SEMANA SANTA: ASPECTOS HISTÓRICO Y RELIGIOSO.

Jeffrey Hunter

En estos días se celebra la Semana Santa, es decir, la época del año en la cual los cristianos recuerdan y conmemoran la pasión y muerte de Jesucristo. No obstante, también se utiliza frecuentemente el término “pascua”, que hace referencia a otra festividad distinta, en concreto aquélla en la que los judíos conmemoran la liberación del yugo egipcio gracias a la intervención de Yahvé efectuada a través de Moisés.

Es evidente que la Semana Santa tiene una doble lectura, desde el punto de vista de la fe y desde el punto de vista histórico. Es a mediados del siglo XIX cuando surge la distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Ningún historiador serio niega hoy la existencia de Jesús como tampoco cuestiona la historicidad de su pasión y muerte. Ahora bien, allí donde termina la historia, es decir, con la constatación de su existencia, proceso y ejecución, se inicia la fe en su resurrección al tercer día. No son las dos facetas del hecho (la histórica y la religiosa) opuestas, sino más bien complementarias. La historia considera demostrados unos hechos, pero la fe otorga a los mismos una significación mucho más profunda. Así, donde la frialdad de la ciencia histórica considera simplemente como acontecimientos indubitados la existencia de Jesús en el Israel del siglo I, su nacimiento a finales del reinado de Herodes el Grande, su predicación en dicho espacio geográfico en la época del emperador Tiberio, así como su enjuiciamiento y ulterior crucifixión bajo la prefectura de Poncio Pilato, la fe añade la resurrección al tercer día y la consideración de Jesús como hijo de Dios que redimió a través de su sacrificio los pecados del mundo.

Hace un par de años recomendábamos en una entrada de este blog la lectura de la obra colectiva La verdadera historia de la pasión, donde se exponían de forma muy rigurosa y accesible tanto los antecedentes religiosos con numerosos ejemplos de muertes y resurrecciones de Dioses y héroes (fundamentalmente en la mitología griega, dato éste muy a tener en cuenta dada la helenización existente en el territorio israelita en la época), el contexto judío en el que se enmarcan los hechos así como una visión crítica desde el punto de vista histórico de los relatos de los evangelistas así como las contradicciones entre los mismos derivadas de las diferentes tradiciones que inspiran los denominados evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) y la filosofía que inspira el cuarto evangelio (el de Juan). A esa obra fundamental quisiéramos hoy en este post recomendar otras dos cuya lectura es no sólo sumamente amena, sino muy ilustrativa. Los dos son obra de Antonio Piñero. En Año 1, Israel y su mundo en el año que nació Jesús, donde expone los contextos geográficos, políticos, económicos, sociales y religiosos en la época en que nació Jesús, siendo de destacar dos hechos absolutamente relevantes: la dominación romana y la efervescencia del mesianismo entendido como anhelo de la población judía de un enviado o elegido de Dios (el mesías) que liberara a la población judía del yugo extranjero reinstaurando el reino de Yahvé. La segunda de las obras, la imprescindible Guía para entender el Nuevo Testamento, complementaria de la anterior, nos facilita la lectura de las escrituras aclarando aspectos muy a tener en cuenta, como las fuentes de los evangelistas así como las contradicciones existentes entre ellos y, sobre todo, la finalidad esencial de cada una de las piezas que hoy integran el Nuevo Testamento.

Hay otro dato muy a tener en cuenta, y es que frente a quienes sostienen que los evangelios contienen la palabra de Dios, conviene retener que los mismos son obra de los hombres y, por ello, a la hora de transmitir por escrito las escrituras los copistas incurrieron en numerosos errores, algunos involuntarios y otros buscados conscientemente. Para el lector interesado, creo que puede ser muy revelador la lectura del libro de Bart Erhman Jesús no dijo eso (cuyo título original es Misquoting Jesus, cuya traducción literal – que vendría a ser “Citando mal a Jesús”- no es tan radical como la española, pues ésta da a entender que se dice algo que Jesús no dijo, mientras que el título original implica que se está diciendo mal algo que aquél verdaderamente sí pronunció).

Para ilustrar este post he decidido insertar la imagen de la crucifixión de la película Rey de Reyes, producida por Samuel Bronston y rodada en España, donde Jesucristo era interpretado por el trágica y prematuramente desaparecido actor Jeffrey Hunter. Sin perjuicio de que la cinta contiene numerosos errores históricos, algunos realmente de bulto (el tratamiento de Barrabás –convertido en un zelote- o el convertir a Pilato nada menos que en yerno del emperador Tiberio) su visionado es curioso por la aparición de numerosos actores conocidos del público español de la época. Así, el primer rostro que contemplamos es el de Conrado San Martín interpretando a Pompeyo el Grande que penetra en el sanctasantorum del templo de Jerusalén rasgando el velo del mismo; pero podemos ver también a Fernando Sancho y a Francisco Moran (el primero un loco y el segundo un ciego, ambos curados por Jesús), a Carmen Sevilla (en el rol de María Magdalena) o a Luis Prendes en el papel del “buen ladrón”.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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