CONTROL ARMAMENTÍSTICO EN ESTADOS UNIDOS: BREVES REFLEXIONES SOBRE EL PARTICULAR

Second amendment

Toda norma es fruto de dos circunstancias: el ambiente social e histórico en el que la norma fue sancionada y el acervo cultural del país en el cual se adopta. La segunda enmienda a la Constitución estadounidense, que garantiza el derecho a portar armas, no es una excepción. Su exégesis tiene unas bases históricas muy concretas: los esfuerzos de Inglaterra por cesar la insurrección colonial precisamente confiscando las armas y la pólvora a los colonos, como ha puesto de relieve David B. Kopel en un extenso trabajo que, con el título How the British gun control program precipitated the American revolución. Los founding fathers, que habían contemplado y experimentado en carne propia cómo se trataron de cercenar los derechos ciudadanos a través del desarme, trataron de impedir que el recién creado poder federal tuviese idénticas tentaciones que su homólogo británico y se aprobó, en consecuencia, la segunda enmienda que garantiza el derecho de los ciudadanos a la posesión y tenencia de armas. Pero la peculiar historia norteamericana ha afianzado dicha identificación entre los Estados Unidos y las armas, lo que ha permitido referirse precisamente a Norteamérica como una gun culture. La figura del colono asentado en un lugar donde la civilización aún no había llegado, la larga marcha hacia el oeste y los asentamientos en medio de agrestes y solitarios paisajes donde la monotonía únicamente era rota por animales salvajes o por indios hacía que quienes se aventurasen a la aventura del go west tuviesen forzosamente que hacerlo acompañado de un medio de defensa de su persona y hogar, algo que únicamente proporcionaban las armas. Pero es que la peculiar vinculación de los estadounidenses con las armas de fuego no sólo ha logrado proporcionar figuras inolvidables que han pasado a engrosar las páginas de la historia universal precisamente por su destreza en el manejo de las armas, sino que incluso ha legado un género literario y cinematográfico propio como es el western. Nombres como James Butler (“Wild Bill”) Hickok, Wyatt Earp, Jesse James, Wiliam F. Cody son familiares a todos los aficionados al séptimo arte, aunque sus figuras reales hayan sufrido una alteración lógica al pasar de la realidad a la leyenda, sin perjuicio de lo cual aquélla realidad nos muestra a unos personajes con luces y sombras vinculados a las armas.

Hoy en día, superada aquélla realidad, persiste sin embargo en la Constitución norteamericana la segunda enmienda, que consagra el derecho a portar armas. Sin embargo, los recientes acontecimientos que han tenido lugar en los Estados Unidos con las trágicas matanzas de niños por personas que tenían el libre acceso a las armas ha reabierto un debate, el tema del control armamentístico. Ahora bien, conviene hacer hincapié precisamente en la primera de las palabras, control, que en modo alguno significa prohibición. Y ello porque, mientras la segunda enmienda constitucional mantenga su vigencia, el poder constituido está obligado a respetar el derecho de los ciudadanos a portar armas. El mismísimo presidente Obama ha manifestado que cree en el derecho del ciudadano a portar armas para la defensa de su persona, familia y hogar, sin perjucio de lo cual aboga por someter dicho derecho inalienable a una serie de restricciones. Desde el punto de vista estrictamente jurídico, el presidente Obama se ha mantenido estrictamente dentro de los parámetros establecidos por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el año 2008 en su fundamental sentencia District of Columbia v. Heller, donde se realizó un esfuerzo interpretativo en relación con la segunda enmienda. Dicha resolución judicial es notable por tres motivos: en primer lugar, porque establece que se trata de un derecho preconstitucional, es decir, anterior a la Constitución y que ésta no sólo no crea, sino que simplemente reconoce y, por tanto, no puede cercenar; en segundo lugar, que es un derecho de naturaleza estrictamente individual y no colectiva, desligada, por tanto, de la institución de la milicia; y, tercer lugar y lo que es más importante, que no es un derecho absoluto lo que implica que, siempre que se respete el contenido esencial, son legítimas y admisibles restricciones concretas. Dos años más tarde, en el caso McDonald v. Chicago, el mismo Tribunal Supremo declaraba que el derecho constitucional a portar armas no sólo era aplicable a la federación, sino que vinculaba a cada uno de los estados miembros.

En número 37-4 (correspondiente al verano de 2012) de la Administrative law and regulatory news, que trimestralmente publica la Section of Administrative Law and Regulatory Practice de la American Bar Association, dedica varios artículos precisamente al tema del control armamentístico planteando un tema que merece una seria reflexión: si el peligro radica en las armas o en los poseedores. Los defensores del control armamentístico (conviene insistir que lo que abogan los grupos que defienden esta tesis es incrementar los controles y restringir el acceso a las armas, en modo alguno la prohibición total) que la solución pasa por la prohibición total centrando la crítica en el objeto, es decir, en las armas, mientras quienes defienden la libertad de armas centran su análisis en el sujeto, es decir, en el poseedor. Para unos, lo peligroso es la propia tenencia del arma; para otros, que quien la tenga no esté capacitado para ello. La ecuación es difícil, por cuanto, por ejemplo, en el caso McDonald v. Chicago los demandantes sostenían que la legislación de control armamentístico de Chicago no había logrado el objetivo pretendido, pues desde su entrada en vigor las muertes por armas de fuego se habían incrementado.

Es obvio que este debate puede sonar extraño a nuestro entorno continental donde las armas no tienen tanta presencia histórica, sin perjuicio de que sí tengan cierto arraigo los denominados lances de honor, que aun proscritos legalmente desde temprana edad no estuvieron mal vistos socialmente hasta hace relativamente poco. Quizá por ello el público español no pueda comprender en su integridad el interesantísimo debate, doctrinal y legislativo, que tiene lugar en el seno de una cultura y una sociedad que, para bien o para mal, tiene su historia indisolublemente ligada a las armas.

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Un comentario el “CONTROL ARMAMENTÍSTICO EN ESTADOS UNIDOS: BREVES REFLEXIONES SOBRE EL PARTICULAR

  1. Muy interesante Raymond, el derecho a portar armas, su concepción de prederecho (qué bien nos vendría veces recordar por aquí que ciertas cosas son preconstitucionales o legislativas), o la discusión sobre el bien jurídico protegido. Habrá quien piensa que lo digo es una barbaridad, pero entre las democracias más avanzadas del mundo están USA y Suiza, y no es casualidad que tengan libertad de tenencia de armas. Es un derecho para muchos irrenunciable. En caso de que la población se vea atacada tanto por un enemigo externo, pero también por uno interno, cualquiera corre el peligro de que cualquier otro le cosa a tiros. Por eso creo que allí, nunca se superarán ciertos límites que aquí se han pasado de lejos.

    Pd. Aunque no suelo compartir ideas con Enrique López, el otro día escribió un buen artículo. Un afectuoso saludo

    http://www.iustel.com/diario_del_derecho/noticia.asp?ref_iustel=1111751

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