CONVOCADO EL PRIMER CONCURSO INTERNACIONAL “LA SONRISA DE QUEVEDO”: HUMOR Y ADMINISTRACIÓN

En una época como la presente, donde el pesimismo y el abatimiento son moneda de curso legal y donde la sonrisa corre el peligro de convertirse en un artículo de lujo, iniciativas como la convocatoria del Primer Concurso Literario Relatos Breves de Humor sobre la Administración: La Sonrisa de Quevedo, merecen ser destacadas. No sólo por facilitar a cualquiera la posibilidad de poner en solfa corruptelas, prácticas, actuaciones, comportamientos y abusos  abusos administrativos, sino incluso hacerlo al amparo del animus iocandi. ¿Quién no ha visto alguna vez pisoteados sus derechos por el poder público? ¿Quién no ha sufrido en sus carnes comportamientos intolerables de la Administración? ¿Quien no ha visto o conoce actuaciones que, además de intolerables, tienen la curiosísima circunstancia de provocar la hilaridad del público general? Pues todas las personas que tengan algo que contar sobre las fechorías de cualquiera de las Administraciones puede sacar al artista que lleva dentro para denunciar con sentido del humor dicho particular.

La elección del poeta cuyo nombre sirve para identificar el concurso en modo alguno es casual. José Manuel Blecua, uno de los mejores estudiosos de la obra de don Francisco de Quevedo junto con Pablo Jauralde Pou (autor este último de la monumental y definitiva biografía del señor de la Torre de Juan Abad), indicaba en la introducción a su edición de la Poesía original completa de Quevedo (Planeta, Barcelona, 1963, reeditada treinta años después) que éste tuvo a lo largo de su agitada vida dos grandes pasiones: la política y la poesía. En ambas destacó y en ambas fue desgraciado nuestro autor, pues conoció los laureles del éxito y la hiel del fracaso. Sin embargo, qué duda cabe que hoy en día la obra de Quevedo (tanto en prosa como en verso) posee unas magnitudes incomparables, entre las cuales está no sólo la crítica y ajuste de cuentas a su rival en las letras (el poeta cordobés Luis de Góngora), sino que la lira del poeta utilizó en muchas ocasiones la sátira y el doble sentido para someter a crítica a quienes detentaron el poder en su época, caracterizada por una gestión política en manos de validos todopoderosos encumbrados y sostenidos por monarcas abúlicos que reservaban su gestión para otros menesteres.

Un último apunte, aunque en esta ocasión se trata de una opinión estrictamente personal. Aún reconociendo los indiscutibles y altísimos méritos literarios de don Francisco, literariamente me inclino más hacia la obra del fénix de los ingenios. Lope Fenix de Vega Carpio tuvo, también, una agitada vida personal, pero su estilo literario es algo más cuidadoso a la hora de responder a los ataques de sus rivales, pues siempre lo hizo de una forma algo más sutil que las contestaciones excesivamente directas de Quevedo. Piénsese, por ejemplo, en la forma que tenía Lope de enfrentarse al máximo representante del culteranismo, del que había sufrido un ataque feroz (“Patos del aguachirle castellana”): ridiculizando en sus obras los usos lingüísticos gongorinos merced a personajes ampulosos y afectados hasta la médula. Así, por ejemplo, en “El perro del Hortelano” esa burla se personifica en el Marqués de Ricardo, ridículo pretendiente a la mano de la condesa de Belflor, cuya forma de expresarse es una sátira feroz hacia el cordobés hasta extremos auténticamente sangrantes hasta el punto de chanzarse abiertamente de la obra cumbre del culteranismo, las Soledades (“en campañas de sal, pies de madera”); varios de sus sonetos (“Boscán, tarde llegamos, ¿Hay posada?” o “Pululando de culto, Claudio amigo” de La Dorotea) ironizan y someten al escarnio popular, pero evitando un ataque personal directo, los artificiales giros de la escuela culterana, destrozándolos inmisericorde ante un pueblo con cuyos gustos y preferencias Lope supo siempre conectar muchísimo más que el resto de autores de su tiempo. Por cierto, que don José Manuel Blecua no sólo es el responsable de la mejor edición de la obra poética de Quevedo, sino también de las Obras poéticas del fénix (Planeta, 1969, reeditada igualmente en los noventa).

Pero reconozco que, si de divertirse se trata ¿Qué importan Lope o Quevedo?

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de Monsieur de Villefort Publicado en Humor

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