EL ASESINATO DEL GENERAL PRIM: HALLAZGOS Y CONCLUSIONES

Asesinato de Prim

El veintisiete de diciembre del año 1870, en la calle del Turco en dirección a la calle de Alcalá, la berlina en la que se desplazaba el presidente del Consejo de Ministros don Juan Prim y Prats (conde de Reus y marqués de los Castillejos) era tiroteada. Hasta hace relativamente poco tiempo la versión oficial era que las heridas sufridas en dicho atentado no eran mortales de necesidad, y que Prim incluso entró por su propio pie en su domicilio, falleciendo tres días después de un agravamiento a consecuencia de las lesiones sufridas en dicho atentado. Incluso llegó a abrirse un sumario judicial que, tras muchas vicisitudes, fue cerrado en falso y recuperado poco menos de un siglo después cuando el abogado Pedrol Ríus lo recuperó sirviéndole de base para su libro sobre el asesinato del general Prim.

No obstante, el pasado año 2012 se constituyó una comisión, presidida por don Francisco Pérez Abellán, que se marcó como objetivo el averiguar la adecuación o no a la realidad de la versión oficial del asesinato. Para ello no sólo revisó folio a folio la causa judicial abierta, sino incluso llevó a cabo lo que no se hizo casi ciento cincuenta años atrás: practicar la autopsia al cadáver del general Prim. La comisión ha elaborado recientemente sus conclusiones, publicadas el pasado dieciséis de febrero en el diario Libertad Digital, que no pueden ser más evidentes y, a la vez, más ilustrativas y sobrecogedoras, no sólo por acreditar el hecho de que el hombre tropieza dos veces con la misma piedra, sino por demostrar que la independencia judicial es un mito, una leyenda que decae en cada encontronazo con el caso concreto. Ello no obsta a que existan jueces y fiscales íntegros, honestos, trabajadores y capaces del sacrificio para hacer su trabajo por encima de cualquier otra cosa, pero frente a esas piedras en el camino el poder siempre encuentra medios para apartarlos de un manotazo, bien sea mediante un traslado forzoso o mediante un ascenso envenenado que encubre un cese efectivo para apartar a un incómodo funcionario.

Volviendo al tema central, el asesinato del general Prim, las conclusiones pueden dividirse fundamentalmente en dos tipos: médico-forenses y legales.

1.- En cuanto a las médico-forenses, la más novedosa es la que sostiene que el fallecimiento de Prim se debió en realidad a un estrangulamiento. “El estudio médico legal del cadáver del general Prim se encuentra, en estos momentos, en un punto crucial desde la perspectiva histórica, ya que se han encontrado evidencias compatibles con lesiones externas por estrangulamiento a lazo”, descartándose que dichas lesiones fuesen post-mortem. En un artículo que Pérez Abellán publicaba el 17 de noviembre de 2012 en el diario Libertad Digital se indicaba que “En la parte de la nuca y cuello, de una forma profunda, resultado de una enorme presión, se distinguen grandes surcos y marcas compatibles con una muerte por asfixia mecánica en un proceso de estrangulación a lazo con banda de cuero. Los surcos presentan pliegues cutáneos verticales propios de esta clase de homicidio y en general las marcas antemortem coinciden con la literatura científica consultada”. Pero este estudio destruye igualmente la versión oficial de la escasa importancia de las heridas de Prim, indicando que le dejaron incapacitado. En efecto, las lesiones debieron “impedirle el desplazamiento en bipedestración y también quitarle la facultad de hablar, que quiere decir que no pudo subir las empinadas escaleras del palacio chorreando sangre, ni decirle a su familia que no se preocupara que las heridas no tenían importancia. A la luz de la ciencia, Prim debió ser bajado del coche entre dos o tres personas. Sangraba, no podía hablar y era la máxima autoridad”. Eso sí, según la comisión las heridas “eran importantes, pero dependiendo de la pérdida de sangre, el herido podía salir de ésta”. Por ello, la tesis de la comisión es que los enemigos de Prim tomaron el control de la situación y aprovecharon que la víctima se encontraba indefensa, incapacitada físicamente y sin la facultad del habla, para deshacerse de un rival incómodo; y dado que las heridas eran graves, pero no necesariamente mortales dependiendo de que se pudiese contener la pérdida de sangre, la opción final fue el culminar el hecho y rematar al herido en su propia casa, asesinándole por estrangulación. Ya tenemos, pues, la primera conclusión: muerte por estrangulación.

2.- Consecuencias legales. ¿Qué ocurrió con el sumario abierto? Y, lo que es más importante ¿Quiénes fueron los autores del atentado? Una vez se produjo el atentado se abrió un sumario, la causa 306/1870, cuya tramitación fue muy azarosa. Como se indica en las conclusiones “El fiscal, Joaquín Vellando, al igual que la mayoría de los jueces que intervinieron en la instrucción, mantuvieron una línea digna y profesional durante la misma. De no ser por la intrusión del poder político se podría haber juzgado e incluso a llegar a la condena de los sospechosos, que a pesar del tiempo transcurrido y las mutilaciones sufridas por la causa, aparecen hoy suficientemente identificados. El promotor fiscal, Joaquín Vellando, se atrevió a proponer el procesamiento de Antonio de Orleans, duque de Montpensier”. No obstante, intervinieron en la causa trece jueces, siete titulares y seis sustitutos, y la misma se abandonó cuando en 1878 el rey Alfonso XII contrajo matrimonio con María de las Mercedes de Orleáns, hija del duque de Montpensier. Desde entonces, el sumario fue desordenado y expurgado.

¿Quíenes fueron los autores del atentado? Aunque la conclusión es que “Para matar a Prim fueron contratados prácticamente todos los asesinos a sueldo disponibles en España en aquel tiempo, a los que se les ofrecía una cantidad diaria de diez pesetas, un premio de cinco mil duros y la garantía de seguridad de permitirles escapar”, la autoría material es lo de menos pues, al tratarse de un crimen de encargo, lo relevante es saber quién o quienes eran los instigadores. Pues bien, ya entonces y hoy todo apunta a dos personajes: don Francisco Serrano, duque de la Torre y en aquéllos momentos regente del Reino de España, y el infante don Alfonso de Orleáns, duque de Montpensier, quien era hijo del ex rey de los franceses Luis Felipe de Orleáns, y que estaba emparentado con la casa real española a través de su matrimonio con la infanta Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la ex reina Isabel II. Las ambiciones de poder de Serrano (encerrado en un puesto –la regencia- sin atribuciones efectivas) y las evidentes aspiraciones al trono de Antonio de Orleáns (que le llevó incluso a contribuir económicamente a promocionar su propia candidatura) parece que están detrás del atentado cometido. Amadeo I, cuyo único valedor era el difunto Prim, se encontraba así privado de su único sostén en España, y quedaba a merced de sus enemigos que podrían así boicotear al nuevo monarca.

Es curioso que entonces un grande de España, con título ducal y emparentado con la casa real española fuese el principal sospechoso de haber instigado un crimen, y es curioso igualmente que los jueces y fiscales mantuviesen un comportamiento digno y honesto, que sin embargo no logró llevar el asunto a buen puerto por la injerencia del poder político, entonces al igual que hoy prevalente sobre el judicial.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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