BREVES REFLEXIONES SOBRE LA FIGURA DE DON JUAN DE BORBÓN EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Don Juan

El pasado veinte de junio de dos mil trece la Familia Real española conmemoraba el centenario del nacimiento de don Juan de Borbón y Battemberg, tercer hijo varón del matrimonio formado por el rey Alfonso XIII y su mujer doña Victoria Eugenia de Battemberg; curiosamente dos meses y medio antes, el uno de abril, se conmemoraba igualmente el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Sobre la figura de don Juan, un ejemplo de entrega y patriotismo, se han acumulado sin embargo afirmaciones de veracidad cuando menos dudosa, como cuando se le identifica con el bando de la democracia en oposición a la dictadura franquista.

Don Juan fue, realmente y desde su infancia, el centro de atención en el que se concentraron todos los ojos de quienes simpatizaban con el régimen monárquico, pues sus dos hermanos mayores no se encontraban capacitados para asumir la grave tarea de ocupar el trono. El primero, don Alfonso, príncipe de Asturias, por estar gravemente afectado por la hemofilia, algo que su padre, cegado en este aspecto, se negó a asumir; el segundo, don Jaime, porque una operación que se le practicó cuando apenas tenía cuatro años de edad le privó del sentido del oído. No obstante, no fue hasta el año 1933 (es decir, dos años después de proclamada la República en España y con toda la familia real en el exilio) don Alfonso maniobrase para que su homólogo y primogénito renunciase a sus derechos dinásticos, logrando también la renuncia de su segundogénito y concentrando en don Juan las esperanzas de una restauración monárquica. La educación de este infante, elitista y palaciega, se había completado con una formación militar en la armada española, que tras el 14 de abril de 1931, continuó en la armada real británica.

Quienes le identifican con la democracia debieran quizá leer su primer manifiesto, unas breves líneas que dirigió en 1935 a los integrantes de la revista Acción Española, que habían acudido a Roma a ofrecerle un homenaje. Una vez estalla la guerra civil española, don Juan trata por dos veces de combatir en el bando nacional: la primera de ellas, en la que trataba de acudir al frente de Somosierra tocado con uniforme azul y boina roja, fue abruptamente finiquitado por el general Mola, quien dio orden de colocarle en la frontera ; la segunda, solicitando por escrito al general Franco la incorporación en el crucero Baleares, siendo rechazada tal solicitud por el generalísimo, quien con tal gesto le salvó la vida dado el trágico final del meritado buque. En esta solicitud, fechada el 7 de diciembre de 1936, don Juan manifiesta que “la lucha parece tomar, cada vez más, aspecto de una guerra contra enemigos exteriores, guerra en la que todos los buenos españoles de mi edad habrán podido hallar un puesto de combate. El deseo de hallarlo yo también, y en forma que aleje toda suspicacia, me mueve a someter a la benévola atención de V.E. mi aspiración”; es decir, que identifica el combate no como una guerra civil, sino como enfrentamiento contra un enemigo exterior (el comunismo, sin nombrarlo). Su identificación con la causa nacional llega a tal punto que incluso dirige el 27 de diciembre de 1937 un telegrama a Franco para desvincularse de todos quienes utilizan su nombre para oponerlo al generalísimo: “a ninguna persona, española o extranjera, he autorizado a expresar otras ideas que mi deseo de obedecer las órdenes de V.E. como el mejor medio de servir a España y que nunca he tolerado se hablase en mi presencia de otra cosa”. Pero, lo que es más importante, don Juan dirige en 1937 una nota manuscrita a don Fermín Yzurdiaga para que cursase las órdenes precisas a fin de contarle entre los suscriptores de la revista Jerarquía, cuyos valores eran clara, abierta y expresamente los valores falangistas. Tales ideas se exacerban con el triunfo de las armas nacionales: “Uno mi voz nuevamente a la de tantos españoles para felicitar entusiasta y emocionadamente a V.E. por la liberación de la capital de España. La sangre generosa derramada por su mejor juventud será prenda segura del glorioso porvenir de España, Una, Grande y Libre”. Tal identificación se mantiene sin fisuras justo hasta el momento en el que don Alfonso XIII cede sus derechos a don Juan. Es a partir de entonces cuando las relaciones se enfrían hasta derivar en varias rupturas que, como si de un matrimonio se tratara, se alternan con periodos de recuperación de la convivencia armónica. Pero, aclarémoslo bien, la oposición de don Juan a Franco no se basa en discrepancias ideológicas, que en ese momento no existían, sino en meras discrepancias personales. En otras palabras, que don Juan buscaba ocupar simple y llanamente el lugar que ocupaba Franco, aunque lógicamente titulándose formalmente como rey. Pero su aborrecimiento por la democracia en esos momentos se deduce incluso del documento de aceptación de los derechos que lee a su padre don Alfonso XIII cuando éste hace pública su abdicación.

Sería muy largo y tedioso repasar toda la historia de idas, regresos y vaivenes de don Juan de Borbón. No obstante, sí hay algo que debería tenerse muy claro: lo erróneo de su identificación con la democracia, cuando menos hasta bien entrados los años sesenta. Las bases de Estoril publicadas en 1946 y que constituían el programa restaurador de don Juan eran de todo menos democráticas. Todavía en varias misivas remitidas a Franco don Juan no tiene inconveniente en identificarse de forma expresa con el Movimiento Nacional; en 1957 asume la legitimidad carlista en un acto celebrado en Estoril; tras el encuentro mantenido con Franco en 1961 manifiesta textualmente a sus acompañantes que “era para matar a quienes me han estado hablando mal de este hombre”. Sólo avanzada la década de los sesenta don Juan, al igual que otras muchas personas, asume que la realidad impone un sistema democrático y da el salto final al mismo.

Todo lo anteriormente expuesto no pretende ser ni una crítica ni  una descalificación de don Juan de Borbón, personaje cuyo patriotismo sincero y cuyas renuncias personales y familiares son dignas de elogio, pero al que en modo alguno puede identificársele, como hacen algunas voces de quienes algún autor ha denominado “neojuanistas”, como un demócrata de toda la vida, al igual que tampoco cabe referirse a él como Juan III, pues no lo fue ni de hecho, ni de derecho.

Al lector interesado en el tema le remito a dos biografías de don Juan que, aun elaboradas por autores ideológicamente muy distintos, llegan a conclusiones prácticamente similares. La primera, cronológicamente hablando, es la obra de Rafael Borrás Betriu, Don Juan de Borbón, el rey de los rojos; la segunda, publicada unos años más tarde, se debe a Ricardo de la Cierva, y lleva por título Don Juan de Borbón: por fin toda la verdad.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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