EL ESTADO DE LA UNIÓN: FRANK CAPRA UN «INDIGNADO»?

Frank Capra fue uno de los directores que quizá más contribuyó a levantar el ánimo de la población norteamericana en momentos tan difíciles como los que siguieron a la profunda crisis económica iniciada en 1929 con el desplome de la bolsa. Films como It happend one night, You can´t take it with you o Mr. Deeds goes to town lograban arrebatar una sonrisa al espectador en momentos difíciles, a la vez que abría la venta a a un optimismo que siempre enfocaba en una redención personal del adinerado, el capitalista sin escrúpulos tan magníficamente encarnado por Edward Arnold en el segundo de los títulos indicados. Pero Capra también ajustó sus cuentas con el mundo de la alta política: si en principio fue Mr Smith goes to Washington, quizá el ataque más furibundo contra la política y los políticos profesionales es la que realiza en 1948 con El estado de la Unión, película que rodara inmediatamente después de concluir la celebérrima It´s a wonderful life.

El estado de la Unión es la historia de un póstumo intento de venganza política y de una victoria personal. El agonizante magnate periodístico Sam Thorndyke (una brevísima pero intensa aparición de Lewis Stone), frustrado candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos deposita en su hija Kay (una magnífica pero atípica Angela Lansbury) no sólo su imperio mediático, sino sus deseos de venganza contra el partido que le privó de sus aspiraciones. Siguiendo los deseos de su progenitor, Kay opta por utilizar los medios periodísticos para bloquear la convención republicana e imponer su propio candidato, Grant Matthews (un divertido Spencer Tracy), trabajador incansable que ha logrado levantar un emporio desde la nada y que tiene en su haber el incuestionable éxito de haber puesto de acuerdo a empresarios, sindicatos y trabajadores, pero que carece de todo tipo de experiencia política. Grant, que pese a estar casado con Mary (Katherine Hepburn) tiene un affair sentimental con Kay, es sometido al “tutelaje” del periodista “Spike” McManus (Van Johnson) y de Jim Conover (Adolphe Menjou), típico exponente de la casta política profesional. Grant, inicialmente reacio a la idea de verse como presidente, acepta convencido de que puede suplir su inexperiencia política con su enorme facilidad para llegar al ciudadano de a pie. Sin embargo, sus propios deseos chocan con la dura realidad, expuesta en una durísima frase que le espeta el político Conover “Los ciudadanos no facilitarán su nominación”. Así, mientras Grant Matthews pretende llegar al corazón del pueblo americano ganándose a la gente, Conover pretende llegar al cargo ganándose a la élite política, empresarial y social. El propio Grant parece sucumbir a la tentación, pero Conover tiene un magnífico oponente en Mary, la resignada esposa de Grant y, paradójicamente, su más fiel aliada junto con un McManus que, escéptico aliado de Kay Thorndyke al principio, acaba cautivado por la arrolladora personalidad de Matthews, de quien admira su carácter de no-político. No revelaremos el final de la película, aunque quien conozca las cintas de Capra podrá imaginárselo sin dificultades. Quien decida visionar esta cinta no se arrepentirá, porque junto a elaborados diálogos que dan pie a una seria reflexión sobre la política y los políticos, cuenta con escenas divertidísimas, como aquélla en la que una avioneta pilotada por dos trabajadores de Grant se coloca a la altura del aeroplano que conduce a éste, finalizando con el aspirante a candidato presidencial a los mandos del avión enzarzándose ambas naves en una competición aeronáutica por todo lo alto con giros y piruetas; o aquélla en la que representantes de sindicatos y empresarios están en habitaciones separadas de un mismo hotel para desesperación de Conover, quien queda atónito cuando Matthews logra no sólo unirlos en un mismo salón, sino que los empresarios inviten a una cerveza a los representantes de los trabajadores.

Pero, insisto, quizá lo más relevante de esta cinta sean las acusaciones iniciales del personaje encarnado por Tracy a la política y a los políticos, a quienes acusa de “dividir”, más que de “unir”, por simples conveniencias o motivos personales. Grant aboga por centrarse en lo que une, y no en lo que separa; por acercarse a la gente, no por alejarse de ella y cortejar a los grandes empresarios. En definitiva, que ello hace de Capra un “indignado”…..hace ya sesenta y tres años.

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