GORE VIDAL COMO AUTOR DE NOVELA HISTÓRICA.

Ayer martes 31 de julio de 2012 fallecía en su domicilio el polémico escritor norteamericano Gore Vidal, el enfant terrible que, como dicen sus obituarios, no dejó títere con cabeza. De su ingente obra (en la que destaca tanto la crónica política como el ensayo y los guiones de cine) quisiera centrarme hoy en sus incursiones en el género de la novela histórica. Y es que en ese género Vidal se reveló como un reputado novelista que, al igual que en el resto de facetas, no se caracterizó precisamente por la ortodoxia. Repasemos.

Creación es una de sus novelas donde recreaba el panorama filosófico del siglo V antes de Cristo a través de la figura de Ciro Espirama, un personaje de ficción a quien emparentaba con el profeta Zoroastro; lo curioso de esta obra es que, como ya hemos indicado en un post anterior, la visión del mundo antiguo se realiza desde una visión claramente favorable al imperio persa en contraposición a la clásica versión pro-helenística (de hecho, el autor se refiere a las guerras persas como guerras griegas). Juliano el apóstata es un acercamiento al mundo del siglo IV, donde el combate entre cristianismo en alza y paganismo en retirada se personifica en la trágica figura del emperador Juliano, el César que pretendió restaurar el culto a los antiguos dioses helenístico-romanos y a quien el autor de la obra no sólo no ve con malos ojos, sino que retrata con un nada disimulado halo de simpatía. En busca del rey narra la odisea del rey Ricardo Corazón de León, desde su captura tras el regreso de tierra santa hasta su liberación y posterior regreso a Inglaterra; pese a que Vidal nos indica en las primeras líneas de su prólogo que la pretendida historia de Blondel (un trovador que habría recorrido Europa en busca del rey Ricardo, a quien encontró precisamente por entonar los sones de una canción que el monarca inglés había compuesto y que Ricardo habría reconocido y respondido desde la torre de su prisión –escena que, por cierto, recoge la versión de Ivanhoe dirigida en 1952 por Richard Thorpe-) no es más que una leyenda, el novelista reconoce que ésta tiene más atractivo que la realidad y en apenas doscientas páginas resume de manera magistral la lucha del trovador por encontrar y liberar a Ricardo de Inglaterra. Pero donde Vidal descolla como un magistral pintor de caracteres individuales y sociales es en su larga serie dedicada a la historia de los Estados Unidos. Burr es una magnífica novela (de la que en España únicamente existe una edición fechada en 1975) en la que relata la historia del héroe de la revolución americana, político republicano y tercer vicepresidente de los Estados Unidos, Aaron Burr, desde una perspectiva absolutamente novedosa para su época, pues rehabilitaba en gran medida al personaje en contra de la opinión histórica dominante en aquellos momentos, adelantándose a autores como Milton Lomask o Nancy Isenberg; la escena donde un anciano Burr recrea en Weehawken el duelo que mantuvo con Alexander Hamilton es, sencillamente, magistral. Lincoln narra los avatares de los Estados Unidos desde la llegada del presidente electo a Washington D.C hasta el asesinato de éste, haciendo un repaso de los principales acontecimientos desde un punto de vista ciertamente heterodoxo. 1876 recupera la figura de Charlie Schuyler (el protagonista-narrador de Burr), quien regresa a los Estados Unidos en el año del centenario y se ve sumergido en la polémica elección presidencial que enfrentó a Hayes y a Tilden, en esta ocasión desde una abierta posición demócrata y defensa de las posiciones demócratas, aunque no del candidato demócrata Tilden, a quien no llega a ver del todo con simpatía. La saga de la historia la prolongó Vidal en Imperio, Hollywood y Washington D.C.

Como guionista, su impronta quedó reflejada en joyas como Ben-Hur (suya es, entre otras cosas, la veladísima referencia a la homosexualidad entre Ben-Hur y Messala en la escena inicial donde ambos arrojan las lanzas a una cruz) o en De repente, el último verano, así como en esa joya del cine político que es The best man, donde unos magníficos Henry Fonda y Cliff Robertson se disputan la nominación presidencial de su partido. Pero hoy deseaba referirme al novelista y no al político, al guionista o al ensayista en general. Esperemos que el óbito de Vidal anime a los editores a lanzar nuevamente al mercado algunas de sus obras prácticamente ilocalizables (caso de Burr o Washington D.C.) salvo en el mercado anglosajón.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

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