EL OCASO DE LOS INTELECTUALES.

Hubo un tiempo en que el término “intelectual” gozaba de un aura de merecidísimo prestigio, de tal manera que la persona designada con tal calificativo podía sentirse verdaderamente orgullosa y, lo que es más, presumir de poseer no sólo una cultura, sino una manifiesta capacidad para orientar el pensamiento de la ciudadanía. Nombres como Gumersindo de Azcárate, Pi y Margall, Cánovas del Castillo, Besteiro, Maeztu, Ortega…..Todos ellos se han hecho un lugar no sólo en la historia en general, sino en la del pensamiento político en particular. Esa época de brillantísimos primeros espadas (diestras y zurdas) ha pasado a mejor vida.

Ayer caía en mis manos el libro Conservadurismo heterodoxo, debido a Pedro Carlos González Cuevas. El profesor González Cuevas había dedicado un par de estudios genéricos a la historia del conservadurismo español (en concreto Historia de las derechas españolas, y su algo más reciente El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX), un libro dedicado a tres grandes pensadores del conservadurismo patrio y europeo (La tradición bloqueada, donde afrontaba el pensamiento de Ramiro de Maeztu, Charles Maurras y Carl Smitt), y un notable ensayo biográfico dedicado a Ramiro de Maeztu, obra ésta sin duda alguna de lectura obligada y que supone el primer estudio biográfico en condiciones dedicado al gran pensador español (el anterior, debido a Vicente Marrero y que databa del año 1955, aun siendo imprescindible por la abundancia de datos y documentos, se hallaba lastrado por una deficiente metodología). Pues bien, en su último libro, al enfrentarse al pensamiento de tres ideólogos como Barrés, Ortega y Fernández de la Mora, el profesor Cuevas indica textualmente en su introducción: “Pero, en general, la derecha actual ha tendido a sustituir al intelectual y al pensador político por el agitador mediático y el polemista. Sobran nombres, porque son de todos conocidos. Los agitadores mediáticos han sido eficaces a la hora de movilizar a los sectores conservadores de la población, pero su perspectiva político-cultural es muy limitada, por no decir superficial y sumamente tosca. Los polemistas han conseguido articular una pseudohistoriografía presuntamente revisionista caracterizada por el oportunismo y la superficialidad. Se trata de obras carentes de credibilidad: son un conjunto de refritos, peras síntesis en el mejor de los casos, sin originalidad ni calidad alguna. De esta forma, en el mundo de la derecha, y lo mismo podríamos decir en el de la izquierda, se ha impuesto la más profunda banalidad y la más chabacana mediocridad…..”. Tales ideas ya las había adelantado en un artículo publicado en el número 61 de la revista electrónica El Catoblepas, donde incluso ofrece los nombres de los autores pudorosamente silenciados en el libro. Bien es cierto que las reflexiones del profesor González Cuevas se refieren al pensamiento de la derecha española (por ser el objeto principal de su estudio y el centro de sus obras), pero las mismas podrían extenderse, como bien dice, claramente al de la izquierda. Y es que la brillantez ha dado paso a la mediocridad; el pensamiento lógico y coherente a la vacuidad intelectual más absoluta; el discurso elaborado al amazacotamiento más soez; y, en fin, la educación, las buenas formas y lo que antaño se designaba como “urbanidad” a la zafiedad y la grosería más absoluta. Los grandes pensadores, las figuras brillantes del XIX y el XX español han desaparecido para dar paso a lo que el profesor González Cuevas denomina “agitadores mediáticos”, que en la mayor parte de los casos poseen un ínfimo nivel cultural que es posible disimular cada vez más gracias al nefasto sistema educativo español que en vez de formar cada vez deforma más a los estudiantes.

Un ejemplo ilustrará mejor este particular. ¿Cuántas veces han escuchado en los telediarios que “un grupo de intelectuales” se ha manifestado a favor de tal o cual causa? ¿O que determinada medida cuenta con el “apoyo de intelectuales”? Les reto a que se fijen en los nombres (casi siempre los mismos). Hace ya tiempo decía el sociólogo Amando de Miguel que la degeneración del término “intelectual” era evidente hasta el punto de que hoy en día se califica como tales únicamente a quienes firman manifiestos, sin tener en cuenta consideración adicional alguna. Mucho me temo que en este aspecto, al profesor De Miguel le asiste toda la razón.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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