EDUARDO GARCÍA DE ENTERRÍA A TRAVÉS DE SIETE SEMBLANZAS.

Eduardo García de Enterría

El Centro de Estudios Políticos y Constitucionales ha tenido la magnífica idea de recopilar todos los obituarios que las revistas editadas por dicha institución han publicado con motivo del fallecimiento de Eduardo García de Enterría; el lector interesado puede acceder al contenido de las mismas en el presente enlace.

Se trata de las cuatro breves semblanzas debidas a Jesús González Pérez, Ramón Parada Vázquez, Alejandro Nieto y Fernando Sáinz Moreno publicadas en el número 192 (septiembre-diciembre 2013) de la Revista de Administración Pública; las fugaces pinceladas que Francisco Rubio Llorente y Gil Carlos Rodríguez Iglesias publicaran en los números 99 (septiembre-diciembre de 2013) de la Revista Española de Derecho Constitucional y  46 (septiembre-diciembre de 2013) de la Revista de Derecho Comunitario Europeo respectivamente. A ellas se añade la semblanza que con el título “Maestro Eduardo García de Enterría” publicara Benigno Pendás el día 18 de septiembre de 2013 en la “tercera” del ya más que centenario ABC. Lógicamente los cuatro primeros abordan con más detenimiento la figura y obra del maestro, no sólo por provenir del campo académico en el cual el profesor García de Enterría brilló con luz propia, sino por publicarse en la Revista que don Eduardo fundó y dirigió, primero únicamente de facto y ulteriormente también de iure hasta su mismo fallecimiento. Todos y cada uno de ellos son extremadamente valiosos en su singularidad. Así, el de Jesús González Pérez hace honor a su título (“Recuerdos de Eduardo García de Enterría, fundador y director de la Revista”), pues agavilla en sus apretadas siete páginas los momentos fundacionales de la Revista y el papel desempeñado en ella por Enterría, complementando las evocaciones que el fallecido director hiciera al calor del cincuentenario de la misma y que se publicaron en las últimas páginas del número 150; pero, sobre todo y por encima de todo, destaca este trabajo por encima de los otros al traspasar el campo puramente académico y al entrar en el personal, pues los dos últimos párrafos de este breve trabajo narran los últimos días de don Eduardo, ya poco a poco vencido físicamente por la enfermedad, y a quien González Pérez encontraba en los oficios religiosos. A las deliciosas palabras que demuestran cómo pese a esa enfermedad su fuerza de voluntad seguía siendo de hierro (“Yo notaba cómo avanzaba su enfermedad por la dificultad con que se arrodillaba al alzar. […] Eduardo se arrodilló hasta el final, con la ayuda cada vez más intensa de su hijo o acompañante, no sólo al levantarse, sino al arrodillarse. Los últimos días del mes de junio en que coincidimos, el párroco –que es el que oficiaba la misa de esa hora- tenía la deferencia de ir al sitio en que solía sentarse a darle la comunión. En julio dejé de verle”) , a la vez que finaliza con unas palabras que valen por todo un tratado y que, aunque quizá en el mundo de hoy tan secularizado y falto de valores puedan parecer únicamente manifestaciones retóricas de cara a la galería, nos revelan de cuerpo entero cómo  nos encontramos ante dos auténticos caballeros en el sentido más amplio del término: “Fue en aquéllos últimos días de junio cuando le vi por última vez en esta vida, con la esperanza de que cuando yo también termine esta gran etapa terrestre, pueda compartir con él las alegrías más profundas y permanentes de las que nos habló el día del homenaje a la antigüedad académica, que él habrá encontrado ya”.

Si la evocación de González Pérez es la más personal, las otras tres, sin abdicar de recuerdos personales del fallecido, se centran más en su creación jurídica. Así, Parada Vázquez, tras apuntar que García de Enterría es el primer jurista español cuya fama traspasa las fronteras patrias (los anteriores, según dicho autor, son los españoles que integraron la Segunda Escolástica –Vitoria, Suárez-) se centra sobre todo en un aspecto concreto de la obra del gran administrativista español: el debate entre centralización o descentralización, haciendo un breve recorrido por todas las etapas de don Eduardo, desde su prólogo a los trabajos de Alejandro Oliván hasta el que elaborara en 2005 al libro Azaña. Sobre la autonomía de Cataluña, publicado por la editorial Tecnos, pasando por su labor como presidente de la Comisión de Expertos sobre autonomías territoriales cuyo informe es justamente denominado “informe Enterría”. Como anécdota, recuerdo que tanto en el libro como en la adaptación cinematográfica de la novela Las autonosuyas, cuando el protagonista, el alcalde Austrasigildo Lopez (o Lófez, en la lengua del “farfullo”) imbuido del espíritu autonomista pretende crear el ente autonómico Serrano e interroga al Secretario municipal acerca de sus conocimientos sobre el tema, éste dice que aún hay poco sobre el tema, aunque cita expresamente el “informe Enterría”. La semblanza de Alejandro Nieto (la más breve de las cuatro), incide en la condición de “maestro” del finado, y tras indicar que cada época tiene su jurista de referencia vincula a Eduardo García de Enterría con una época concreta: “En la Transición democrática, actuando como un perno que vinculó en paz el tardofranquismo y la Constitución”. Creo que aun siendo cierta dicha afirmación no lo es totalmente: Eduardo García de Enterría es sin duda alguna el jurista de la época de los años cincuenta y sesenta, en la que enarbola a través de la Revista de Administración Pública la bandera de la renovación de la disciplina; años cincuenta y sesenta que quedan aún muy lejos de la Transición. Eso sí, destaca Nieto una nota inherente al carácter de don Eduardo: su generosidad en todos los sentidos y su tolerancia: “Enterría nunca impuso nada a nadie ni en el terreno doctrinal, ni en el político ni en el personal. Quienes le escuchaban eran libres de seguir sus propios caminos y de marcar a su estilo su propio destino. En tiempos en que era habitual la exigencia de fidelidad política, algunos de sus discípulos fueron franquistas, socialistas o comunistas, y de los que abrazaron la carrera política varios llegaron a ministros de todos los ministerios que se han ido sucediendo. Unos han sido católicos practicantes y otros ateos militantes”. En fin, el último de los estudios, el debido a Fernando Sáinz Moreno es quizás el más “académico” en el sentido estricto del término; no renuncia a evocar escenas personales (el primer encuentro de Saínz con Enterría en el despacho jurídico de éste), pero rápidamente pone el acento en la obra del maestro, haciendo especial hincapié, como no podía ser menos, en el inmortal Curso de Derecho Administrativo.

Eduardo García de Enterría refundó en los años cincuenta con la ayuda de un reducidísimo número de colaboradores una disciplina abandonada a su suerte y convirtió su lucha por el Derecho Administrativo en una lucha por los derechos y libertades del individuo. Hoy, más de sesenta años y con varias generaciones de discípulos en su haber, el Derecho Administrativo es formalmente muy distinto al existente en los años cincuenta, aunque en el fondo, esos principios generales que encontraron sus primeros balbuceos en la Revista de Administración Pública se han consagrado hoy al nivel más alto, cual es la Constitución española.

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