ÁLFONSO Y FERNANDO SANZ: LOS HIJOS ILEGÍTIMOS DE ALFONSO XII Y SU PLEITO ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO EN DEMANDA DE RECONOCIMIENTO DE LA PATERNIDAD REAL.

Alfonso XII

La aparición en la prensa de dos personas que manifiestan ser hijos naturales del monarca Juan Carlos I me ha hecho evocar otro episodio del que recientemente se hizo eco hace siete años ya el suplemento del diario El Mundo, pero que no era para nada desconocido, cuando menos desde que Ricardo de la Cierva lo publicase hace casi veinte años en su ameno ensayo La otra vida de Alfonso XII (editorial Fénix, 1994). Me refiero a los hijos que dicho monarca español tuvo con Elena Sanz, una brillante intérprete de ópera que abandonó su carrera para entregarse de pleno a Alfonso XII y a los hijos que de éste tuvo. Asunto que acabó en el Tribunal Supremo español que cerró el tema en 1907 en una resolución tan previsible como coherente con su historia, es decir, inclinando la cerviz ante el poder político. Repasemos un poco la historia.

Oficialmente, el príncipe Alfonso de Borbón, futuro Alfonso XII, fue hijo de la reina Isabel II y su marido Francisco de Asís (hijo éste don Francisco de Paula, el “bastardo del abominable parecido”, hermano menor del rey Fernando VII y elemento detonante, según la tesis oficial, de la revuelta del dos de mayo; amén de lo anterior, el infante don Francisco de Paula era un alto dignatario de la masonería). Pero, en realidad, el progenitor del príncipe Alfonso no era el marido de la reina, sino uno de los amantes de ésta, en concreto don Enrique Puig Moltó, hijo del duque de Torrefiel, cuya privanza en la regia alcoba causó no sólo disgustos íntimos a la reina en forma de admoniciones clericales sino que tuvo incluso alguna repercusión oficial al ocasionar la caída de algún ministerio (la reina Isabel II, conocido ya su estado de buena esperanza que en modo alguno podía deberse al regio consorte, llegó a decir a Narváez ante los reproches de éste: “Es que quieres que aborte?”). A los nueve años el joven príncipe de Asturias, de una madurez de juicio asombrosa, vio cómo su madre era destronada y como toda su familia debía exiliarse a Francia. Y durante los cursos que el príncipe Alfonso cursó en el Theresarium de Viena conoció a la cantante de ópera Elena Sanz, todo parece indicar que no fue ajena a ello Isabel II, quien deseaba que con esa nueva aventura su hijo se olvidase de Mercedes de Orleáns, duque de Montpensier, el gran conspirador de la España del siglo XIX, que había influido con su dinero al destronamiento de su cuñada la reina y que había instigado nada menos que el asesinato del general Prim

Una vez en España y ya siendo monarca constitucional, Alfonso XII reanudó su idilio con Elena Sanz. Pese a haberse casado ya en segundas nupcias con María Cristina de Habsburgo, no renunció a su romance con Elena Sanz, con quien tuvo dos hijos, Alfonso y Fernando, mientras su legítima esposa únicamente podía darle hijas. El amor de Elena Sanz llegó hasta el punto de retirarse de la ópera, viviendo de la pensión que le pasaba el monarca que, según Ricardo de la Cierva, era de unos “sesenta y cinco mil pesetas anuales, cifra considerable entonces pero cuatro veces inferior a lo que ella ganaba en escena”. Dicha pensión le fue retirada cuando Alfonso XII falleció el 25 de noviembre de 1885, pues María Cristina de Habsburgo saboreó el dulce placer de la venganza frente a las dos personas a quienes más odiaba: el duque de Sesto y Elena Sanz. Ésta poseía un conjunto de misivas que demostraban claramente la paternidad regia de sus retoños, pero se llegó a un acuerdo amistoso en 1886, por la que Elena Sanz recibiría para ella y sus hijos setecientas cincuenta mil pesetas a cambio de entregar todas las cartas que pudieran demostrar dicha paternidad. Elena Sanz estaba defendida por Nicolás Salmerón, gran jurista que había ostentado el cargo de presidente de la primera república española. Desgraciadamente el banco francés donde se encontraba depositada la cantidad de dinero quebró. Nicolás Salmerón aconsejó a ambos hermanos interponer un pleito ante el Tribunal Supremo. Y, en efecto, solicitan ambos de dicho Tribunal que se les declare como hijos naturales de Alfonso XII, se les facultase a utilizar el apellido Borbón, se les otorgase la cuota legitimaria en la herencia de su padre así como alimentos desde el fallecimiento del mismo en 1885. La defensa de la Casa Real es realmente sorprendente. En primer lugar, apela a las Leyes de Toro, que proscribía en los reyes el reconocimiento de otros hijos que los naturales; este argumento era impresentable, tanto desde un punto de vista jurídico como histórico; jurídico, porque las leyes de Toro habían sido desplazadas desde 1889 por el Código Civil, que constituía ya legislación civil aplicable; pero desde un punto de vista histórico el defensor de la Casa Real “olvido” precedentes históricos como Juan de Austria –hijo natural de Carlos V, reconocido expresamente por Felipe II- o Juan José de Austria –hijo natural de Felipe IV-, reconocido igualmente cuando el retoño tenía tan sólo tres años de edad . Pero el defensor regio no sólo apela a las leyes de Toro, sino nada menos que a las Partidas, donde entre las mujeres que no podían recibir como barraganas los monarcas ni los nobles (ni, por ende, reconocer como legítimos a sus hijos) entre las cuales se encontraban las “juglaresas y sus hijas”, trasponiendo o trasplantando a una cantante de ópera a finales del siglo XIX el término “juglaresa” de un texto aprobado en el tercer cuarto del siglo XIII; todo un alarde de originalidad jurídica que “olvidaba” que un ilustre bastardo regio, Juan José de Austria, era hijo del rey Felipe IV y de una “juglaresa”, la actriz María Inés Calderón, “la Calderona”. Por último, se argumentaba que la persona del rey era sagrada e inviolable, tal y como disponía el artículo 48 de la Constitución de 1876. Sorprendentemente, incluso se negó la autenticidad de las cartas escritas por Alfonso XII (sin que nadie explicase cómo, si no fuesen auténticas, la propia Casa Real se ofreciese veinte años antes a pagar tres cuartos de millón de pesetas de la época por ellas). No es nada sorprendente el hecho de que el Tribunal Supremo, haciendo gala de lo que el profesor Jesús González Pérez califica de “respetuosos, muy respetuosos con quienes en cada momento han ostentado el poder”, acogiera íntegramente todos los argumentos de la defensa. En otras palabras, que las leyes de Toro y las partidas, en un ejemplo inaudito de ultraactividad jurídica sirvieron para rechazar las pretensiones de los hijos de Alfonso XII.

En el año 2006 el diario El Mundo hacía una entrevista a la “nueva tía bastarda del rey”, María Luisa Sanz de Limantour, hija de Alfonso Sanz, uno de los retoños de Alfonso XII y Elena Sanz. En ella desvelaba aspectos muy reveladores que avalan lo que ya Ricardo de la Cierva había expuesto.

Aclaro un punto. Alfonso XII fue un gran monarca, se atuvo siempre a la letra y al espíritu de la Constitución y sus devaneos particulares en ningún modo ni afectaron a cuestiones estatales ni la seguridad del Estado se vio implicada para nada en ello. Los amoríos privados del monarca español no ensombrecen en modo alguno su gran labor como monarca y pertenecen a una vida privada que, si bien al tratarse de una persona pública ha de tener lógicamente más repercusión que si se tratase de un particular, es eso, vida privada.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

2 comentarios el “ÁLFONSO Y FERNANDO SANZ: LOS HIJOS ILEGÍTIMOS DE ALFONSO XII Y SU PLEITO ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO EN DEMANDA DE RECONOCIMIENTO DE LA PATERNIDAD REAL.

  1. No me haga mucho caso, pero creo que los hijos no matrimoniales no tenían el mismo régimen si eran naturales (de padre viudo o soltero) que si eran bastardos (de padre casado). Creo que el régimen jurídico era distinto, unos podían ser reconocidos y otros no.

  2. Confieso que su comentario me intrigó e, investigando jurídicamente el particular, he acudido a la redacción original del Código Civil tal y como aparece publicada en La Gaceta del jueves día 25 de julio de 1889. En efecto, según el artículo 119 sólo podían ser legitimados los hijos naturales, a los que dicho artículo definía como los nacidos fuera del matrimonio de padres que, al momento de la concepción de aquéllos, pudieran casarse sin dispensa o con ella. Los hijos ilegítimos que no tuvieran la condición legal de naturales sólo podrían, por mor de lo dispuesto en el artículo 139, solicitar alimentos. En el caso de Alfonso y Fernando Sanz concurría la causa del artículo 140.2 (si la paternidad o maternidad resulta de un documento indubitado del padre o la madre que expresamente reconozca la filiación).
    Lo que no entiendo es cómo con estos preceptos legales vigentes del Código Civil el abogado de la Real Casa se remonta a las Leyes de Toro y a las Siete Partidas, existiendo además notables ejemplos históricos que demostraban que las mismas habían quedado desvirtuadas en la práctica.
    Muchísimas gracias por su intervención, y un saludo.

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