EL PUEBLO EN EL “STATE OF THE UNION ADRESS”: DIFERENCIAS CON EL CASO ESPAÑOL.

State of the Union Adress

El pasado día 28 de enero de 2014 el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se dirigió a los miembros de ambas Cámaras para dirigirles su State of the Union Adress, o discurso sobre el Estado de la Nación. Es un discurso en el que el Presidente se dirige tanto al a Cámara de Representantes como al Senado (reunidas en sesión conjunta), y es habitual que acudan al mismo los magistrados del Tribunal Supremo, con lo que están presentes las tres ramas del poder federal. Algunas voces han criticado la presencia de los magistrados, aunque lo cierto es que si se trata de un discurso sobre el Estado de la Unión, lo que sería es extraño que estuvieran representados únicamente dos de los tres poderes (el legislativo y el ejecutivo) y no el judicial; no estamos ante una sesión política ordinaria en cuyo caso la presencia de miembros de la judicatura sí que sería extraña, sino ante un mensaje extraordinario que, aunque con enorme carga política, trasciende al denominarse “estado de la Unión”, motivo por el cual no está fuera de lugar la presencia de integrantes del tercer poder. Ya puestos, cabría recordar que Thomas Jefferson, por ejemplo, en su peculiar interpretación de las relaciones entre poderes se dirigía a las Cámaras por escrito, y era otro quien leía sus discursos, dado que entendía que su posición como jefe del ejecutivo le impedía dirigirse de forma personal y directa ante el legislativo.

Quisiera no obstante marcar ya una clara diferencia entre este discurso del Presidente de los Estados Unidos y el mal llamado “debate sobre el Estado de la nación” que anualmente tiene lugar en el Congreso de los Diputados Español. Y esa diferencia se nota ya en la frase inicial. Cuando ven ustedes al Presidente del Gobierno español (ya sea diestro o siniestro) iniciar su discurso lo hace con la frase “Señor Presidente [del Congreso], señorías….”; en otras palabras, que su discurso va dirigido única y exclusivamente a los miembros del Congreso de los Diputados; por el contrario, si ven el discurso del presidente americano o leen su transcripción, verán que al referirse a los destinatarios de su speech existe una pequeña pero muy significativa diferencia: “Mr. Speaker, Mr Vice President, Members of Congress, my fellow Americans”. Es decir, que el Presidente asume que entre los destinatarios del discurso están sus “compatriotas americanos”, algo que en nuestro país brilla por su ausencia, dado que se ha visto que a nuestra clase política los ciudadanos les importamos una higa salvo en las ocasiones en que hay comicios, y ello única y exclusivamente porque gracias a nuestra legislación electoral cada voto representa un dinerillo para las arcas del partido. Llama la atención también la pervivencia del elemento religioso en el discurso. “God bless you, and God bless the United States of America” (Dios os bendiga, y Dios bendiga a los Estados Unidos de América”). ¿Se imaginan ustedes los ríos de tinta que correrían en nuestra patria si un presidente osase finalizar así su discurso? Eclipsaría incluso el fondo del mensaje.

Este año, en nuestro país lo que ha trascendido a nuestra prensa es que Obama “amenazó” con gobernar por decreto (sic) si el Congreso no aprueba la legislación. La frase decisiva en cuestión, pronunciada al inicio del discurso fue la siguiente: “Some require Congressional action, and I´m eager to work with all of you. But America does not stand still – and neither will I. So wherever and whenever I can take steps without legislation to expand opportunity for more American families, that´s what I am going to do”. Para empezar, no existen “Decretos” en los Estados Unidos. Y, en segundo lugar, la frase no pasa de ser un brindis al sol dado el rígido sistema de división de poderes existente en el seno de los Estados Unidos.

En efecto, el Congreso tiene una serie de competencias muy limitadas, que son las contenidas en el Artículo I de la Constitución. Pero si el Congreso tiene limitadas sus atribuciones, el Presidente las tiene aún más, porque no existe en los Estados Unidos (como no existe en Inglaterra) una potestad reglamentaria con carácter general atribuida a los órganos ejecutivos similar a la que el artículo 97 de nuestra Constitución reconoce al gobierno. El Presidente no puede suplantar al Congreso, ni mucho menos suplir con iniciativas presidenciales la carencia de legislación o usurpar atribuciones para las cuales el legislativo tiene que otorgar necesariamente cuando menos su autorización. El presidente Harry S. Truman pensó como Obama cuando, en plena guerra de Corea, ante una huelga de los trabajadores de las acerías, expropió las empresas para evitar la paralización de la actividad, lo que dio lugar al denominado Steel Seizure Case, donde el Tribunal Supremo otorgó uno de los más sonoros varapalos judiciales a un mandatario (tema al que, por cierto, ya hemos dedicado un post anterior en este blog). Es más, quizá en este caso la prensa española (a quien parece excitar sobremanera la simple mención de Obama) ha ido más allá que el propio mandatario americano, dado que en la frase clave el jefe de estado americano dice claramente “wherever and whenever I can take steps without legislation”, es decir, “donde y cuando pueda actuar sin necesidad de legislación”, lo que reduce sobremanera su entusiasmo inicial.

A expensas de lo anterior, y aun reconociendo que Obama no es precisamente santo de mi devoción, lo cierto es que su discurso no me ha disgustado. Frente a las distantes, plúmbeas y sumamente teóricas soflamas de los presidentes españoles sólo aptas para aburrir a las ovejas y servir de medicina a los sonámbulos por el uso y abuso de datos macroeconómicos y estadísticos, Barack Obama ha sabido salpimentar su discurso con referencias concretas a situaciones individuales, con nombres y apellidos. Aunque quizá ello sea anecdótico, lo cierto es que sirve para acercar la política a nivel de calle, porque significa que cuando menos se intenta que la ciudadanía, a través de esos ejemplos concretos, pueda verse reflejada en el discurso.

De todas formas, dos son las ideas que me han llamado la atención del discurso y que quisiera transmitir a los lectores. La primera, la insistencia en la idea del “sueño americano”, es decir, en la existencia de una tierra de oportunidades donde el mérito y la capacidad son las que determinan el éxito de una persona; Obama actualiza dicho mensaje con las siguientes palabras: “And what I believe unites the people of this nation, redardless of race or región or party, Young or old, rich or por, is the simple, profound belief in opportuity for all – the notion that if you work hard and take responsibility, you can get ahead”. De otra parte, la insistencia en reforzar a la clase media. De hecho, lo que expresamente ofrece es “practical proposals to speed up growth, strengthen the middle class, and build new ladders of opportunity into the middle class”. Dos ideas que, como comprobará sin duda alguna cualquier lector, están a años luz de nuestro país, donde los “dishcurshosh” del equivalente de Obama se resisten a todo comentario.

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