REFLEXIONES SOBRE LOS NACIONALISMOS.

Cuando tratamos de abordar el análisis del nacimiento y auge de los particularismos en España, existen dos ensayos de lectura obligada que, además de estar maravillosamente escritos tienen (cuando menos para el autor del blog) la enorme ventaja de que el paso del tiempo parece que no sólo no los deja obsoletos, sino que los hace aún más imprescindibles. Me estoy refiriendo a El problema de la vertebración del estado en España, debido a Santiago Muñoz Machado y publicado en 2006 por la editorial Iustel y el que ese mismo año elaboraron Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor con el título de El estado fragmentado: modelo austro-húngaro y brote de naciones en España, que publicara la editorial Trotta. Ambos ensayos se realizaron cuando se reinició el brote de demandas de los nacionalismos periféricos, en parte gracias a la irresponsable acción (e inacción) de la clase política española que, una por oscuros e incomprensibles complejos y otra por deliberado cálculo político, han dejado crecer el gérmen hasta el punto de que poner coto a la situación parece hoy en día bastante difícil. Ambos textos analizan de forma muy amena y con absoluto rigor jurídico los procesos de reformas estatutarias emprendidos y que culminarían con la Ley Orgánica 6/2006 de 19 de julio de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña. Sin embargo, ambos autores parten de métodos distintos, pues mientras Muñoz Machado, partiendo de una tesis inicial (la falta de penetración del Estado en los territorios) realiza una especie de flashback jurídico exponiendo una apretada historia de las instituciones administrativas desde el advenimiento de los Borbones en 1700, Sosa Wagner plantea las reflexiones a la luz de la evolución del imperio Austro-Húngaro, dado que el mismo ha sido puesto como ejemplo por parte de quienes defienden el modo de integrar los nacionalismos periféricos. Triste ejemplo, por cierto, a la vista de su trágico final al albur de la Gran Guerra y el caos político y territorial que generó, pero eso es otro cantar.

Pues bien, sumergido en una relectura del ensayo de Sosa Wagner, lo cierto es que me he topado con un párrafo que resume a las mil maravillas la naturaleza de los nacionalismos a la hora de esgrimir sus derechos históricos frente a quien consideran como opresor: reivindicativos al máximo ad extra, intolerantes y absolutistas ad intra, y con un desprecio total hacia el grueso de la población regional. A la hora de exponer las reivindicaciones magiares en su relación con la corona imperial regentada por Francisco José I y, sobre todo, los logros alcanzados por los húngaros tras el compromiso de 1867, indican Sosa Wagner y Sosa Mayor: “Porque tal Compromiso fue en rigor un acuerdo de Austria con las clases altas húngaras que ejercieron el poder de forma inmisericorde, sometiendo a caprichosas determinaciones a sus propias minorías, de eslovacos, rumanos, serbios…Todo lo que había sido clamor por los derechos húngaros pisoteados por una Viena en manos de alemanes poco respetuosos con la nacionalidad húngara se volvió en silencioso despotismo respecto de sus propias poblaciones no magiares”; de hecho, los húngaros monopolizaron el gobierno y la política magiar, hasta el punto que la población no húngara que desempeñaba cargos políticos y funcionariales no alcanzaba ni con mucho el diez por ciento, y en ocasiones ni el cinco. Pero lo que llama igualmente la atención es el tratamiento que la clase alta magiar dispensaba al grueso de la población gobernada: “Es decir, que el partido político que gobernó prácticamente Hungría hasta 1918, el partido liberal, tuvo el respaldo de una parte muy pequeña de la población magiar, por supuesto jamás de los pueblos no magiares, excepto de sus clases altas que, en parte, acabaron identificándose con sus homónimos magiares. La política gubernamental estuvo dirigida a satisfacer los intereses de los grupos privilegiados citados y tan sólo se recurría a las clases bajas magiares cuando se trataba de despertar en ellos, para propio beneficio, los sentimientos de la exaltación patriótica. Las mismas capas sociales compuestas por no magiares (eslovacos, rutenos, rumanos, serbios) eran sencillamente ignoradas, excepto para pasarles la factura de los impuestos, momento en que era advertida su presencia”. No obstante, tal situación crea su propio problema, pues como bien señalan igualmente los autores indicados “Es consecuencia del nacionalismo –de todo nacionalismo- crear su propio antinacionalismo que practican quienes se niegan a aceptar la asimilación y la inferioridad social

Los paralelismos con la situación actual son ciertamente preocupantes. Pero se ve que hay una cosa que no cambia y permanece inalterada con el paso del tiempo. Cambian las formas, evolucionan los modos, pero el núcleo esencial del problema persiste: el desprecio de la élite gobernante por el grueso de la población, “excepto para pasarles la factura de los impuestos”, momento en el cual no se hacen ascos a nada.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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