TAIBO, LA AMENAZA Y LA SEMANA NEGRA. VÁYANSE A CHICAGO.

Hoy lunes día 1 de agosto de 2011 los gijoneses podían observar tanto en el diario El Comercio como en La Nueva España que el director de la Semana Negra, el inefable Paco Ignacio Taibo II, lanzaba un órdago a la grande a la corporación gijonesa en forma de expresa amenaza: si antes del día 15 de septiembre no se garantiza que en futuras ocasiones el festival se celebrará en la misma ubicación que el presente año y con apoyo institucional y económico del Ayuntamiento, el evento se celebraría en otro lugar. No es infrecuente que el señor Taibo se lance abiertamente a emitir comentarios descalificando a todos aquellos que no comparten su peculiar entusiasmo por el evento que él califica de lúdico-cultural, y ahí están sus manifestaciones calificando de “pueblerinos” (sic) a quienes osen hacer pública su discrepancia con la semana negra, o sus descalificaciones al rector de la Universidad de Oviedo. Ahora bien, lo que ya rebasa el umbral de lo tolerable es que una persona que llena sus bolsillos con la generosa subvención que año sí y año también recibe de este Ayuntamiento lance abiertamente una amenaza en forma de exigencia. Me permito plantear en voz alta las siguientes reflexiones:

1.- Sin duda alguna el señor Taibo, que posee excelentes relaciones cuando menos de amistad con los anteriores regidores de la ciudad de Gijón, sabrá que existe un proceso judicial que tiene como finalidad dilucidar la titularidad de la parcela donde este año se ha celebrado la Semana Negra. En otras palabras, que se trata de dilucidar si el Ayuntamiento es o no propietario legal de la misma. ¿Puede por tanto la Corporación municipal empeñar su palabra cuando la titularidad dominical está en juego?

2.- En un contexto de crisis económica donde se pide a todos los sectores de población que han de ajustar sus economías, el señor Taibo pretende constituirse en excepción. En otras palabras, redúzcanse las nóminas de los funcionarios, congélense los salarios, auméntense los impuestos, pero no se toquen las generosas cantidades que Gijón da año sí y año también a la Semana Negra.

3.- ¿Cuáles son las vías de financiación de la Semana Negra? Conocemos los ingresos que en metálico (subvenciones del Ayuntamiento y cantidades que el señor Taibo cobra a cada uno de los “chiringuitos” por instalarse en “sus” dominios) y en especie (en forma de acondicionamiento de parcela, limpieza y seguridad), a los que habría que añadir la exención de facto del abono de tasa por ocupación del dominio público. Sólo el dinero invertido en acondicionar la parcela para que PIT y Cía se instalasen en la nueva ubicación daría para traer a la Orquesta Filarmónica de Viena (por utilizar el mismo ejemplo que ha utilizado el sin par director del evento) durante todo un año.

4.- ¿Es concebible que un particular se permita exigir, así, en imperativo, a toda una corporación municipal? No estamos ante una solicitud, ante el planteamiento de una disyuntiva, sino ante una auténtica exigencia con todas las letras. Pues bien, esto es intolerable, en PIT o en quien sea. Es lógico que el nerviosismo se apodere de una persona cuando ésta ve peligrar su modo de vida, máxime cuando éste consiste en recibir anualmente una elevada suma de dinero que garantiza al perceptor dedicarse en exclusiva al dolce far niente. De todas formas, con su último exabrupto el señor Taibo únicamente ha confirmado lo que era ya una evidente o notoria realidad: que carece de las más elementales normas de educación y de urbanidad. Eso sí, intentando disfrazar su “amenaza” de manera que parezca que el culpable, en todo caso, es el amenazado.

El señor Taibo ha manifestado que el certamen posee muchas “novias”, e incluso ha aventurado varias posibles ubicaciones para el próximo año. Yo, personalmente, le sugiero una ciudad que vendría como anillo al dedo a la Semana Negra y a su director: la ciudad de Chicago. Allí podrá sin duda alguna lanzar sus habituales baladronadas a una población acostumbrada a lidiar con amenazas, pues no en vano hace casi noventa años veía a uno de sus más célebres inquilinos manifestar a la hora de analizar el problema del clima de terror que vivía dicha urbe en plena ley seca: “Hay violencia en Chicago, pero no es culpa mía ni de ninguno de los míos. Y les diré por qué: porque es mal negocio” (si hemos de creer a Brian de Palma). Se ve que hay cosas que no cambian, pese a que medien casi un siglo y un océano de por medio.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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