CONTROL DE VELOCIDAD. ¿POR SU SEGURIDAD?

Ese es precisamente el lema que aparece en numerosos carteles a lo largo y ancho de la geografía española. Con el pareado “Por su seguridad, control de velocidad” una señal nos advierte de la presencia del temido aparato fotográfico que toma la instantánea de aquellos vehículos que superen el límite máximo de velocidad establecido para un tramo concreto de vía, ya sea genérico o específico. El problema es que nadie con un mínimo de sentido común puede hoy en día tomarse en serio tal afirmación; no la existencia de control de velocidad, sino el que el mismo haya sido establecido para nuestra “seguridad”. Es un hecho público y notorio que la Dirección General de Tráfico no sólo busca recaudar dinero contante y sonante, máxime en épocas de vacas flacas como la que en este momento nos azota, sino lo que es más grave, nos considera a todos quienes utilizamos vehículos automóviles como infractores no ya en potencia, sino reales. Vayamos por partes.

Quien esto suscribe regresaba este sábado de un corto viaje a la capital. Pues bien, resulta que a las nueve y media de la mañana del sábado tuvo que verse obligado a circular a ochenta kilómetros por hora en un tramo de la M-40 con cuatro carriles para un mismo sentido de la marcha y en la que no circulaban en ese momento más de siete vehículos. La razón, una limitación específica fijada por señal y la consabida amenaza (porque eso y no otra cosa son los carteles, una amenaza clara, palpable y visible de que el Gran Hermano nos vigila) del control de velocidad. Lo mismo ocurre en la zona de Benavente, donde una autovía con tres carriles limita la velocidad a ochenta con la única finalidad de poder garantizar a la Dirección General de Tráfico algunos eurillos merced a un radar situado en la zona. Observe el lector los puntos comunes: los radares fijos no se sitúan en puntos conflictivos, zonas de conducción peligrosa o en “tramo de concentración de accidentes”, no; se sitúan en puntos donde la circulación es bastante fluida, normalmente en autovías con más de dos carriles de circulación. En definitiva, el cinemómetro-radar se encuentra no donde hay peligro, sino donde es más fácil recaudar.

Lo más significativo es que de manera nada disimulada esta tesis ha sido esgrimida por el Abogado del Estado en el recurso de casación en interés de ley que dio lugar a la Sentencia 9416/2000 de 19 de diciembre dictada por la Sección Sexta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo. Dejando de lado lo injusto de la propia existencia de dicho recurso (un medio privilegiado para que las Administraciones puedan arrimar el ascua a su sardina, dado que son las únicas con legitimación activa para interponerlo cuando estimen que una doctrina es “gravemente dañosa para el interés general”), lo cierto es que la defensa de la Administración se ha retratado de cuerpo entero en cuanto a los procedimientos sancionadores en materia de tráfico se refiere. Dicho recurso lo interpone el Abogado del Estado frente a una sentencia del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Málaga que anuló una sanción administrativa en materia de tráfico al no haber sido notificada al interesado la propuesta de resolución. Pues bien, entre otras perlas, el escrito del Abogado del Estado manifiesta lo siguiente: “Este procedimiento necesariamente ha de adaptarse al carácter masivo de las infracciones en materia de tráfico, y la eficacia en la imposición y ejecución de las sanciones administrativas estaría notoriamente dificultada de seguirse el criterio sostenido por la sentencia objeto del presente recurso en interés de la Ley. Y sobre todo resulta desproporcionada y carente de sentido técnico-jurídico, la afirmación de que la falta de notificación de una propuesta de resolución que no incorpora ningún elemento desconocido por el interesado, vicia de nulidad el procedimiento. A esta interpretación errónea hay que sumar el grave perjuicio que para el interés general supone un clima generalizado de incumplimiento de una normativa que se  dirige primordialmente a la protección de bienes jurídicos tan primarios como son la vida y la integridad física de la persona”. Creo que sobra todo comentario al respecto y que, para ser justos, debieran modificarse las indicaciones de control de velocidad existentes, sustituyéndolas por la viñeta que ilustra el presente post.

Anuncios

Un comentario el “CONTROL DE VELOCIDAD. ¿POR SU SEGURIDAD?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s