SANTIAGO MARTÍNEZ ARGÜELLES: ENTRE IZNOGUD Y EL “PADRINO”

Iznogud

Los ciertamente ya no tan jóvenes estarán familiarizados con el personaje de Iznogud, el taimado y maquiavélico gran visir de Bagdad cuya única ambición era “ser califa en lugar del califa”, algo bastante difícil porque este último era un individuo bonachón y muy querido por el pueblo. Las maquinaciones del tenebroso califa terminaban inevitablemente en un rotundo fracaso, seguido de la desesperación del personaje, que entonaba su lamento al grito de “quiero ser califa en lugar del califa”. Y es que para Iznogud no existía vida más allá de ese único objetivo, para el cual, literalmente, vivía. Ser “califa en lugar del califa” era su única y exclusiva ambición.

A finales de agosto publicábamos en este blog un post titulado Santiago Martínez Argüelles o el síndrome de John Rutledge, donde trasladábamos a los lectores los acontecimientos que parecían estar llevando al líder del socialismo gijonés a acercarse peligrosamente a la degeneración final de quien fuera uno de los más brillantes padres fundadores de los Estados Unidos, John Rutledge, a quien un fracaso puntual hizo perder la línea que separaba la razón de la locura. Exponíamos allí que el hecho de no lograr la investidura como alcalde de Gijón, siendo el primer candidato socialista en no obtener el cargo de primer edil, había llevado al autodenominado “mejor candidato” a cometer no sólo errores de bulto, sino salidas de tono absolutamente incomprensibles no ya en un político curtido, sino en una persona medianamente cultivada y con un mínimo sentido del decoro. El resquemor de ese fracaso unido a la gigantesca concepción que el personaje tiene de sí mismo le estaban llevando a reclamar la alcaldía gijonesa como si ésta patrimonialmente le perteneciera. El hecho de que un partido, además de nueva creación lograse nada menos que en tres meses convertirse en la segunda fuerza más votada de la ciudad y pisándole peligrosamente los talones al socialismo gijonés, que hasta marzo de 2011 era la fuerza hegemónica que gobernaba con mano de hierro la ciudad de forma ininterrumpida desde las elecciones municipales de 1979, no debió ser, en efecto, algo fácil de aceptar. Pero el hecho de que un nuevo equipo de gobierno de color político distinto pudiera alzar alfombras, abrir cajas cerradas con siete llaves y descubrir oscuros secretos de los anteriores equipos de gobierno, como en efecto así ha sucedido, hizo saltar las alarmas en el grupo socialista. Y cuando al miedo de la formación se une la frustración personal del candidato (perdón, del “mejor candidato”) se está incubando una bomba explosiva ante la cual las barreras del decoro, ya de por si tenues en el mundo de la política , no sirven de freno. Y la reciente destitución de la secretaria del Ayuntamiento de Gijón, Dora Alonso (persona que, por cierto, es vox populi en las covachuelas administrativas gijonesas que más de un favor debe a la formación de la cual el señor Argüelles es el “mejor candidato”) ha despeñado al líder socialista gijonés por la pendiente de la mala educación.

Para bien o para mal, hoy en día los Secretarios de los Ayuntamientos son puestos para cuyo nombramiento se utiliza el sistema de libre designación, lo que implica que igual que se les nombra libremente se les puede cesar de igual manera sin dar explicaciones; es un sistema absurdo, pues deja algo tan fundamental como la fe pública local en manos de personas que dependen de los Alcaldes. No es este el lugar ni el momento para hablar de Dora Alonso, en cuya llegada al Ayuntamiento influyó, y no poco, el socialismo gijonés y cuya actuación al convocar ilegalmente un pleno municipal existiendo un Decreto de la Alcaldía negando el mismo también tuvo, y mucho que ver, el señor Martínez Argüelles (a este tema hemos dedicado también un post que fue compartido más de sesenta veces en Facebook). Lo cierto es que si tal situación hubiese tenido lugar con el señor Areces o con el propio señor Argüelles como alcaldes la Secretaria, el pleno hubiese reproducido la situación que tuvo lugar el 17 de julio de 2013, con el aditamento de que la Secretaria no sólo se hubiese levantado cesada, sino muy probablemente con una denuncia penal bajo el brazo (porque lo cierto es que convocar un pleno que ha sido denegado expresamente por la alcaldía sin que nadie hubiese impugnado judicialmente tal rechazo, o implica un desconocimiento absoluto de la normativa o la situación es tan grave que incluso pudiera incurrir en otro tipo de responsabilidades que exceden de las meramente disciplinarias). El caso es que el Partido Socialista por evidentes intereses de partido (mantener en el cargo a una persona de la “fiel infantería”), Izquierda Unida por evidente pinza con el socialismo, y el Partido Popular por su evidente afán cainita contra todo lo que venga o recuerde a Foro Asturias (llegando al patetismo de Manuel Pecharromán habla de autoritarismo cuando su partido a nivel local está gobernado por una gestora porque la líder autonómica –la gran fracasada de la política gijonesa y asturiana a la cual las urnas le dan literalmente pavor- no quiso convocar un congreso local que no estaba segura de ganar) se unieron para exigir explicaciones. Pedir explicaciones en sí es lógico y normal, y, en efecto, quizá en este aspecto Foro Asturias pecó de ingenuidad al no explicar en su totalidad las circunstancias que llevaron a cesar a una persona que, debiendo velar por la legalidad, al menos en un par de ocasiones no lo hizo. Ahora bien, hace cinco días el señor Argüelles hacía unas manifestaciones en las cuales comparaba al equipo de gobierno con la cossa nostra, al identificarlo de forma expresa y directa con la mafia, pues, citamos literalmente sus palabras tal y como fueron transcritas en el diario El Comercio del pasado miércoles día 23 de octubre de 2013: “Sería sorprendente que eso sea una falta de respeto. Si alguien considera que lo es, creo que tiene un problema a la hora de valorar lo que es respeto. Al menos, en el sentido en que lo entendemos los demás, no las familias sicilianas”. Dejando de lado que nadie, por talante y por físico, encarna la figura del “padrino” o “don” que el señor Martínez Argüelles, sólo hace falta repasar su trayectoria como concejal de hacienda, los “logros” que ha obtenido en ella para su propio pecunio y para el de sus correligionarios (es decir, para su “familia” política) para ver hasta qué punto la hipocresía de este personaje es tan inmensa como su propia figura. Un ejemplo valga para demostrar cómo entiende este personaje el servicio público: en su etapa como consejero de Lieberbank percibía la nada despreciable cantidad de 87.000 euros mensuales por acudir a las reuniones de dicha entidad financiera en representación del Ayuntamiento de Gijón; sin embargo, las cantidades que percibía como representante de la corporación (es decir, una representación, digamoslo así, “insititucional”) terminaban en los bolsillos del edil que, además, ocultó cuanto pudo este hecho y cuando inevitablemente se hizo pública la cantidad que percibía, llegó a decir que donaba parte de dicha cantidad al partido. En otras palabras: una representación institucional genera unos suculentos ingresos personales parte de los cuales acaba en las manos de un partido. Si a ello sumamos contratos administrativos adjudicados siempre a empresas en términos tan generosos para los contratistas como onerosísimos para la corporación a la cual el señor Argüelles representaba, pues más de lo mismo.

Pero hoy día 27 de octubre de 2013 el señor Martínez Argüelles, ha ido aún más lejos, pues en su cuota diaria de presencia en los medios, se descuelga en la edición impresa del diario El Comercio con una carta titulada ¿Por qué Moriyón debe presentar la cuestión de confianza?, donde da rienda suelta a toda su frustración contra la actual regidora. Es realmente cómico que quien no se atreve a presentar una moción de censura porque sabe que va a perderla en su lugar inste al contrario a presentar una cuestión de confianza. Sin embargo, lo realmente preocupante es este párrafo que revela hasta qué punto el señor Argüelles tiene una concepción caciquista o patrimonialista de la democracia local: “Por otro lado, conviene recordar que Moriyón no es alcaldesa por los votos de los ciudadanos, lo es por los votos del PP”. ¿Es que acaso en nuestra ciudad hay votos de primera y de segunda? ¿Es que acaso los votos obtenidos por Foro Asturias y el Partido Popular no son votos de los ciudadanos? Juguemos al mismo juego que el “mejor candidato”: ¿nos sería lícito decir, por ejemplo que en Andalucía José Antonio Griñán y Susana Díaz no son presidentes por los votos de los ciudadanos sino por los votos de IU? ¿O en aquéllos lugares donde el PSOE no es la lista más votada pero gobierna gracias al pacto entre fuerzas de izquierdas, aquél no gobierna “por los votos de los ciudadanos”? ¿Es que acaso únicamente es lícito el pacto entre fuerzas de izquierda?

Con ser la fijación de Iznogud ciertamente enfermiza, no llega ni con mucho a la que aqueja al señor Martínez Argüelles, quien literalmente se está consumiendo en el fuego de su rabia. Es innegable que el candidato socialista no tiene abuela y que tiene un altísimo concepto de su persona y de sus habilidades como político, pero alguien en su partido debiera, aún a riesgo de caer momentáneamente en la ira del César, en decirle abiertamente que el rey va desnudo, y que la “moriyonitis” que afecta al edil gijonés está haciéndole caer en el más espantoso de los ridículos. Y quien aspira a ser de nuevo el Don, no puede aparecer ante la opinión público no ya como Iznogud, sino como una burda caricatura de Iznogud.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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