CUARENTA AÑOS SIN JOHN FORD (II).

John Ford

Ayer sábado día 10 de agosto, el canal TCM programó dos nuevos títulos dentro del ciclo sabatino que viene dedicando este mes para conmemorar el cuadragésimo aniversario del fallecimiento de John Ford. Los títulos programados ayer fueron Mogambo y Fort Apache.

I.- Mogambo. Este título es atípico dentro de la filmografía fordiana, no sólo por ser la única vez en la que ambientó una aventura en las selvas africanas, sino porque utilizó un reparto de actores con los que ni antes ni después volvió a trabajar. El estudio impuso a Ava Gardner en un papel para el que Ford deseaba a su musa Maureen O´Hara, y la frustración personal derivada del rechazo a la contratación de “su” estrella femenina por antonomasia le llevó a tratar injustamente a Ava Gardner durante el rodaje, hecho éste que provocó el alejamiento del “rey” Gable respecto de Ford. Por cierto que Gable heredó un papel para el cual se deseó contratar a Stewart Granger (que tan sólo un par de años antes había interpretado un rol idéntico, al encarnar con notable éxito al aventurero Allan Quatermain en Las minas del rey Salomón). En realidad, esta película no es más que un remake de Tierra de pasión, protagonizada veinte años atrás por el propio Gable, pero si éste se encontraba por aquel entonces en plena juventud, en 1953 no era quizá la mejor opción pues su madurez era ya algo excesiva para disputarse el amor de Ava Gardner y Grace Kelly.

Esta aventura africana, el veterano cazador Víctor Marswell ha de enfrentarse de forma inesperada no sólo con el mundo animal propiamente dicho, sino con el enfrentamiento larvado que su propia persona ocasionaba entre Eloise “Honey Bear” Kelly (el “animal más bello del mundo” la sin par Ava Gadrner) y una Linda Nordley (Grace Kelly) a quien los vínculos matrimoniales no parecían embridar a la hora de beber los vientos por el ya maduro responsable del safari. Tribus africanas, pasión, erotismo larvado dentro de los rígidos cánones de Hollywood, todo ello bajo el irrepetible escenario de las selvas africanas donde panteras, leones, elefantes y gorilas completan el exótico triángulo amoroso que, en nuestro país, los censores en su ceguera lograron aumentar al convertir una infidelidad en un incesto, convirtiendo a los esposos Linda y Donald en hermanos.

II.- Fort Apache. Si a James Warner Bellah le hubieran dicho que su breve relato Massacre, publicado en el Saturday Evening Post, iba a ser la fuente inspiradora de una de las más bellas películas del oeste quizá no lo hubiera creido. Lo que en Bellah era una tragedia plana, limitada temporalmente a dos días y en la que tan sólo tres personajes aparecían de forma un tanto destacada, se transformó en una auténtica epopeya glorificadora del regimiento de caballería. Se mantiene la historia original (la masacre de todo un regimiento debido a la incompetencia del coronel Owen Thursday), pero se rodea de tramas secundarias inexistentes en el breve relato, dando así entrada en el film a pinceladas cómicas (los sargentos, borrachines y pendencieros pero de buen corazón) y sentimentales, como la protagonizada por el teniente O´Rourke y la hija del coronel Thursday. Todas las interpretaciones son absolutamente magistrales, desde John Wayne a Shirley Temple pasando por George O´Brian, Ward Bond, Victor McLaglen, Pedro Armendariz o Guy Kibee. Pero si alguien merece brillar con luz propia es Henry Fonda, quien ofreció aquí una de sus mejores interpretaciones al encarnar al estirado y resentido teniente coronel Owen Thursday. Como bien dice Eduardo Torres-Dulce en su libro Jinetes en el cielo, Fonda compone un personaje mucho más rico en matices que el lineal y simple esbozo que se contenía en el relato de Bellah. Thursday no es un incompetente, sino un simple resentido, incapaz de tolerar que alguien inferior en categoría pueda tener razón. Pero es capaz de improvisar una maniobra táctica, de poner en su sitio al miserable encargado de la reserva india (“Es usted una vergüenza y una desgracia. Si de mí dependiera le ahorcaría y créame que nada me gustaría más. Pero es usted un representante de los Estados Unidos y, como tal, merece protección”) y, sobre todo, de comprender cuándo ha llegado la hora del sacrificio personal asumiendo en su propia persona los errores cometidos más por su soberbia que por su ineptitud. Pero, sin duda alguna, la escena por excelencia de este film es la que acontece en el baile de los suboficiales, cuando el coronel Thursday se ve obligado, porque así lo impone la tradición, a bailar con la mujer del sargento mayor O´Rourke, con quien poco antes había tenido un enfrentamiento directo debido al amor existente entre el hijo de los O´Rourke y su propia hija, Philadelphia; frente al resto de soldados, que tratan de hacer lo que pueden, Thursday da una auténtica lección de baile más propia de los salones de la alta sociedad del este que de un puesto fronterizo. Magnífica película que es de visión obligada para todo buen aficionado al western.

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