EL INFORME ANUAL DEL CHIEF JUSTICE SOBRE LA JUDICATURA FEDERAL: UNA LECCIÓN MAGISTRAL EN APENAS CATORCE FOLIOS.

Justicia

Como sucede habitualmente todos los años, el Presidente del Tribunal Supremo y máximo responsable de la judicatura federal estadounidense, elabora el día 31 de diciembre un informe sobre el poder judicial de los Estados Unidos, cuya denominación técnica y oficial es Chief Justice´s Year End Report on the Federal Judiciary. Llaman la atención del lector foráneo, sobre todo si es español, varias cuestiones en lo relativo a esos informes, pero en realidad y sobre todo son dos las notas características de estos documentos que los hacen extremadamente valiosos. En primer lugar, su brevedad y concisión, dado que raras veces superan las veinte páginas sin que ello excluya o sacrifique en modo alguno el rigor; ello contrasta con los voluminosos tomos de los Libros blancos e informes españoles, que parecen elaborados expresamente con la intención de que nadie los lea. En segundo lugar, por la cuidada y exquisita redacción con la que se elaboran, en un lenguaje ágil y sencillo para hacerlos accesibles a todo el público y donde en ocasiones no se rehúye el uso de referencias literarias (o, como en el presente año, incluso cinematográficas); en contraste, los informes elaborados por los órganos españoles son plúmbeos, con un lenguaje excesivamente técnico que espanta tanto a legos como a expertos. Ello no debe extrañar al quien esté familiarizado o simplemente tenga interés en la evolución histórica y cultural de las sociedades española y la norteamericana. Ambas tienen sus virtudes y sus defectos, sus ventajas y sus inconvenientes. Sin embargo, una de las principales diferencias entre ambas radica, a mi humilde entender, en que mientras los norteamericanos (al igual que los británicos, de los cuales descienden cuando menos desde el punto de vista cultural) son muy prácticos y concisos, por el contrario en nuestro país gustamos muchas veces de las abstracciones teóricas y de acumular en nuestras mesas montañas de papel gran parte del cual carece de utilidad.

Por ello, creo que es muy útil e ilustrativo echar un vistazo desapasionado a los catorce folios y medio escrito a doble espacio en los cuales el chief justice John Roberts, en el que es su décimo informe desde que accedió al cargo en septiembre de 2005, desgrana la situación de los juzgados y Tribunales federales, y que el lector puede consultar aquí. Las referencias expresas al Mister Scrooge del Christmas carol de Dickens y al George Bailey del film What a wonderful life que Frank Capra dirigiera en 1947 sirven a Roberts para retrotraerse brevemente a los mismos orígenes de los Estados Unidos y exponer brevemente las razones que avalan el prestigio de los órganos judiciales de dicho país, “que han servido de modelo a lo largo y ancho del mundo” como dice textualmente en el texto. Personalmente, este año me gustaría quedarme con un párrafo, y es aquel en el cual manifiesta la sorpresa de magistrados de otros países cuando Roberts les ofrece la respuesta a la habitual pregunta acerca del “secreto del éxito” de los juzgados y tribunales estadounidenses. Pocas veces se puede contemplar toda una lección de derecho procesal y ciencia política en apenas diez líneas: “Foreign jurist-especially those from emerging cemocracies who best understand the debilitating effects of injustice- uniformly admire the efficiency, fairness and transparency of United States courts. They want to know the secret of our succes. They are not surprised when I commend the intelligence and integrity of our federal judges, whose selfless commitment to public service is the core of our justice system. But they do raise an eyebrow when I also point out the vital role of the Legislative branch of government”. Y es que, tras enumerar los principals hitos de la legislación procesal estadounidense, Roberts indica: “farsighted Members of Congress worked in close collaboration with Members of the Judiciary, improving the structure of the federal courts to meet the needs of the people they serve […] The United States courts owe their preeminence in no small measure to statesmen who have looked past the politics of the moment and have supported a strong, independent, and impartial Judiciary as an essential element of just government and the rule of law”. A continuación se refiere a cuestiones muy apegadas al momento actual, como son las reducciones de fondos aportados al poder judicial y a la necesidad de incrementarlos, pero lo que verdaderamente importa son esas reflexiones con las que se abre el informe.

Qué sana envidia producen al jurista español la lectura de tales párrafos. ¿Miembros del Congreso y de la Judicatura trabajando juntos para mejorar la estructuras de los tribunales y solventar las necesidades del pueblo al que sirven? No ya ciencia ficción, sino utopía en nuestro país, donde las reformas procesales se inician en las covachuelas del Ministerio de Justicia, en muchas ocasiones en sentido diametralmente opuesto a las medidas que demandan la sociedad y el mismísimo Poder Judicial. ¿Hombres de estado que miran por encima de la política del momento para establecer una judicatura fuerte, independiente e imparcial como elemento esencial de un Estado de Derecho? En un país donde cada partido busca sus propios intereses y someter (insisto y subrayo: “someter”) a la judicatura para hacerla dócil y sumisa, esas líneas de John Roberts deben sonar más o menos como si estuviese leyendo la  Utopía de Tomás Moro. En un país y en una época donde el señor Ministro de Justicia puede jactarse de haber “triturado” la Administración de Justicia como en su día el Ministro de la Guerra se jactó de haber “triturado” al Ejército, la lectura de estas catorce páginas del chief justice producen una mezcla de envidia y tristeza. Envidia por lo que se podría o se debería ser; tristeza por lo que la realidad cotidiana nos muestra cada día.

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