“SUEÑOS DE JUVENTUD” O ANTIGUAS LECCIONES PARA NUEVOS PROBLEMAS.

Como he insistido en numerosas ocasiones, el visionado de un buen film clásico puede enseñarnos numerosas lecciones que trascienden la gran pantalla para servirnos en nuestra vida cotidiana. Es el caso de la película Sueños de juventud (Alice Adams), dirigida en el año 1935 por George Stevens e interpretada por Katherine Hepburn y Fred MacMurray. Nos cuenta la historia de Alice Adams, una joven de familia humilde que vive junto con sus padres y su hermano en una pequeña casa en las afueras de una ciudad cuyo nombre nunca llegamos a saber. El padre y el hermano de Alice, trabajadores en una industria farmacéutica cuyo dueño les trata con una bondad exquisita, se muestran conformes con su estatus, pero Alice y su madre tienen delirios de grandeza, de manera que aquélla acude a grandes fiestas organizadas por la élite social (si bien con vestidos usados y con ramos de flores cortadas del parque) y sueña con poder contraer matrimonio con un joven de la alta sociedad. Así, mientras el progenitor y el hermano intentan que ella mantenga los pies en la tierra y se acomode a los ingresos familiares, la madre no duda en acosar literalmente a un esposo enfermo para que realice actos de disposición que, aún endeudándoles, permitan a su hija “pescar” a un joven de buena familia. Y así, cuando la joven Adams se enamora de Arthur Russell (MacMurray) las presiones de la señora Adams sobre el cabeza de familia se acentúan. Así, para impresionar al joven Russell la matriarca de los Adams no duda en invitarle a una cena familiar donde no faltarán adornos florales, una copiosa y opípara comida servida por una oronda sirviente de color (una, por cierto, divertidísima Hattie McDaniel a quien aún faltaba un trienio para ser mundialmente conocida por su papel de la esclava Mammy en Lo que el viento se llevó). Como no podía ser menos, la cena resulta un desastre y los dispendios en los que incurrió el patriarca, malísimamente mal asesorado por su esposa, le impiden socorrer a su hijo cuando necesita urgentemente una enorme suma. La situación llega al desastre incluso con implicaciones penales, siendo así que……..pero mejor que el lector compruebe por sí mismo el final de la historia mediante el visionado de esta magnífica película que dura poco más de cien minutos. No se arrepentirá.

La historia de Alice Adams es la historia de nuestro país en la última década. ¿Acaso no se reconoce en nuestra clase dirigente (sin excepción) en el personaje de la señora Adams, más preocupada por gastar en aparentar que por adecuarse a los ingresos familiares? ¿Acaso nuestra clase política (sin excepción) no ha incurrido en el mismo vicio que el señor Adams, haciendo caso omiso del sentido común y dejándose engatusar por engañosos cantos de sirena realizando dispendios sin sentido? ¿Acaso nuestros dirigentes no son como la joven Alice, que buscando el beneficio personal se olvidan de que existen otros miembros de la familia que pueden tener necesidades en el momento más imprevisto y que la vida no sólo es uno mismo? Y ¿Acaso nuestro país no es como esta familia que, llegado un momento de apuro, se ve con el agua al cuello por dispendios innecesarios e irreflexivos?

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