LA HISTORIA DE UN CALCETÍN VACÍO O EL AUTÉNTICO SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD EN EL FILM “LA MUJER DEL OBISPO”.

Bishop's Sermon

En el año 1947 Henry Koster dirigió una deliciosa obrita cinematográfica de ambiente navideño, en concreto La mujer del obispo (The bishop´s wife). En dicho film, el obispo Henry Brougham (encarnado por David Niven), vive tan obsesionado por conseguir financiación para lograr su sueño de alzar una catedral, que en su cotidiano quehacer descuida todas sus obligaciones tanto familiares con su esposa Julia (Loretta Young) como las de culto con sus antiguos parroquianos. Desesperado, en la soledad de su despacho, dirige sus oraciones a Dios, pidiendo humildemente ayuda ante el óleo que representa la tan ansiada catedral. Sus plegarias son escuchadas y súbitamente aparece Dudley (inmejorable Cary Grant), quien se identifica a sí mismo como un angel enviado del cielo como respuesta a su petición de auxilio. Desde ese momento, la vida del obispo dará un giro copernicano, dado que únicamente él  es conocedor de la naturaleza angelical de su nuevo invitado, cuyas educadas e impolutas maneras conquistan no sólo a los amigos del obispo, sino incluso a su mujer Julia……….En poco más de hora y media se aúnan drama, comedia, romance y ficción, en un idílico Nueva York sumido en un manto de nieve que tanto sirve de campo de batalla para los niños como de pista de patinaje para los mayores.

Es imposible entender esta película sin situarla en su tiempo, en una época donde los Estados Unidos han salido vencedores de una conflagración bélica y donde, ante la falta de referentes, la mirada salta en el cine del campo humano al divino (tan sólo un año antes Frank Capra había rodado su film Qué bello es vivir –What a wonderful life– donde también existe intervención de un ser angelical, aunque ciertamente con un físico y unas formas bien distintas a las del protagonista de La mujer del obispo). Como anécdota curiosa, al empezar el rodaje el personaje del obispo lo encarnaba Cary Grant y el ángel era interpretado por David Niven, pero el director se dio cuenta de que el casting estaba equivocado e invirtió los papeles. Como bien indicó el hoy fiscal general del Estado don Eduardo Torres-Dulce en el coloquio que siguió a la emisión de esta película en el espacio Qué grande es el cine, de haberse mantenido el reparto inicial ello hubiera dado lugar a un obispo demasiado fuerte frente a un ángel no tan carismático porque, en efecto, David Niven, un grandísimo actor británico como su colega Cary Grant, no hubiera logrado llenar la pantalla y subyugar de la misma manera que éste.

Sin duda alguna, el momento culmen de la película es aquel en el cual el obispo Brougham se dirige la nochebuena desde el púlpito de su iglesia a unos fieles que abarrotan el templo. Un sermón que relata la historia de un calcetín vacío, sermón que transcribiremos en su idioma original para después ofrecer al lector una traducción al castellano. La historia que relata el obispo es la siguiente:

Tonight I want to tell you the story of an empty stocking. Once upon a midnight clear, there was a child’s cry, a blazing star hung over a stable, and wise men came with birthday gifts. We haven’t forgotten that night down the centuries. We celebrate it with stars on Christmas trees, with the sound of bells, and with gifts. But especially with gifts. You give me a book, I give you a tie. Aunt Martha has always wanted an orange squeezer and Uncle Henry can do with a new pipe. For we forget nobody, adult or child. All the stockings are filled, all that is, except one. And we have even forgotten to hang it up. The stocking for the child born in a manger. Its his  birthday we’re celebrating. Don’t let us ever forget that. Let us ask ourselves what He would wish for most. And then, let each put in his share, loving kindness, warm hearts, and a stretched out  hand of tolerance. All the shinning gifts that make peace on earth

Lo que podría traducirse de la siguiente manera:

Esta noche deseo contarles la historia de un calcetín vacío. En cierta despejada medianoche, sonó el llanto de un niño, una luminosa estrella brillaba sobre un establo y unos sabios vinieron con regalos. Durante siglos, no hemos olvidado esa noche. La celebramos con estrellas en los árboles de navidad, con el sonido de campanas y con regalos. Especialmente con regalos. Me das un libro y te doy una corbata. Tía Marta siempre quiso un exprime-naranjas y tío Enrique una pipa. No hemos olvidado a nadie, niño o adulto. Todos los calcetines están llenos, todos, menos uno. Incluso nos hemos olvidado de colgarlo. El calcetín para el niño nacido en el pesebre. Y es su nacimiento el que estamos celebrando. No nos permitamos olvidarlo. Preguntémonos qué es lo que más desearía. Y entonces, ofrezcámosle bondad, amor y aumentemos nuestra tolerancia. Todos los luminosos regalos que permitan la paz en la tierra.

Para quien desee contemplar la escena de la película, aquí se la ofrecemos:

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El núcleo del sermón y sus ideas básicas continúan vigentes. Hoy en día la celebración de la navidad ha quedado reducida a una serie de días en los cuales algunos no trabajan y en la que únicamente se reúne la familia para compartir unos ratos más o menos agradables y a intercambiarse regalos. Pero el objetivo último de la celebración se ha perdido definitivamente. Si el obispo Brougham pudiera volver a pronunciar hoy en día un sermón no hablaría de un calcetín vacío, como hiciese en 1947, sino que se preguntaría si la gente de hoy recuerda la propia existencia del calcetín.

Desde esta bitácora, el redactor de las presentes líneas desea de todo corazón a todos los lectores y a todos aquellos que en algún momento han intervenido haciendo algún comentario, unas felices fiestas y un próspero año 2014. Y concluyo este post navideño con dos piezas navideñas: en la primera, el gran e inimitable Bing Crosby les desea a todos unas White Christmas

 y en la segunda el mismo intérprete junto con las Andrew Sisters ofrece su particular versión del Jingle Bells.

Reitero mis deseos de unas felices fiestas a todos!

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