POR LA AUTOFINANCIACIÓN SINDICAL

De la guerra yo saqué esta lección que quiero clavar en vuestras mentes: ni en la guerra ni en la paz, por cualquier clase de motivos, se deben entregar las facultades directivas del Estado a los sindicatos. La fuerza del sindicato, cuando es desbordante, muestra con frecuencia síntomas de degeneración. Ello es explicable porque toda fuerza sin freno, todo poder sin contención, tiende fatalmente al abuso. Los sindicatos, que aportaron masas inmensas de heroicos combatientes, estorbaron, a través de sus elementos directivos, la acción del Gobierno.

(Indalecio Prieto, conferencia pronunciada en el Círculo Pablo Iglesias, México, 1942, citado en José Antonio Navarro Gisbert ¿Por qué Ganó Franco? Las causas de la derrota contadas por los republicanos, Áltera, Madrid, 2011, p. 90)

Estas palabras vinieron como un resorte a mi memoria cuando escuché el encendido discurso de un líder sindical autonómico muy en boga en los últimos días por sus frecuentes excesos verbales. Pero a su vez, las manifestaciones del meritado líder sindical me plantearon otras profundas reflexiones que no logro expulsar de mi cabeza. Y son las siguientes:

1.- ¿Por qué tanto que se habla de autofinanciación de las confesiones religiosas no se habla de autofinanciación de las centrales sindicales? Que yo sepa, la consideración del sindicato como entidad pública es un concepto nacional-sindicalista que el franquismo adoptó, pero derruida la antigua Organización Sindical Española, formalmente los sindicatos con entidades privadas. Sin embargo, miles y miles de españoles con sus impuestos han de sufragar los gastos de estas entidades; y de otras muchas que tampoco lo merecen, como organizaciones empresariales, partidos políticos y similares. Ya es hora de acabar con este modelo de financiación sindical heredado de una concepción propia de épocas afortunadamente superadas. Pero esta financiación pública crea una endogamia que trae consecuencias absolutamente nefastas y contrarias al espíritu sindical: ¿Alguien piensa que se va a morder la mano del que te da de comer? En caso de conflicto entre el Estado y los trabajadores ¿A quien va a defender el sindicato? Lógicamente, a aquel que más contribuya a llenar sus arcas, y todos sabemos cual es la mayor fuente de ingresos sindicales, y no precisamente las cuotas.

2.- ¿Cómo se explica que en una país con más de cinco millones de parados y de una precariedad brutal en el empleo los líderes sindicales gocen de una estabilidad envidiable? Vean, si no, a Cándido Méndez, secretario general de la UGT desde 1994. Otros nombres como Manuel Fernández “Lito” o Justo Braga que ya eran conocidos a principios de los ochenta continúan con envidiable estabilidad. Quosque tandem abutere patientia nostra?

3.- ¿Cómo es posible hablar de sindicatos “más representativos” en un país con unas tasas de afiliación sindical que apenas superan el diez por ciento? En efecto, si hemos de creer la información oficial, la tasa de afiliación sindical española es del 15% de los trabajadores, una de las más bajas de la Unión Europea.

 Ciertamente, la posición de debilidad del trabajador frente al empresario precisa de mecanismos que corrijan esa desigualdad. Para eso nació el sindicato, y para eso poco a poco fueron aprobándose una serie de normas tutelares que al correr del tiempo pasaron a constituir el corpus del derecho laboral. Pero si fue justo y necesario el nacimiento de las centrales sindicales, así como es necesario que continúen existiendo unos sindicatos verdaderamente representativos y auténticos defensores del trabajador, no puede permitirse continuar con un sistema de financiación que es una auténtica lacra para los propios trabajadores. Y no se me diga que ello destruiría económicamente al sindicato, puesto que en otros países este tipo de entes perviven únicamente merced a las cuotas de los trabajadores que los integran; lo único que ocasionaría la autofinanciación es, precisamente, que el sindicato hubiera de orientar sus ojos, sus oídos y su boca hacia sus afiliados, y se convertiría en un auténtico representante de los trabajadores, velando auténticamente por los intereses de éstos, dejando de ser una mera correa de transmisión de los partidos o del Estado, del que económicamente dependen. Pero el otorgarles un autentico poder decisivo es un auténtico peligro, como prevénía el líder socialista Indalecio Prieto en su exilio mexicano.

Anuncios
de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s