EL JURAMENTO Y EL DISCURSO INAUGURAL DE OBAMA EN 2013: LECCIONES QUE OFRECE

Obama Swearing-in

El pasado domingo día 20 de enero de 2013 tuvo lugar la toma de juramento del Presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, en una ceremonia privada, aunque el juramento se repitió cara al público al día siguiente, el lunes 21 de enero. Tradicionalmente la toma de posesión del candidato electo se producía el cuatro de marzo, no obstante desde la ratificación de la vigésima enmienda al texto constitucional, que tuvo lugar el 23 de enero de 1933, la fecha se adelantó al mediodía del veinte de enero. Franklin Delano Roosevelt fue el último presidente en jurar su cargo un día 20 de marzo, en concreto en el año 1933 tras su victoria en las elecciones presidenciales frente al republicano Herbert Hoover; tras su reelección en las presidenciales de 1936, su toma de posesión se produjo el 20 de enero de 1937, justo poco antes de proponer su ambicioso aunque fallido Court packing plan, tendente a dinamitar la composición del Tribunal Supremo en su propio beneficio.

Es, igualmente, la segunda vez en la historia norteamericana que se produce una doble toma de juramento presidencial. La primera tuvo lugar el año pasado justo cuando, tras el curioso avatar que aconteció en la ceremonia inaugural, uno de los asesores presidenciales llegó a cuestionarse realmente si, al haber sido errónea la fórmula empleada en el juramento, Obama era realmente presidente; para evitar todo tipo de problemas jurídicos o especulaciones, el chief justice procedió a tomar nuevamente el juramento a Obama en una ceremonia privada. Es curioso, pero como nos cuenta Jeffrey Toobin en su interesantísimo libro The oath: The Obama White House and the Supreme Court, si por algo se caracteriza el chief justice John Roberts es no sólo por su conservadurismo, por su notable carisma y por sus brillantísimas dotes como jurista, sino por su prodigiosa memoria, hasta el punto de que, cuando previamente a acceder a la judicatura ejercía como abogado, llamaba la atención por ser el único letrado que, en sus comparecencias ante el Tribunal Supremo, no llevaba consigo ningún tipo de papeles o notas, dado que memorizaba todo el asunto para su exposición (lo cual tiene un mérito adicional no sólo por la trascendencia y complejidad de los casos que llegan a dicho organismo, sino por el hecho de tener que enfrentarse a la batería de preguntas que los magistrados hacen a los letrados de ambas partes). No obstante, cuando el presidente Obama interrumpió a Roberts mientras éste recitaba la primera frase del juramento presidencial, la situación desbordó a ambos. Este año, a diferencia del anterior, Roberts (al igual que hiciera su predecesor William Rehnquist), optó por llevar una pequeña tarjeta con el juramento presidencial redactado, tarjeta que no perdió de vista en todo momento.

El juramento presidencial que tuvo lugar el pasado lunes llama la atención por varias razones, tanto de tipo formal (la puesta en escena) como material (el denominado inaugural speech).

Entre las consideraciones de tipo formal, podemos destacar las siguientes notas de su puesta en escena:

1.- El presidente posee una evidente legitimación popular, aunque de carácter indirecto. No es elegido por el pueblo de los estados unidos, sino por compromisarios designados por cada estado en la forma que éste establezca en su legislación, tal y como dispone el artículo 2, sección primera párrafo segundo de la Constitución federal. Hoy en día todos los estados designan sus compromisarios por elección popular (lo que refuerza la legitimación presidencial) aunque no siempre fue así; esta previsión se debió al temor de los padres fundadores no deseaban ni un presidente cuyo mandato dependiese del legislativo ni un ejecutivo cuya legitimación directa pudiese derivar en tiranía o demagogia, de ahí esa peculiar institución que es el electoral college.

2.- Pese a esa legitimación popular, el juramento lo administra el chief justice, es decir, la cabeza visible y máximo responsable de la judicatura federal. Con ello se refuerza la idea de que el presidente, como todos los ciudadanos, está sujeto a la Constitución (cuyo texto el mandatario jura “preservar, proteger y defender”) y al resto del ordenamiento jurídico. Esa responsabilidad judicial puede exigirse al presidente en los mismos juzgados y tribunales que a cualquier otro ciudadano, sin que exista esa “peculiar institución” que es el aforamiento.

3.- Geográficamente, la toma de posesión se ubica en la base exterior del Capitolio y ante los ciudadanos. En otras palabras, que el juramento presidencial se hace no sólo ante la sede del poder legislativo (donde se encuentran representados los ciudadanos –Cámara de Representantes- y los Estados –Senado-), sino ante el propio pueblo de los Estados Unidos, muchos de cuyos ciudadanos asisten expectantes al juramento y al discurso inaugural. Nada que ver con los sistemas europeos donde, pese a actuar siempre “en nombre del pueblo”, todo se hace de espaldas al mismo, en sesiones parlamentarias.

4.- Desde el punto de vista de la puesta en escena, llaman la atención dos cosas. La primera, el componente religioso, que incluso los más ardientes defensores de la separación Iglesia-Estado como son los demócratas han mantenido sin cuestionar: el juramento se hace teniendo presente un ejemplar del texto bíblico, y finaliza con las palabras “so help me God” (ningún demócrata ha cuestionado la presencia bíblica ni la referencia a Dios en el juramento, mientras que en nuestro país las voces de siempre han cuestionado hasta la presencia de un crucifijo en las dependencias donde tanto el presidente como los ministros toman posesión de sus cargos). En segundo lugar, llama la atención la afluencia de elementos patrióticos como banderas, cánticos y la notable y destacada presencia del himno nacional (cantado), sin que nadie sienta otra cosa que orgullo de los símbolos que representan a la nación; todo lo contrario que en nuestro país, donde la presencia de una bandera o de un himno sería abiertamente cuestionada por los elementos que todos conocemos.

Entre las consideraciones de tipo material, es decir, en el Inaugural speech pronunciado por Obama, llaman la atención varias cuestiones:

1.- El encabezamiento y el final. El discurso se inicia con una enumeración de los destinatarios a los que se dirige. No sólo las autoridades institucionales presentes, sino a los “fellow citizens”, referencia ésta casi siempre ausente en cualquier discurso inaugural de un presidente español. Llama la atención también el final, donde Obama, el presidente de un partido que ha hecho de la separación Iglesia-Estado uno de sus caballos de batalla, concluye deseando, literalmente “Que Dios os bendiga y que bendiga para siempre a los Estados Unidos de América”. ¿Se imaginan a un mandatario español finalizando así un discurso? O, peor aún ¿Se imaginan las reacciones a ello?

2.- Se enorgullece de la democracia, haciendo referencia expresa a que el hecho que les hace excepcionales (“What makes us excepcional –what makes us American”), son las palabras plasmadas en la Declaración de Independencia de 1776, aquellas “verdades evidentes” entre las cuales se encuentran que todos los hombres son creados iguales y dotados por Dios del derecho a la vida, libertad y búsqueda de la felicidad. Lo que Obama no dice es que el redactor de esas bellas palabras, su predecesor en el cargo Thomas Jefferson, era un hipócrita redomado que pese a sostener esa igualdad natural y derecho a la libertad poseía decenas de esclavos sin que nunca liberara a uno de ellos si bien –seamos honestos- debía tenerlos no en tan baja consideración cuando mantuvo relaciones amorosas con una de sus esclavas, Sally Hemings, de la cual tuvo desdendencia. Ahora bien, Obama insiste en una realidad que, no por menos palpable y notoria es, a veces, algo olvidada “La historia nos demuestra que aunque estas realidades sean por sí mismas evidentes, nunca han sido autoejecutivas; que la libertad es un don de Dios, pero ha de ser garantizado por los seres humanos”. En definitiva, el viejo aserto de “A Dios rogando, pero con el mazo dando”.

3.- Obama dedica unos párrafos a exponer, a través de ejemplos concretos, los cambios que se han producido en los Estados Unidos desde su fundación, y expone a continuación otra verdad que a veces se pasa por alto a las naciones al otro lado del Atlántico “Pese a todo, nunca hemos renunciado a nuestro escepticismo hacia la autoridad central, ni sucumbido a la ficción de que todos los males de la sociedad pueden solventarse únicamente a través del Estado”. Loa de la Unión reconociendo la desconfianza hacia el federalismo que acompañó a los Estados Unidos desde su propia fundación y, sobre todo, apuntalamiento de la idea de que los males de la sociedad han de paliarse no sólo a través de la acción estatal, idea ésta propia de un estatalismo mal entendido que ha permeado a las sociedades europeas tras la segunda guerra mundial.

4.- Tiempos de cambio requieren nuevas respuestas, tanto sociales como individuales, y es aquí donde se centra el discurso, en esas nuevas respuestas que ha de ofrecer el gobierno federal hacia los retos. Pero, y esto es lo importante, pese al anterior reconocimiento de la desconfianza hacia el poder central, los retos han de afrontarse “juntos, como una nación y como un pueblo”. Un pueblo, una generación de americanos que “ha sufrido crisis que han puesto a prueba nuestra resistencia y fortalecido nuestra resolución. Una década de guerra toca a su fin. Ha comenzado la recuperación económica. Las posibilidades de América son ilimitadas, por cuanto poseemos todas las cualidades que este mundo sin fronteras demanda […] compatriotas, estamos hechos para este momento y lo lograremos, siempre y cuando lo logremos  juntos”. Continuas llamadas, pues, a la unidad de la ciudadanía.

5.- Es sumamente llamativa la referencia explícita a la clase media y a las posibilidades de ésta como fundamento del sistema americano. “Creemos que la prosperidad de América debe descansar sobre los anchos hombros de la creciente clase media. Sabemos que América prospera cuando cada individuo puede lograr independencia y orgullo con su trabajo, cuando los salarios del trabajo libra a las familias de los abismos de la penuria. Somos fieles a nuestro credo cuando una niña nacida en la más sombria de las pobrezas sabe que tiene las mismas posibilidades de éxito que cualquier otra, porque es americana, es libre y es igual no sólo a los ojos de Dios, sino a nuestros propios ojos”. Llamada, pues, a la ampliación de la clase media como fuente de la prosperidad y visión muy optimista y actualizada del “sueño americano”. Y en ello incide cuanto, tras exponer los retos a los que se afronta, expone que “Aunque los medios cambian, nuestro propósito continúa: una nación que recompensa el esfuerzo y la determinación de cada americano. Esto es lo que el momento requiere y lo que da significado real a nuestro credo”.

6.- Tras las los párrafos genéricos dedicados al sueño americano y a la fe en cada individuo, Obama desgrana en varios párrafos los aspectos ya más concretos de su ideario y de lo que presumiblemente será su acción de gobierno en los próximos cuatro años:

A.- Seguridad y dignidad de la persona. Esfuerzos de reducción del coste de los servicios sanitarios y de la deuda pública, aunque rechazando la idea de que deba elegirse entre el cuidado de quienes construyeron la nación e inversión en la generación que construirá su futuro.

B.- Mención expresa al cambio climático y a los esfuerzos por contenerlo, con otra nueva referencia que irritará a algunos políticos españoles: “Así es como preservaremos nuestro planeta, que Dios entregó a nuestro cuidado”.

C.- El esfuerzo bélico. Obama reconoce de forma expresa, sin tapujos y con orgullo el esfuerzo no sólo de los soldados, sino de los familiares de aquellos caídos en defensa de los ideales americanos. Entona un mensaje pacifista al indicar que “Defenderemos a nuestro pueblo y sostendremos nuestros valores con la fuerza de las armas y con el estado de Derecho. Mostraremos el coraje para tatar de resolver pacíficamente nuestras diferencias con otras naciones”.

7.- Obama expresa su idea de que el juramento prestado, al igual que el que realizaron sus predecesores, “es un juramento a Dios y al pueblo, no al partido o facción, y debemos cumplir fielmente el compromiso durante nuestro mandato”.

En definitiva, toda una lección no sólo hacia la ciudadanía americana, sino hacia los mandatarios y gobiernos de otros países. El hombre que encabeza la nación que durante una centuria ha sido la primera potencia mundial, compromete su juramento al entender que le vincula no sólo con Dios, sino con su pueblo. Y se dirige indudablemente no a sus intermediarios o representantes, sino al pueblo, en un lugar abierto al público y donde ese mismo pueblo pueda escucharle. ¡Qué lejos de las espantosas ficciones europeas donde el individuo, como dice acertadamente el profesor Jesús González Pérez, es ciudadano un día cada cuatro años, permaneciendo los restantes en calidad de súbdito!

Anuncios
de Monsieur de Villefort Publicado en Política

3 comentarios el “EL JURAMENTO Y EL DISCURSO INAUGURAL DE OBAMA EN 2013: LECCIONES QUE OFRECE

  1. ¿Ha visto Lincoln la película Monsieur? Más de 150 años hace ya, y la separación de poderes, el poder del individuo, la falta de disciplina de voto parlamentario, el canto a la libertad y a la igualdad, el esfuerzo y sacrificio como medio para el sueño americano, el sometimiento a la ley… sigue siendo una constante como reflejas en el artículo.

    Pd. Una de las partes jurídicas más interesantes de la película me parece esa discusión del Presidente sobre la expropiación por causa de guerra de la esclavitud en su consideración como propiedad. Esa disyuntiva del Presidente propiedad vs libertad, el temor de haber usado un medio excepcional y que pudiera ser rechazado por el Supremo y los efectos que una sentencia así pudiera causar.

  2. Aún no he visto la película, aunque tengo ganas ciertamente de hacerlo, porque me han hablado muy bien de ella.
    Aunque en efecto soy consciente de los aspectos positivos de Lincoln, creo que se le ha mitificado en exceso y que, al igual que ha ocurrido con Kennedy, su trágico fin ha ocultado sus grandes equivocaciones. Lincoln no abogaba por abolir la esclavitud, sino que fue elegido para contener su extensión territorial (es decir, no abolirla en todo el territorio de la Unión, sino para evitar que nuevos estados que ingresasen en la federación lo hiciesen como esclavistas); la Emancipation Proclamation de 1863 no suprimió la esclavitud sino tan sólo en los estados rebeldes (es decir, fue un arma bélica, no una opción basada en una creencia). Y, sobre todo, nada se dice de la opción de Lincoln por suspender el derecho de habeas corpus mediante un acto presidencial (cuando era competencia del legislativo) y su decisión de someter a prisioneros civiles a juicios militares.

  3. Quién lo hubiera imaginado. Tan sólo fue hace cuatro años cuando Barack Obama llegaba al poder, convirtiéndose así en el primer presidente de raza negra. El presidente juró su cargo bajo la atenta mirada de millones de norteamericanos en el Mall de Washington. Y cuatro años después, vuelve otra vez al mismo sitio para de nuevo jurar su cargo como presidente. Y con este juramento, Obama se convertirá en el 17º presidente de la historia que jura su segundo mandato, promesa que realizará de manera privada ya que es domingo y eso acarrea que los tribunales y todas las oficinas del Gobierno de los Estados Unidos estén cerradas. Por lo tanto, será a partir de mañana cuando tengan lugar los aplausos, las celebraciones y las ceremonias con motivo del Día de Martin Luther King.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s