“LA CASTA”: LA LUJOSA VIDA DE LA CLASE POLÍTICA AL DESCUBIERTO.

Que la clase política constituye una especie de casta aislada en una burbuja, absolutamente ajena a los problemas del común de los mortales y dedicada única y exclusivamente a autoprotegerse es algo de todos sabido. Sueldos astronómicos, retiros dorados, jornada y horario de trabajo prácticamente mínimos, responsabilidades nulas y vida a cuerpo de rey siempre a costa del erario público. Pues bien, para que el lector interesado pueda comprobar hasta qué punto los políticos constituyen una casta parasitaria que dilapida el erario público para enriquecerse, le animo a que eche un vistazo al libro La Casta: el increíble chollo de ser político en España, debido a Daniel Montero y publicado en 2009 en la editorial La esfera de los libros. El libro, de poco más de doscientas cincuenta páginas, es de lectura sumamente fácil, aunque al lector con un mínimo de estómago le cueste digerir la miríada de datos que revelan hasta qué punto los impuestos del ciudadano corriente se consumen en mantener hasta cuatro niveles de políticos (comunitarios, estatales, autonómicos y locales), y hasta qué punto estos “representantes de los ciudadanos” desprecian toda norma de decoro, y cómo normas que benefician única y exclusivamente a los integrantes del grupo descrito en el libro como “la casta” se aprueban en un tiempo record, en ocasiones teniendo como beneficiarios a un número reducidísimo de personas e incluso en determinados casos a un solo individuo.

En este sentido el libro documenta casos concretos y situaciones que claman al cielo, acompañando esa montaña de hechos denunciados con reflexiones en voz alta que en numerosas ocasiones deberían plantearse en foros más autorizados. Por ejemplo, reflexiona el autor, “los cargos electos cobran el paro, pero nadie puede ir al INEM a reclamar su puesto”, reflexión que sirve para introducir el capítulo de la inclusión en el régimen de la seguridad social de los integrantes de la clase política (pese a que en supuestos de inasistencia a las sesiones o de ejercicio del derecho de huelga no se detraen sus retribuciones sobre la base de que no son propiamente “trabajadores”), norma que se tramitó urgentemente tras una sentencia judicial anterior que establecía conforme a la normativa entonces vigente que los cargos públicos no podían ser beneficiarios de la prestación por desempleo, lo que motivó que con una celeridad tan encomiable como inusual se aprobara la normativa que corrigiese tal situación. Si uno además se adentra en los capítulos dedicados a relatar con pelos y señales el número de prebendas, ayudas, coches oficiales, dietas para viajes autoconcedidas por la clase política uno no sabe si echarse a llorar o echarse al monte con un trabuco. En el libro hay ejemplos de modificaciones legales para destinatarios con nombres y apellidos (por ejemplo, la modificación en 2008 del Estatuto de los expresidentes del gobierno para extender los privilegios de éstos, en caso de fallecimiento a los cónyuges o personas “con análoga relación afectiva”, modificación hecha ex profeso para que la viuda del entonces recientemente fallecido Leopoldo Calvo-Sotelo no se viese privada del coche oficial). Ejemplos hay de hasta qué punto la clase política llega a ser miserable cuando entra en juego el dinero propio (lo ocurrido en el año 2003 en Cantabria, cuando a los diputados regionales el Parlamento les “regaló” una cámara digital valorada en 198 euros; al saltar el asunto a la prensa y plantearse la alternativa de devolver el regalo o sufragarlo con dinero propio, ni uno de los diputados autonómicos quiso desprenderse de un céntimo y optaron unánimemente por la devolución). Datos curiosos, como que el coche oficial del exalcalde de Madrid y hoy flamante Ministro de Justicia don Alberto Ruiz Gallardón es más caro que el del presidente Barack Obama (y eso que la distancia entre la Alcaldía de Madrid, la sede de la Comunidad y las Cortes Generales es ínfima). En definitiva, un arsenal de datos que sirven para desenmascarar a la clase dirigente y para que el ciudadano común se enoje al ver cómo se malgasta el dinero de sus impuestos.

Los privilegios que se autoconceden los políticos llegan al punto de que incluso en la única ocasión en que es necesaria su presencia física (la votación) se les ha eximido de esta. En efecto, el 16 de diciembre de 2008 una diputada valenciana se convirtió en pionera al emitir su voto por e-mail. Ahora bien, si se desnaturaliza el voto hasta el punto de que puede emitirse telemáticamente, creo que ha llegado el momento de plantearse si es necesario continuar con la ya trasnochada figura de la representación política y dar el paso hacia la democracia directa. Porque con las nuevas tecnologías la emisión de votos por internet y el recuento pueden hacerlo todos los ciudadanos que tengan reconocido el derecho de sufragio activo. Claro que (argumentarán los políticos profesionales) no todos estarán capacitados para ello. Pero, contraargumento yo, tampoco me han acreditado que los actuales padres de la patria sepan en la mayoría de las ocasiones lo que votan, dado que se limitan a seguir instrucciones de partido (algo que en privado ellos mismos reconocen).

En definitiva, un magnífico libro que ilustra sobremanera los hábitos de la casta política, que abre muchos interrogantes y plantea muchas y serias reflexiones. Imprescindible.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Política

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