MANUEL MACHADO: EN RECUERDO DE UN GRAN POETA INJUSTAMENTE OLVIDADO.

En nuestro país existe la nefasta costumbre, a la hora de valorar la obra literaria de un autor, de anteponer siempre las consideraciones políticas sobre cualquier otra circunstancia. Pensemos, por ejemplo, en Ramiro de Maeztu, uno de los grandes periodistas que ha dado este país, injustamente olvidado por su orientación política tardía como director y articulista de Acción Española; o, en el polo opuesto, Federico García Lorca, cuya notable poesía se ha visto magnificada debido a su orientación política y a su trágico final. Tanto Maeztu como Lorca fueron víctimas de la guerra, e incluso un reciente estudio debido a un prestigioso historiador, a la hora de abordar el final de ambos autores, habla de Maeztu como la víctima que el franquismo quiso oponer a otro “muerto ilustre”, que fue García Lorca (soberana estupidez en un doble sentido, pues si ambas muertes fueron lamentables, comparar a Maeztu con Lorca es improcedente por dos potísimas razones: ni por estilo –Lorca era fundamentalmente, poeta sin pretensiones de ideólogo; Maeztu un cronista político y uno de los pilares fundamentales de Acción Española). Las mismas consideraciones extra-literarias pesan sobre otro grandísimo poeta andaluz de apellido Machado: don Manuel Machado.

Todo el mundo conoce a Antonio Machado y muchos de sus poemas, pero ya no son tantos los que conocen no ya los poemas, sino la propia existencia de Manuel (1874-1947), el hermano mayor de Antonio. Ambos hermanos estuvieron siempre muy unidos, e incluso fruto de su colaboración literaria son obras dramáticas como La Lola se va a los puertos, Las desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel, Las Adelfas o La duquesa de Benamejí. Su obra poética, era sin duda alguna más popular y costumbrista que la de su hermano Antonio (dado que éste, so pena de una falsa descripción poética de los paisajes encubría en la mayoría de las ocasiones una contemplación subjetiva teñida de melancólicos estados pasionales) quien siempre manifestó una gran admiración por la obra de su hermano mayor. Quizá muchos recuerden el Autorretrato de Antonio (“Mi infancia son recuerdos/de un patio de Sevilla….”), pero quizá no muchos sepan que su hermano Manuel tiene igualmente escrito un autorretrato en verso, en concreto el que con el título Adelfos sirve de inicio a su libro Alma: “Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron / soy de la raza mora, vieja amiga del sol / que todo lo ganaron y todo lo perdieron. / Tengo el alma de nardo del árabe español”. Qué decir de su visión poética del mundo taurino, magníficamente versionada en La Fiesta Nacional (“Una nota de clarín desgarrada, penetrante, rompe el aire con vibrante puñalada…Ronco toque de timbal. Salta el todo en la arena. Bufa, ruge…Roto cruje un capote de percal….”), su conjunto de poemas agrupados en Cante Hondo, o en Sevilla. Sin duda alguna quizá suene familiar a parte del gran público la versificación que Manuel realizó del destierro del Cid (“El ciego sol se estrella / en las duras aristas de las armas/llaga de luz los petos y espaldares/y flamea en las puntas de las lanzas./El ciego sol, la sed y la fatiga./ Por la terrible estepa castellana/ al destierro, con doce de los suyos/polvo sudor y hierro, el Cid cabalga.”). La poesía de Manuel Machado, popular y emotiva, está cuando menos a la altura de la de su más célebre hermano. ¿Cuáles son, pues, las razones del olvido? Pues son de naturaleza netamente política; es más, recuerdo que en el libro de literatura española del siglo XX que quien suscribe estudió en el ya lejano año que cursaba el Curso de Orientación Universitaria (el editado por Anaya y debido a Fernando Lázaro y Vicente Tusón) se aludía a esa circunstancia pudorosamente encubierta con la expresión “motivos extraliterarios”. En efecto cuando la guerra civil cubrió trágicamente de sangre y fuego el territorio patrio, Antonio puso todo su talento literario al servicio del bando republicano, mientras que Manuel se situó desde el principio como un firme sostén del bando nacional. No por ello los dos hermanos dejaron de apreciarse en la lejanía, pero sus visiones del conflicto fueron diferentes. Así, Antonio dedicaba un soneto a Enrique Líster mientras Manuel entonaba loas del general Franco. Ya es hora de que este país se libre de prejuicios extraliterarios cuando se trata de enjuiciar la obra de nuestros grandes autores. Que Rafael Alberti haya participado en labores de la represión en el Madrid republicano no implica un destierro de su magnífica e irrepetible obra poética, como tampoco debemos sin más arrojar al olvido a José María Pemán simple y llanamente por haber elaborado el Poema de la bestia y el ángel.

Por cierto, en mi biblioteca personal han encontrado acomodo tanto Federico García Lorca como Ramiro de Maeztu; tanto Víctor Pradera como Rafael Alberti. Y, por supuesto, tanto Manuel como Antonio Machado, aunque en este caso el hermanamiento es aún más intenso, dado que el ejemplar que poseo es el grueso ejemplar que la venerable edición de Biblioteca Nueva realizó de las Obras Completas de los hermanos Machado, cuya lectura, por cierto, recomiendo encarecidamente a todo aquel interesado en la buena literatura.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Literatura

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