LOS CANDIDATOS DE OBAMA PARA JUECES FEDERALES: EL BENEFICIO DE LA EXPERIENCIA PREVIA COMO ABOGADO.

Obama and nominees

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha hecho públicos recientemente los nombres de sus candidatos para ocupar el cargo de magistrados en el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia, órgano federal encargado de conocer las apelaciones de las sentencias dictadas por los juzgados federales ubicados en el Distrito de Columbia. Los candidatos propuestos son Robert Wilkins, Patricia Millet y Nina Pillard. Los tres son veteranos juristas que tienen algo en común: haber ejercido como abogados en el sector privado una buena parte de su carrera profesional. Wilkins finalizó su carrera como letrado cuando en 2010 fue nombrado juez federal del Distrito de Columbia; Millet y Pillard son dos veteranas abogadas que se han curtido profesionalmente defendiendo asuntos en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, y en el caso de la segundo tras una década de ejercicio profesional se incorporó a la docencia en la facultad de derecho de Georgetown.

Es evidente que el sistema americano de selección de los jueces difiere notablemente del continental,  pero se aparta levemente del sistema británico del cual procede. En efecto, en el sistema inglés para optar a ser miembro de la judicatura se exige un periodo mínimo de ejercicio profesional de entre siete y diez años, de tal manera que lo normal es que quien ha trabajado la mitad de su vida profesional como letrado (ya sea como barrister o solicitor, las dos categorías jurídicas existentes en el derecho inglés) acabe su vida profesional como juez. Los Estados Unidos se apartaron levemente de tal sistema, de manera que a nivel federal no existe un requisito o cualificación requerido, bastando únicamente la nominación presidencial y la aprobación del Senado. No obstante, en la práctica es habitual que las personas designadas para ocupar un cargo en la judicatura sean elegidos entre personas que hayan ejercido previamente la abogacía durante un cierto periodo de tiempo. Bien es cierto que no siempre ha sido así, y en ocasiones se han elegido como magistrados del Tribunal Supremo personas que carecían de experiencia legal o judicial previa al proceder del campo político, mas, por ejemplo, en la época de William Rehnquist todos los jueces del alto tribunal habían sido previamente jueces en tribunales de apelación. Es evidente la experiencia profesional previa facilita enormemente abordar como juez los asuntos, tanto para la fase estrictamente procesal como a la hora de resolver.

Tomemos un ejemplo práctico: el del actual presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, John Roberts jr. Al igual que Barack Obama estudió en la facultad de derecho de Harvard y es una persona joven, brillante y goza de un enorme carisma y facilidad para el trato personal. Roberts trabajó durante un año como law clerk para William Rehnquist (por entonces todavía associate justice), trabajando ulteriormente durante cuatro años como uno de los asesores jurídicos de Ronald Reagan. Tras esos cinco años se incorpora a la abogacía en el sector privado en un importante bufete de Washington, donde destacó como uno de los letrados más brillantes. En su ejercicio cotidiano de la profesión llegó a defender treinta y nueve asuntos en el Tribunal Supremo norteamericano, de los cuales logró la victoria en veinticinco; como reconoce incluso una persona ideológicamente tan opuesta a Roberts como Jeffrey Toobin, en sus intervenciones como abogado Roberts llamaba poderosamente la atención por la peculiar circunstancia de que, a diferencia de otros letrados, no utilizase ni papeles ni notas para defender sus asuntos, pues tenía toda la información del caso aprendida de memoria. Tras más de una década de ejercicio privado de la abogacía, es propuesto por George W. Bush como juez para el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia en el año 2003, puesto en el que permanece durante un par de años hasta que en septiembre de 2005 es propuesto para el cargo que actualmente ocupa, el de chief justice.

También es de justicia reconocer un hecho fundamental: para optar al ejercicio de la abogacía (ya sea en el ámbito privado o público) es indispensable aprobar un durísimo examen profesional, una vez superado el cual el aspirante es admited to the bar. Ya reconocido profesionalmente como abogado, uno puede optar por el ámbito privado (a diferencia de lo que ocurre en nuestro país, bastante, pero bastante más lucrativo) o en el público, bien como attorney (cargo para el cual tampoco existen oposiciones) o en algún puesto técnico del ejecutivo federal o de los ejecutivos estatales.

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