Autónomas) asumieran como propias las funciones de los Colegios de Abogados no supondría ningún coste social añadido y sí un mayor beneficio para los ciudadanos. Y ello por no hablar que con la Ley de Acceso al Ejercicio de las Profesiones de Abogado y Procurador muchas de las “justificaciones” que los Colegios de Abogados esgrimían para defender su existencia van a caer por su propio peso.

Nadie saldría perdiendo con la supresión de tan cadavéricos entes. Bueno, nadie no. Únicamente perdería esa clase dirigente que un lustro sí y otro también monopoliza los puestos como si de cargos políticos se trataran. Porque eso y no otra cosa supone hoy en día el ejercer un cargo dentro de un colegio profesional. Un cargo político más. A costa, eso sí, del bolsillo del sufrido profesional, ese mismo profesional que en caso de apuros se verá abandonado a su suerte por estos “representantes y defensores de los intereses de la profesión”.

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2 comentarios el “CARLOS CARNICER DEFIENDE LA COLEGIACIÓN OBLIGATORIA.

  1. Yo no iría tan lejos en mis afirmaciones, pero sí es cierto, y ahí queda para la reflexión, que con independencia de la utilidad puntual del Colegio, que no niego, en estos entes se encuentran fijos y enquistados una serie de personajillos a modo de casta nobiliaria que puestos a investigar, constituyen un auténtico árbol genealógico de decanos, ex-decanos, delegados, ex-delegados y todos los afines a los mismos, tantos, que ríete tú del nepotismo y pesebrismo político.

  2. Sí, hombre,sí, Sr. Carnicer…¿y por qué no la colegiación “universal” obligatoria? Había que colegiar hasta a…¡ Manolín el gitanu!

    Y es que teniendo en cuenta que los servicios y contraprestaciones que recibe un colegiado humilde (los no ejercientes también pagan Sr. Carnicer) son inversamente proporcionales a las jugosas cuotas que perciben, pues el chollo ya lo tienen montao.

    Ál menos, sería un detalle que tuvieran la deferencia de enviar (por el medio que sea) la revista colegial a un amigo íntimo mio (no ejerciente), que abona religiosamente sus cuotas colegiales, a cambio de recibir…¡NADA!

    ¡Manos arriba!

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